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Un llamado de Torque que "cayó del cielo" cuando su goleador estaba por dejar el fútbol

Gustavo Del Prete llegó al equipo de Grupo City cuando estaba cerca de graduarse en Argentina 

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25 de noviembre de 2019 a las 05:01

La carrera de Gustavo Del Prete tenía más dudas que certezas antes de llegar a Uruguay. El jugador estaba por terminar la carrera que cursaba y pensaba si debía continuar jugando al fútbol una vez recibido porque en su club no jugaba cuanto quería. Cerca de su graduación llegó un llamado que le “cayó del cielo” y le ayudó a despejar el futuro: Torque lo quería sumar a su equipo para lograr el objetivo de subir a Primera.

Del Prete quería un cambio de aire y le gustaba el desafío de llegar por primera vez a un equipo del exterior, pero le costó tomar la decisión. El goleador de Torque de la temporada 2019 jugaba en Cipoletti, un equipo de una ciudad argentina de menos 100.000 habitantes en la provincia de Río Negro. “Fue complicado decidirme porque yo soy muy hincha del club”, cuenta a Referí el jugador que tiene el escudo negro y blanco tatuado en una pierna.

“Me costaba jugar en Cipolletti porque soy tan fanático que lo jugaba más como hincha que como un profesional”, dice. Allí estuvo 14 años y vivió buenas y malas. Del Prete recorrió Argentina en ómnibus (o colectivo, como le dice), viajó sin aire acondicionado con un frío o calor “tremendo”, se quedó parado en la ruta cuando el vehículo se rompía.

También fue agredido en un partido contra General Roca –el rival clásico– con una piedra que cayó desde la tribuna y le pegó en un pómulo; y les hizo un gol en el último minuto que gritó con todo. “Siempre hubo mucha pica, de toda la vida... pero nosotros estamos arriba”. 

Cuando con Torque viajó a Tacuarembó, sus compañeros del club se quejaban de lo lejos que quedaba, pero para Del Prete era algo normal. Las distancias más cortas que recorría en el Torneo Federal le llevaban ocho horas.

También dudaba porque le iba a costar separarse de su familia y sus amigos y creía que iba a  extrañar. “No sabía cómo me iba a sentir, pero tenía que tomar una decisión”, dice Del Prete que al final se la jugó por perseguir su sueño: el de jugar al fútbol. “Me la iba a jugar toda”, se convence.

Rojo en Buenos Aires

Apenas Del Prete llegó a Uruguay ya se sintió parte, pese a que no conocía a nadie. Sus compañeros lo integraron rápido al plantel y se pudo hacer varios amigos. “Soy sociable y me gusta llevarme con la gente. Con los chicos generé una relación muy buena y tenemos un buen grupo”, destaca.

También le gusta la tranquilidad de Montevideo y de algunas ciudades uruguayas que conoció, como Florida –de donde es uno de sus compañeros– y Punta del Este. “Me gusta mucho y la gente es muy buena. Siempre que necesitás algo te dan una mano”.

La tranquilidad de la capital uruguaya no tiene punto de comparación con Buenos Aires, donde vivió durante tres meses cuando se probó en Independiente de Avellaneda. La vida allí iba muy rápido, la ciudad “era una locura de gente” que no dejaba ni caminar.

Del Prete estuvo en los diablos rojos cuando a las divisiones formativas las dirigía Gabriel Milito, el histórico jugador argentino que ahora dirige Estudiantes de La Plata. El goleador de Torque fue para jugar en la cuarta división, pero quedó en las reservas –lo que en Uruguay sería la Tercera–.

Pero Milito se fue y “cambió todo”. Del Prete entrenó durante tres meses en el club con más copas Libertadores y tenía que tomarse dos ómnibus para llegar, pero al esfuerzo no le veía nada positivo. El jugador sentía que “iba mal” a más de 1.000 kilómetros de su casa, creía que su rendimiento había caído y su cabeza estaba “en otro lado”. 

Del Prete no era titular en Independiente y tampoco había solucionado el pase desde el club de su ciudad. Entonces, decidió volver a estar cerca de su familia y amigos y a jugar en Cipolletti, donde lo recibieron “de la mejor manera”.

“Una lástima que no se haya dado, pero por algo pasan las cosas. Siempre digo eso: las cosas pasan por algo y ahora estoy contento”, reflexiona y cuenta que en ese momento pensó en dejar de jugar al fútbol.

Un grupo fuerte

Fue uno de los técnicos de Cipolletti quien le hizo cambiar la cabeza. Este entrenador llegó luego de un semestre en el que Del Prete estuvo “colgado”, le dio la confianza y le dijo que iba a jugar. Un día, cuando el club estaba complicado con el descenso, se sentó con el jugador y le dio un consejo: “Me dijo que tenía que disfrutar el juego, que si uno disfruta es mejor”.

En 2018 Del Prete jugó diez partidos, hizo cinco goles y a la semana lo llamaron desde Torque. El argentino no conocía al equipo uruguayo y averiguó con Federico Velázquez, un jugador de Albión que jugó en Cipolletti, y este le habló de un “club ordenado que juega muy bien”. “Me gustó el desafío y me vine”, resume sobre la decisión que finalmente tomó.

Torque no lo deja de sorprender por las comodidades que les da a los jugadores quienes, por ejemplo, tienen “todas las herramientas” para poder entrenar bien. “Cada día te tratan mejor y tenés más cosas”, dice Del Prete.

Luego de lograr el ascenso, uno de los directores del Grupo City estaba en Montevideo e invitó a todo el plantel a ir a Manchester a conocer al club de Pep Guardiola por dentro. “Nos mirábamos a la cara con los chicos y no lo podíamos creer”, recuerda el jugador sobre la sorpresa que le generó la noticia.

Esa noticia llegó luego de que Torque le ganó Bella Vista 2-0 –con un gol de Del Prete–, y volvió a Primera división tras 11 meses en Segunda. Del Prete hizo nueve goles y fue el goleador del equipo aunque no se define como un “goleador nato”. “Me gusta generar juego y no solo pienso en hacer goles”, se define. El plantel viaja este lunes y el martes presenciarán el partido de Liga de Campeones contra Shakthar Donetsk. 

El argentino destaca el grupo humano que se encontró en su nuevo club. Los jugadores se suelen encontrar por fuera de los entrenamientos y de los partidos y estas juntadas “fortalecieron” al grupo. Esa buena relación con sus compañeros hizo que el día a día en Uruguay sea “más llevadero” y que siempre tenga ganas de ir a entrenar.

Lo que sí le costó en Uruguay fue cocinar, pero solucionó la alimentación comprando viandas que el nutricionista de Torque le ayudó a encontrar. “Llego cansado de entrenar y tengo ganas de dormirme la siesta”, se sincera.

En su tiempo libre aprovecha para ir al gimansio y el año que viene piensa volver a hacer pilates, una actividad que formaba parte de su rutina argentina y que lo ayudaba a “flexibilizar los músculos”.      

     

El goleador dice que en para su carrera futbolística sueña cosas que "son una locura", pero ahora intenta vivir el ahora. "Las vueltas de la vida te pueden dar un cachetazo y prefiero vivir el presente", explica. 

Y ahora está cómodo en el fútbol uruguayo y en Torque. Por eso le gusta quedarse hasta el final de los entrenamientos, jugar con sus compañeros y seguir formando un buen grupo. El argentino quiere aprovechar este buen momento porque cree que las buenas no son muchas en el fútbol, pero cuando están hay que disfrutarlas.

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