En la batalla que está desarrollando el gobierno uruguayo para modernizar el Mercosur y sacarlo del estancamiento y decadencia en que se ha sumido en los últimos 20 años, el pasado martes recibió un importante aliento del ministro brasileño de Economía, Pablo Guedes.
Guedes dijo lo que es obvio y ajustado a derecho. Que “no tiene nada en contra de que Uruguay avance en negociaciones por fuera del Mercosur y que está dispuesto a concretar tanto la flexibilización como la rebaja del Arancel Externo Común (AEC), un punto acordado con el gobierno argentino. Guedes no hace más que reconocer la realidad de que es posible negociar acuerdos por fuera del bloque en tanto la directiva 32/00 que los prohíbe no ha sido internalizada por ningún parlamento. Por lo demás, la rebaja del AEC es algo de cajón, ya que hoy por hoy es una ficción pues tiene más agujeros que un colador. El Mercosur no es ni mercado común, ni unión aduanera. Apenas calificaría como una zona de libre comercio defectuosa. Y ello pese a toda su pompa.
Guedes dijo que la reducción del AEC está cerca de concretarse, pero falta el apoyo del gobierno uruguayo, ya que las decisiones en el bloque comercial se toman por consenso. Sin embargo, Uruguay pretende atar la rebaja del AEC a la flexibilización del bloque y, según dijo Guedes, Brasil está de acuerdo con esa postura.
"Uruguay ha dicho que nos apoya (en la rebaja del AEC), pero quiere apoyo para avanzar en las negociaciones con otros países. Los brasileños no tenemos nada en contra de esto", dijo Guedes. En ese sentido y con mucho sentido común añadió: "Si algún socio quiere avanzar como Uruguay, déjelo ir. Si otro socio prefiere quedarse un poco cerrado, porque se enfrenta a importantes problemas económicos, también lo entendemos".
Las palabras del poderoso ministro de Economía brasileño son muy importantes y Uruguay debería actuar con rapidez. No olvidemos que en un año habrá elecciones en Brasil y las probabilidades de que Bolsonaro sea reelecto son escasas, así como aumentan las de que un candidato del PT, muy proteccionista, sea el próximo presidente. Con un presidente muy atípico como Bolsonaro se nos abrió una ventana de oportunidad que puede cerrarse con mucha facilidad.
Tampoco hay que esperar demasiado del lado argentino, aunque el kirchnerismo sufra un revés electoral en las elecciones de 2023. En Argentina, las fuerzas proteccionistas trascienden al gobierno de Alberto Fernández y su partido. Y aunque con formas más diplomáticas y más suaves que las que vienen del gobierno K, la posición anti TLC y rebaja de aranceles se mantendrá. Después de la experiencia del gobierno de Macri, muy gradualista y timorata, difícilmente alguien de Juntos por el Cambio quiera jugarse a una apertura económica.
Tampoco Paraguay acompaña con entusiasmo la flexibilización del Mercosur. Y en definitiva esto refleja también una visión contraria a la modernización y apertura del Mercosur. Quizá a Paraguay no le importe demasiado, dada su estructura productiva y su relación con Taiwán.
Lo cierto es que los únicos que juegan a favor de un Mercosur potente con aranceles bajos y buenos acuerdos internacionales son Uruguay –el llamado en su momento por los brasileños “el enano llorón”– y un sector del gobierno de Jair Bolsonaro, al que no le queda mucho tiempo pues se le acaba su período. A los demás se ve que no les importa mucho.
Paralelamente, y luego de la pandemia, Uruguay goza de muy buena reputación internacional producto de la fortaleza de sus partidos políticos, de sus instituciones y del cumplimiento de sus compromisos. Es un activo muy importante en una época en que América Latina es un volcán de inestabilidad desde México hasta Tierra del Fuego. Por ello es muy importante el TLC con China y su concreción no debería ser obra de este gobierno o de la Coalición Multicolor sino una política de Estado construida con apoyo de diversos partidos y sectores gremiales y destinada a durar y proyectarse más allá de este período de gobierno. Es preciso aprovechar sin demora el apoyo del aliado en la batalla de reconstruir el Mercosur o hundirlo para siempre.