Charles Dickens fue un escritor de un talento inmenso, altamente profesional y prodigiosamente prolífico. No solo demostró maestría en la creación de novelas, sino también obras de teatro, cuentos, historias de viaje, periodismo de todos los géneros, libros para niños, ensayos, versos satíricos, piezas para navidad y exquisitos discursos.
Dickens fue un escritor muy exitoso en vida y sus temas eran los de la realidad que lo rodeaba y en múltiples ocasiones, su propia vida.
Nació el 7 de febrero de 1812, en Londres. Cuando tenía 12, su padre fue encarcelado por deudas y su familia fue a la cárcel con él, tal como era la usanza en la Inglaterra victoriana.
Charles, sin embargo, evitó la cárcel y entró a trabajar en una fábrica de betún. Esa experiencia lo marcó de tal manera, que pareciera que el sufrimiento padecido en esa fábrica estuviera, de algún modo, en toda su obra.
Los personajes de Dickens son de los más recordados de la literatura, tal como es el caso de la novela autobiográfica David Copperfield. Las situaciones de algunas de sus novelas se han convertido en clásicas, como si siempre hubieran existido, como si pertenecieran a la tradición.
El caso de Canción de navidad (A Christmas carol) es un ejemplo claro. Se ha adaptado al teatro y al cine innumerables veces, siempre muchas menos de las que aguardan en el futuro. Cada generación siente la necesidad de proponer varias versiones de los espíritus de la Navidad pasada, presente y futura.
Realidad social
Uno de los aspectos más remarcables de la biografía de Dickens fue el éxito inmediato que tuvo su prosa, para un escritor prácticamente autodidacta.
Comenzó a escribir artículos a los 16 años y seis años después fue contratado por el Morning Chronicle como periodista político, para informar sobre debates parlamentarios, y viajar a través del país a cubrir las campañas electorales. En 1836, sus artículos en forma de esbozos literarios que habían aparecido en diversas publicaciones desde 1833, formaron el primer volumen de Sketches by Boz y dieron paso en marzo de ese mismo año a las primeras entregas de Los papeles póstumos del club Pickwick.
Esas entregas periódicas tuvieron una popularidad extraordinaria y el púbico comenzó a esperar los escritos de Dickens con ansiedad y expectativas muy altas.
El éxito le permitió dedicarse a ser un novelista de tiempo completo y comenzó a producir un trabajo de creciente complejidad a un ritmo de vértigo, sin dejar de contribuir ocasionalmente para diversas publicaciones.
Oliver Twist comenzó a publicarse en 1837 y continuó en entregas mensuales hasta abril de 1839. En 1837 nació Charles, el primero de sus diez hijos.
Las novelas de Dickens son muchas cosas. Entre ellas, son una formidable crítica social, que ayudó a transformar una serie de injusticias de su propio tiempo.
Dickens siempre tuvo una empatía por los más desprotegidos de la sociedad y en su obra se vio reflejada la implacable estratificación social en la sociedad victoriana.
El autor también contribuyó a que los británicos hicieran lecturas morales más complejas del mundo que los rodeaba y de sus habitantes. Humanizó a las prostitutas y a diferentes personajes de los estratos sociales menos afortunados, a quienes pintó como víctimas de un sistema y no como almas depravadas.
La casa desolada y La pequeña Dorrit ofician de denuncia contra el funcionamiento corrupto e hipócrita de las instituciones victorianas.
En sus ensayos, escritos periodísticos y libros de viajes, las críticas son igualmente agudas e implícitas en sus observaciones.
En 1842 viajó a Estados Unidos y Canadá y su retrato de la vida estadounidense causó cierto malestar entre los afectados, por sus críticas al esclavismo y a ciertas costumbres locales, como la práctica común de mascar tabaco y escupir.
Estados Unidos se reconcilió con el escritor, sin embargo, con la publicación de A Christmas carol, que apareció en 1844 y que fue un éxito que perdura hasta hoy.
En su momento, en el Reino Unido, se estima que una de cada diez personas que sabían leer conocía su obra y la leía en voz alta a varios más.
Dickens fue criticado por su idealización de las situaciones y por ciertas pinceladas gruesas en sus personajes, sobre todo por generaciones de escritores posteriores, que valoraban la brevedad y la elegancia, como Oscar Wilde y G. K. Chesterton, quienes dedeñaban a los personajes o situaciones idealizadas, con ambiente de cuento de hadas, pero los comentadores recientes suelen coincidir con los contemporáneos del autor, en que se trata de la pluma más brillante que ha dado el Reino Unido, con la excepción de William Shakespeare.