14 de marzo de 2014 20:13 hs

Basta profundizar un poco en los elementos culturales que conforman un país europeo para darse cuenta de que es mucho más fuerte el sentimiento regional que el nacional. Y si el caso del ejemplo es Italia, esto se multiplica de manera exponencial. Cada región tiene su microrregión, con características particulares.

Así, por ejemplo, dentro de la provincia del Piamonte está la región histórica de Langhe, entre las ciudades de Alba y de Cuneo. Es famosa por sus productos típicos: vinos, quesos, trufas, hongos. En la Langhe surgió el relais San Maurizio Gourmet, un establecimiento gastronómico de alto nivel que luego de un despegue europeo más allá de Italia, ya que abrió una sucursal en la Suiza italiana (más precisamente en la ciudad de Lugano), y luego se instaló en el lujo de Monte Carlo para saltar al extremo oriental, abriendo una franquicia en Singapur.

Por eso es un motivo de destaque y una gran oportunidad para el paladar la apertura del restaurante San Maurizio Gourmet en Montevideo, ubicado en la ochava de Rincón y Juncal, en pleno corazón empresarial de la Ciudad Vieja.

San Maurizio Gourmet abrió esta semana y su cocina está al manos del chef italiano Mauro Caccianiga, quien le ha dado al menú un perfil autóctono piamontés, aunque también se cuelan en sus recetas otras regiones de ese universo gastronómico llamado Italia.

Abramos el menú y pasemos a degustar. Uno de los platos que encabezan la carta de San Maurizio Gourmet son los agnolotti del plin, especialidad piamontesa de la zona de Monferrato, Alessandria y Asti, elaborada en su forma tradicional de pasta cuadrada con relleno de cordero dentro de dos láminas de pasta de huevo. Este plato se acompaña con una variedad de salsas, que van desde la que lleva carne asada a una de manteca, salvia y grana padano.

Dentro de los primeros platos una buena opción de San Maurizio puede ser un vitello tonnato, un vitel tonné que reivindica sus raíces en el norte de Italia y no en las cocinas parisinas. El énfasis, claro, está en la salsa de mayonesa casera, el atún, el jugo de limón y las alcachofas.

Entre los antipasti de entrada y en una excelente relación calidad precio hay un guisado de pulpo con obleas de pan a la brasa ($ 230 la porción), o un cóctel de gambas con ensalada bellavista (lechuga, atún, morrón, tomate y aceituna).

Pero, claro, el paladar tiene la chance también de probar un crudo de Parma (jamón parmesano con crema requesón), una gama interesante de risottos, spaghettis o salmón con rodajas de pan y manteca de limón.

Para el cierre, en la sección postres reservamos un bonet de cioccolato, una especie de flan de chocolate en forma de sombrero (como lo indica su nombre), una auténtica delicia.

Se puede acompañar cada plato con vinos típicos de la región, como el Monferrato dolcetto, una buena combinación para regar una comida auténtica, por fuera de las etiquetas usuales a las que estamos acostumbrados detrás de los tres colores de la bandera italiana.

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