Todo hace pensar que para que Donald Trump gane la reelección en noviembre, tendría que perderla Joe Biden. Las encuestas lo dan al demócrata como claro favorito y por amplio margen. Ninguna le otorga una ventaja menor a 6 puntos; y en el agregado de Real Clear Politics, le saca más de ocho enteros al presidente.
Lo que no lograron la trama rusa, un impeachment bastante chapucero y todas las investigaciones a sus colaboradores más cercanos, parece estar lográndolo la pandemia del coronavirus: Trump está tocado, y podría no recuperarse antes del 3 de noviembre.
Veamos algunos números. Como es sabido, dado el arcaico sistema de colegio electoral vigente en Estados Unidos, la elección se termina disputando en un puñado de estados del sur y del Medio Oeste. En ese esquema, si Trump quiere seguir despachando los próximos cuatro años desde el Salón Oval, tiene que ganar la Florida y los demás estados sureños que ganó en 2016, aparte de Michigan, Pensilvania, Ohio y Iowa.
De todos ellos, en el único que hoy lidera las encuestas es Iowa. En el resto tiene serios problemas. El que más preocupa a los republicanos es Florida, donde Trump ganó en 2016 y ahora marcha a la zaga de Biden por más seis puntos. El estado se ha convertido además en el epicentro del coronavirus, pegando de lleno en el talón de Aquiles del presidente.
El Medio Oeste tampoco le sonríe demasiado: en Michigan y en Pensilvania -dos estados que le ganó a Hillary Clinton en 2016-, está hoy otros seis puntos por debajo de Biden. Aunque en Ohio todavía se ubica dentro del margen de error, a apenas un punto del demócrata.
Incluso la intención de voto está bastante reñida en estados del sur donde los republicanos no deberían tener mayores problemas: Carolina del Norte, Arizona e inesperadamente Texas, que se ha sumado a la lista de estados indecisos, también fuertemente golpeado por la pandemia. Esto le abre un frente complicado a la campaña de Trump, ya que de ganar Biden en Florida y en Texas, o incluso en Arizona, no tendría que sumar ni un solo estado del Midwest para alzarse con la victoria.
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Sin embargo, hay algo que sí debe preocupar hoy en tiendas demócratas, y son los llamados “focus groups”. Se trata de sondeos presenciales en grupos muy reducidos y que, por lo general, anticipan un cambio de humor en el electorado. Es importante recordar que en 2016 los únicos que antes de la elección mostraban un triunfo de Trump fueron los focus groups, mientras las encuestadoras navegaban en la más absoluta oscuridad, pronosticando una cómoda victoria de Hillary.
Ahora, según ha publicado el experto en focus groups Rich Thau, del proyecto Swing Voter, todos esos estados clave del Medio Oeste siguen apoyando decididamente a Trump. Desconfían de Biden fundamentalmente por tres razones: la primera, su hijo Hunter, lobista que ha recibido emolumentos multimillonarios de compañías ucranianas y chinas cuando Biden era vicepresidente de Barack Obama. Y es justamente a China que Trump -siguiendo un viejo consejo del manual de Bismarck- apunta como objetivo extranjero para golpear en esta campaña.
La otra contra de Biden que estos votantes advierten en el estudio de Thau es su aparente estado de ausencia mental. Tampoco ayuda el discurso gelatinoso del candidato demócrata, a veces directamente ininteligible y, sobre todo, críptico que desconcierta a más de uno. Y ninguno de los encuestados pudo nombrar un solo logro de Biden en el casi medio siglo que lleva en Washington.
Pero esta campaña tiene lugar, además de en medio de una pandemia sin precedentes, en tiempos de una revolución de conciencias contra el racismo y el abuso policial que ha desatado numerosas y prolongadas protestas, muchas de ellas violentas, en varias ciudades de Estados Unidos.
Trump ha decidido ser la voz de aquellos que no lo ven así, o que estiman que todo se trata de una burda exageración. Y estos votantes del Midwest, según lo que le dicen a Thau, se cuentan entre ellos. No son adherentes del movimiento Black Lives Matter, reprueban el derribo de estatuas en las ciudades y ven a la campaña para “desfinanciar la policía” como un disparate.
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Ese accionar violento de algunos manifestantes le da un filón a Trump, que le achaca los desmanes a la “izquierda radical” y a los agitadores que cobijan sus organizaciones. Al mismo tiempo, estos votantes del Midwest, en su mayoría de clase obrera, siempre han sido escépticos de la globalización y del outsourcing. Por lo que con ellos, a Trump le da réditos tanto su postura hacia afuera frente a China, como hacia adentro frente a las protestas.
La economía es la otra fortaleza del presidente. A pesar de todo, en ese renglón, sigue superando a Biden. Pero lo de Florida se ve muy poco alentador para su suerte. En el estado que los estrategas republicanos consideran el gran termómetro del ánimo general del país (si no ganan allí, no ganan la presidencia), Trump no encabeza una sola encuesta desde mediados de marzo.
Aunque en política tres meses es mucho tiempo. Todavía faltan los debates, las convenciones y mucha agua bajo el puente. Hoy por hoy, ambos candidatos tienen las mismas chances; podría ser cualquiera.