Teresita García y su hija María Noel Sagaseta confeccionaban llaveros, accesorios para el cabello, muñecos y otros objetos que vendían en ferias navideñas y durante la temporada de verano en Atlántida. Una psicóloga conocida les pidió que le diseñaran muñecos para trabajar con niños. Así fue que comenzó el proyecto Mantantiru y la producción de muñecos en tela y guata.
Comenzaron a crear “familias”, pero estos muñecos que vendieron para uso de psicólogos e instituciones educativas, reproducían estereotipos de cómo “debería” de ser una familia. “Era todo muy heteronormativo, la familia tipo e ideal. El padre, la madre, la hija y el hijo”, recuerda Sagaseta.
De artesana a empresaria
El siguiente paso de Mantantiru fue trabajar con la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) y acceder a un capital semilla, que ya terminaron de ejecutar. Para las emprendedoras lo clave de esa experiencia fue el obtener herramientas para elaborar un plan de negocios.
“Fue un cambio radical para nosotras, para la manera de entender nuestra forma de trabajar, de ver nuestro emprendimiento. Todo eso fue mucho más importante que el fondo de dinero al que accedimos”, explica Sagasaeta.
Más allá de compras claves que pudieron hacer para trabajar en su taller de forma más profesional, lo interesante estuvo en que las emprendedoras le pudieron dar un giro a su trabajo. Comenzaron a producir de una forma más sistematizada.
“Generamos moldes, que los vamos intercambiando y también cambiando de forma. Esto nos permitió rendir mucho más”, pone como ejemplo la estudiante de diseño industrial.
Juegos igualitarios
Mantantiru tiene una mirada ecoamigable, ya que prioriza el uso de fibras naturales. Tienen un nicho de mercado claro: las instituciones educativas principalmente las de carácter inicial, los psicólogos, y aquel público que realiza pedidos por Facebook, compra en espacios y ferias artesanales.
“Muchas veces nos piden un diseño que sea similar a un familiar o al propio niño”, cuenta Sagaseta. Por encargo concreto hacen diseños que combinan los colores y moldes que ya tienen, y de esta manera mantienen un lógica de producción organizada, que hace más rentable el proyecto.
Continúan vendiendo “la familia tipo” con la que iniciaron, pero sin reproducir los roles de género y familiares, como lo hacían en un principio.
Camilo dos Santos
“Cuando diseñas un producto no solamente lo tenés que hacer pensando en la forma en la que se va a utilizar, sino en todo lo que estás comunicando y los estereotipos que alimentas”, afirma la emprendedora.
Por ahora Mantantiru viene vendiendo a buen ritmo. “De hecho ahora mismo no tenemos muñecos en stock para vender. Tratamos de tener siempre, pero nos han hecho últimamente pedidos muy grandes y tenemos todo en plena producción en el taller”, cuenta la joven emprendedora.
La idea de este emprendimiento es seguir apostando a diseños que incentiven la creatividad de los niños.
Ahora comenzaron a vender muñecos para pintar, hechos en tela y guata: son todos lisos, y sobre ellos se puede pintar con drypens. Los juguetes se lavan y vuelven a estar listos para la creatividad del niño. l