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Trenes bajo freno sindical

Luego de casi 15 años de intransigencia sindical, la Unión Ferroviaria vuelve a frenar un intento de recuperar algo del mortecino sistema de transporte por riel

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07 de junio de 2015 a las 01:34

Luego de casi 15 años de intransigencia sindical, facilitada por la tolerancia de los últimos gobiernos, la Unión Ferroviaria (UF) vuelve a frenar un intento de recuperar algo del mortecino sistema de transporte por riel. Cuando Tabaré Vázquez asumió su primera presidencia, estuvo a punto de cerrarse un acuerdo con un consorcio privado que se iba a hacer cargo del restablecimiento y gestión de un servicio esencial, que imprevisores gobiernos previos habían dejado caer. La UF dijo no y ahí terminó la historia. El expresidente José Mujica trató de reflotar el tema y aseguró que empresas chinas se harían cargo. Pero las empresas condicionaron la recuperación a traer su propio personal especializado. Otra vez el sindicato dijo no y todo quedó nuevamente en la nada.

Mujica recurrió entonces al expediente de dividir AFE. El ente autónomo seguía funcionando pero se creó otra empresa estatal, Servicios Logísticos Ferroviarios (SLF), que manejaría la infraestructura y el transporte de cargas. Pero como SLF opera bajo el derecho privado, el sindicato volvió a decir no y el proyecto tambalea. La razón de la nueva negativa fue que, al funcionar bajo el derecho privado, su personal no contaría con la inamovilidad de por vida de que gozan los empleados públicos, así sean eficientes en su tarea o, como en el caso de AFE, mantengan a la empresa en un continuado despeñadero. De los cientos de miembros de la UF, apenas cuatro se han incorporado a SLF, hoy un fantasma inactivo.

Para salir del intríngulis, Álvaro Fierro, director de Transporte Ferroviario, anunció un llamado para contratar a 110 maquinistas, administrativos y otro personal para SLF, con la garantía de que los empleados de AFE que pasen a la nueva empresa tendrán la opción de volver a sus viejos cargos “conservando su condición de funcionarios públicos”. La UF volvió a decir no a este intento parcial de recuperación y lanzó un inmediato programa de paros. El presidente del sindicato, Carlos Aramendi, ratificó la irreductible posición del gremio al afirmar que “ningún trabajador ferroviario pasará a trabajar en el derecho privado”.

Los sucesivos intentos gubernamentales no significan pérdida de empleos sino reclamar a los trabajadores que los justifiquen con rendimiento. Así ocurre con el 80% de los trabajadores del país que operan en el sector privado, en el que no existe ese anacronismo sin sentido de garantía de empleo de por vida, así se cumpla satisfactoriamente o no con la función. La tolerancia gubernamental hace tiempo pasó los límites de lo razonable, en un tema de enorme importancia para el trasiego de mercaderías en todo el país, hoy constreñido a un transporte carretero que excede la capacidad de un sistema vial que se acerca al colapso por el recargo del tránsito de camiones.

Recuperar el ferrocarril solo se logrará si el gobierno toma los dos únicos caminos posibles. Uno es buscar financiación externa, china o de donde sea, que aporte los cientos de millones de dólares que el gobierno no tiene y que se requieren para reconstruir las vías y adecuar el material rodante, a cambio de las concesiones indispensables en toda obra pública con capitales no estatales. El otro es obviamente ponerle coto a un pequeño sindicato cuyo empecinamiento contribuye a acercar el apagón logístico que el propio Mujica anticipó y que nos sigue sobrevolando.

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