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Tras las huellas de los antepasados

El Observador conversó con un experto sobre formas caseras de investigar la genealogía

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20 de junio de 2014 a las 17:24

Puede llegar a ser muy fascinante echar una mirada hacia atrás y saber las circunstancias históricas que debieron producirse para que llegáramos al mundo. Las inevitables combinatorias matemáticas de nuestros ascendientes hacen que las posibles investigaciones sobre sus orígenes se vuelvan un tesoro en potencia.

¿Cómo no unir la historia, la geografía y los grandes movimientos migratorios en un país como Uruguay? Como alguna vez dijo el historiador Washington Reyes Abadie, los uruguayos “descienden… de los barcos”.

Si bien muchas veces las investigaciones genealógicas tienen como objetivo conseguir determinado pasaporte o hay detrás una causa legal para determinar un fallo judicial, también existe la genealogía por puro gusto, por explorar el trasfondo de la familia de pertenencia, por llegar a tomar contacto, de una forma metafórica pero genuina, sobre quiénes pusieron a través del tiempo los genes que nos conforman.

“Quien se arriesgue a investigar su árbol no busque abolengos puros, porque no los encontrará. Un razonamiento muy simple fundamenta mi tesis: todos tenemos dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, 16 tatarabuelos y así sucesivamente –en una rigurosa progresión geométrica creciente, cuya razón es dos- 256 abuelos séptimos, muy cercanos, a comienzos del siglo XVIII, y 32.668 abuelos decimocuartos, un poco más atrás, al finalizar el siglo XV”, escribió el investigador y genealogista uruguayo Ricardo Goldaracena en el prólogo de El libro de los linajes (Editorial Arca, 1976).

Cuando se trata de una investigación genealógica, dos elementos se hacen fundamentales: los nombres de las personas y sus registros. El actual esquema de un nombre y un apellido que se traspasa por línea paterna a los hijos existe en el ámbito cultural hispánico desde finales del siglo XV aproximadamente. Antes de esto, lo común entre las clases populares era tener un nombre y adoptar el patronímico a modo de apellido, o sea el nombre de la ciudad, pueblo o comarca donde había nacido.

Si entorno al año 1500 comenzó a adoptarse el nombre junto al apellido fue luego del Concilio de Trento, una serie de reuniones entre los responsables mayores de la iglesia católica que se produjo entre 1545 y 1563, que se decretó la obligación de que los curas llevaran registros de los nombres de quienes nacían y morían, de que se labrara en actas el parentesco y las relaciones con otros miembros de la comunidad a la que pertenecían. Antes de estas fechas no se llevaba un registro organizado y sistemático de los parentescos. Cuando queda la letra escrita, las tareas del investigador se hacen más fáciles.

El Observador consultó al investigador Enrique Yarza, abogado, historiador y genealogista sobre las formas que se tiene hoy de averiguar e investigar sobre un árbol genealógico. “Para empezar, lo mejor es hablar con alguna tía mayor”, recomienda Yarza como primera medida casera para conocer nombres y fechas de los pasados integrantes de la familia.
Luego de que se poseen los nombres y las fechas de nacimiento, el siguiente paso es acudir al Registro Civil, con el fin de saber dónde nacieron los abuelos y bisabuelos. “En Uruguay tenemos en ese sentido un límite temporal, porque el Registro Civil uruguayo se crea recién en 1879”, explica Yarza.

Por lo tanto, para averiguar fechas y lugares de nacimientos previos a esa fecha hay que dirigirse a las iglesias donde se bautizaban los antepasados, por ejemplo, los ocho bisabuelos o los 16 tatarabuelos de una persona. “Si estas personas, por ejemplo, habían nacido en Montevideo, habría que recurrir a las siete iglesias antiguas que tenía la ciudad”, aclara Yarza.

Para seguir retrocediendo en el tiempo hacia generaciones anteriores quedan dos caminos: los viejos registros de las iglesias en Europa o en el continente donde hayan nacidos los ascendientes que se buscan, e internet.

Yarza recomienda varias páginas donde se puede conseguir información veraz. Una de las más completas es Familiy Search (www.familysearch.com), página web de la iglesia mormona. Otras importantes son los archivos diocesanos vascos, los archivos de los Pirineos Atlánticos y el de los apellidos italianos.

Estas son buenas pistas para rastrear rumbos, nombres y circunstancias de los que nos precedieron.

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