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Un futuro sin nada imposible

Después de multitudinarias manifestaciones callejeras en diferentes partes del mundo en 2019, ¿las habrá también en Estados Unidos en 2020? 

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16 de diciembre de 2019 a las 14:21

En 2005 se estrenó V de Vendetta, película visionaria, cuyo guión fue escrito por los hermanos Wachowski, quienes habían dirigido la saga de The Matrix. Con una duración de 132 minutos, y dirigida por James McTeigue, quien luego tuvo a su cargo la dirección de algunos capítulos de la serie Sense8 producida por Netflix, V de Vendetta presenta un futuro inquietante y no completamente imposible, un panorama probable en que el trecho de la hipótesis a la realidad no es tan grande como podría suponerse.

Aunque no se presentan razones, Estados Unidos atraviesa en ese futuro cercano –es el año 2032– una revuelta social por la cual grupos anárquicos tomaron control de las principales ciudades y han acabado con la democracia. Todo en esta vida resulta probable, por lo tanto, no es imposible que en el futuro ese escenario semi-apocalíptico tenga lugar precisamente en un lugar donde hoy en día resulte improbable concebirlo. Pero, ¿qué pasaría si un día, debido al descontento popular, hoy cada vez mayor, la gente saliera a la calle pidiendo cambios y la caída del gobierno?

¿Podrían contener la policía y la guardia nacional, la cual sería la primera en ser llamada a actuar, a un malón de gente descontenta que seguramente saldría a las calles armada y con una furia carente de temor y capaz de resistir cualquier represalia? El diagnóstico de ese probable escenario no resulta alentador pues, sí, la estabilidad social podría rápidamente perderse y además de muerte y caos urbano triunfaría la noción de que la democracia estadounidense dejará de ser la que alguna vez fue. Todo este panorama hipotético gana realidad con el paso del tiempo, y con la inquietud generada por factores varios, entre otros la situación del presidente Donald Trump, quien deberá enfrentar un proceso para evitar que lo remuevan del cargo.

Respecto a marchas masivas hay un precedente relativamente reciente. En octubre de 2011 una manifestación de protesta realizada en Nueva York  interrumpió el tránsito en el puente de Brooklyn y propició un imponente desplazamiento policial.  Durante la marcha, llamada Occupy Wall Street (Ocupar Wall Street), unos 700 manifestantes fueron arrestados. Uno de ellos afirmó que se trataba de una expresión espontánea de disconformidad contra las grandes corporaciones, acusadas de tener postradas a millones de personas que carecen de trabajo y cuyas familias pasan hambre mientras que los ejecutivos de corporaciones ganan miles de millones anualmente y viven de espalda a la realidad nacional.

Lo interesante de esa manifestación, y de allí la relación con el escenario ficticio presentado por la mencionada película, es que ni los manifestantes ni los observadores sabían bien lo que querían y cuál era el objetivo principal a lograr. Simplemente salieron a las calles a manifestar, pues consideraban que la situación económica, social y política resultaba intolerable en muchos importantes aspectos, ya que los ricos se quedaban en 2011 con el 24 por ciento del ingreso nacional, lo cual representó un aumento del 9 por ciento con respecto a 1976.

Casi una década después, la brecha es aún mayor. Han pasado nueve años desde la marcha de Occupy Wall Street, y en muchos aspectos la situación social y económica en Estados Unidos empeoró. La asimetría en la distribución de la riqueza es notoria. ¿Es este uno de los signos más públicos de un gran y por ahora silencioso descontento con el estado de las cosas en la democracia americana?

Algunos políticos con gran poder de convocatoria, como la diputada (representante) por el estado de Nueva York, la demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, están exigiendo un cambio radical en el funcionamiento de la poderosa la maquinaria capitalista y buscaran tener el visto bueno de la gente en las elecciones presidenciales de noviembre próximo para implementar cambios considerados hasta hace poco radicales.

En diferentes partes del mundo –Hong Kong, Chile, Francia, Colombia– hemos visto hace poco masivas protestas callejeras convertidas en fuerza propiciatoria de cambios políticos y económicos. Las hubo asimismo en Bolivia, Irak, Rusia, Argelia, España, Irán, y República Checa. El tiempo dirá si a corto plazo serán emuladas en la Unión Americana, donde el volcán podría hacer erupción cuando nadie menos se lo espera.

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