15 de diciembre de 2014 21:37 hs

El secuestro en un café céntrico de Sídney que terminó con tres muertos ayer, alertó al mundo sobre el cumplimiento de las amenazas yihadistas del Estado Islámico (EI), aunque todavía no estaba claro si el secuestrador, que enarboló una proclama de fe islamista, siguió el mandato de esta falange terrorista o de alguna filial de Al Qaeda como Al Nusra, que actúa en Siria.

Desde hace meses, Australia ha ido elevando la alerta por amenazas terroristas hasta llegar al segundo nivel de gravedad, de riesgo “alto”, solo superado por el riesgo “extremo”, que tiene relación con un ataque inminente o ya perpetrado.

Desde que el país se sumó a la lista de aliados comandados por Estados Unidos para luchar contra el EI, las posibilidades de sufrir en suelo propio un atentado –o una acción como la de ayer– estuvo latente y las autoridades lo sabían.

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Las razones para la sospecha estaban fundadas en varios puntos. Uno, la participación directa en la coalisión; el otro, la cantidad de australianos que se unieron a los movimientos yihadistas en los últimos meses.

Con tan sólo medio millón de musulmanes, Australia es el país con más yihadistas unido al EI per cápita de todo el mundo.

Según la estimación oficial, al menos 70 pelean ahora mismo en Siria e Irak, y casi una centena continúan instalados en el territorio de Oceanía sirviendo de apoyo logístico para los extremistas o tratando de reclutar a nuevos militantes, informó el diario español El Mundo.

El secuestrador de Sídney, abatido por la policía después de 17 horas de tener encerrados a los clientes de una cafetería, actuó en coincidencia con varios mandatos de la yihad, independientemente si se trata o no de un “lobo solitario”.

El perpetrador, Man Haron Monis, era un autoproclamado clérigo musulmán de origen iraní, perteneciente a la línea dura y con antecedentes por violencia. Nació con el nombre de Manteghi Bourjerdi en 1964 en Irán, antes de mudarse a Australia como refugiado, en 1996 y adoptar el nuevo nombre. Según el primer ministro australiano, Tony Abbott, el secuestrador era “un extremista con problemas mentales”.

Entre las acciones dentro de local Lindt Chocolate Café el secuestrador parece haber seguido la consigna dada por los grupos yihadistas: pasar a la acción en su lugar de residencia haciendo el mayor ruido posible.

Acerca de la bandera desplegada, el experto en terrorismo de la universidad australiana Charles Sturt, Nick O’Brien, estimó que el autor pudo “inspirarse en las publicaciones del EI”.

En tanto, para el profesor de la Australian National University, Clive Williams, “la mayoría de estos chicos están alentados a pasar a la acción por su parte, porque el EI ha comprendido que si se juntan para montar una red, hay grandes posibilidades de que los detecten”.

Desde hace años para Al Qaeda y desde hace meses para el EI, los candidatos a convertirse en yihadistas están incitados a unirse a una “tierra de la yihad” y a lanzar ataques contra “infieles, militares, policías o incluso civiles”.

En setiembre, un portavoz del EI, Abu Mohamed al Adnani, exhortó en un mensaje difundido en internet a los “creyentes” a “participar en la batalla”, vivan donde vivan.

“Si pueden matar a un incrédulo estadounidense o europeo - especialmente a los maliciosos y sucios franceses -o a un australiano o canadiense o a cualquier otro (...) ciudadano de los países que ingresaron en una coalición contra el Estado Islámico, entonces confíen en Alá y mátenlo por cualquier medio”, aseguró.

Lista de objetivos

Desde el otoño (boreal) de 2010, en la revista yihadista en lengua inglesa Inspire publicada en Yemen por la rama local de Al Qaeda, el estadounidense convertido al islam Adam Gadahn evoca “los deberes de la yihad individual”. Y, en un vídeo titulado “Sois responsables de vosotros mismos”, asegura: “Los musulmanes en Occidente deben saber que están perfectamente situados para desempeñar un papel decisivo en la yihad contra los sionistas y los cruzados. Entonces, ¿qué esperan?”.

Las revistas yihadistas en línea multiplicaron los manuales de fabricación artesanal de bombas (“Cómo montarla en la cocina de su madre”) y las listas de objetivos, entre ellos y en primera fila, los militares occidentales seguidos de los políticos y de los lugares símbolos de poder en Estados Unidos y en sus países aliados.

Pero en su arenga, Adnani afirma que los yihadistas no deben diferenciar entre civiles y militares. “Es legal para un musulmán atacar los bienes de un infiel y derramar su sangre, ya que su sangre no vale más que la de un perro”, afirmó.

Tras sus detenciones, los autores de ataques aislados, como los dos hombres que mataron a un soldado británico a cuchilladas en una calle de Londres en mayo de 2013 o el presunto autor del atentado bomba contra el maratón de Boston en abril de ese mismo año, citaron estas publicaciones entre sus fuentes de inspiración.

Estos agresores, denominados a veces “lobos solitarios” cuando actúan solos, tienen a menudo relación con redes más o menos constituidas y su sueño es unirse a un movimiento yihadista. Pero, ante la dificultad de partir o por falta de contactos necesarios, deciden pasar a la acción allí donde viven.

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