A su modo, con esa forma de decir las cosas que uno no sabe si se trata de honestidad al límite o estudiada informalidad, el presidente José Mujica incomodó a los políticos uruguayos que se venían moviendo en bloque en sus críticas más o menos feroces a la FIFA por la sanción impuesta a Luis Suárez.
Pero Mujica fue un paso más allá y metió un insulto. “En la FIFA son una manga de viejos hijos de puta. Podrían haber sancionado, pero no sanciones fascistas”, dijo al ser consultado en La Hora de los Deportes por Sergio Gorzy.
Luego se tapó la boca en un acto teatral, como quien dice “ay, qué horrible lo que dije” pero deja más que claro que tenía toda la intención de decirlo.
Es decir, ese “manga de viejos hijos de putas” es lo único que separa la opinión de Mujica de la de sus colegas. Y, tanto en su forma como en su contenido, las palabras de Mujica representan a la mayoría de los uruguayos indignados como nunca ante un fallo disciplinario de la federación que rige las normas del futbol mundial. “Yo son antifrente y antiMujica. Pero en esta lo banco a muerte”, escribió un usuario de tuiter contestándole a un dirigente blanco que criticó los modales del presidente.
Y son multitud los uruguayos que entienden que la FIFA se merece una buena puteada. Por eso, blancos, colorados e independientes quedaron entrampados entre el enojo colectivo y la necesidad de marcar distancia con el insulto de Mujica.
“Lo cortés no quita lo valiente”, se limitó a escribir el líder colorado Pedro Bordaberry. “Discrepamos con la FIFA; actúa con criterio fascista y sanciona sin respetar DDHH de las personas. Pero un presidente no puede insultar así”, apuntó el senador Sergio Abreu sin dejar de pegarle a la FIFA.
El candidato a la vicepresidencia del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, había sido el primero en insultar en defensa de los intereses futbolísticos uruguayos. “Tiernito el tano. Qué cagones!!”, escribió en su tuiter luego de que Suárez mordiera al zaguero italiano Giorgio Chiellini.
Ayer, mencionando a Mujica pero aludiendo a quienes, a su entender, aprovecharon el furor celeste para llamar la atención, el senador colorado José Amorín escribió: “Lo que le pasó a Mujica no fue un exabrupto, fue la inentendible necesidad de hacerse ver. Y no fue el único, fue el peor por cargo y dichos”, sostuvo el dirigente de Propuesta Batllista.
Por lo pronto, a nivel local Mujica ya recibió el respaldo de su esposa, la senadora Lucía Topolansky, y del vicepresidente Danilo Astori. Y de miles y miles de uruguayos y de extranjeros que en los últimos días no escatimaron insultos contra la organización que preside Joseph Blatter.
En medio de la indignación generalizada, la puteada de Mujica amplifica las voces de una causa nacional que no se ha destacado por su moderación y, mucho menos, por sus sutilezas.