3 de septiembre de 2011 18:39 hs

En el liceo de Young hay un solo baño para 800 alumnos, y por eso los estudiantes llegan descompuestos a sus casas, algunos porque no pueden ir al baño en todo el día, y otros porque sí tuvieron que usar un baño que imagínense lo que debe ser. Ya sé que esta historia de los liceos que se caen a pedazos es un tema viejo. Precisamente. En algunos casos tiene más de 10 años de goteras, inundaciones, instalaciones eléctricas deficientes.

En el liceo de playa Pascual después de años de reclamos les llevaron unos contenedores que eran un horno unos días y un congelador otros días. Hace 17 meses que los docentes le pidieron soluciones a las autoridades, y aún esperan. Ya sé que el tema es viejo, pero va incorporando nuevos componentes.

Los liceos están casi fuera de control. Me he encontrado con policías que ya no saben más qué hacer con las denuncias vinculadas a los liceos por robos, agresiones, lesiones. Las autoridades de la enseñanza dicen que afuera del local debe ser responsabilidad de la Policía, pero aunque así fuera, lo cierto es que adentro es tierra de nadie.

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Una periodista de El Observador entró esta semana a varios liceos públicos llevando una cámara de video y recién en el quinto centro se topó con un funcionario que la invitó a retirarse. ¿Han notado que casi no hay caras visibles como responsables por este desastre? Es el crimen perfecto, porque como todos somos responsables, entonces nadie lo es. La cola de paja es generalizada, como generalizada fue la desidia que llevó a este punto a la enseñanza pública, que hoy recibe unos US$ 1.800.000.000 (mil ochocientos millones de dólares) cada año.

Cuando uno le paga a una institución educativa privada, cosa a la que no está obligado, puede exigir. Cuando uno le paga al Estado, cosa a la que está obligado por vía de los impuestos, no puede exigir nada. Cuando dejo a mi hija en la puerta del colegio privado al que asiste pienso en dos cosas: la primera que soy un nabo consciente, porque pago impuestos y me estafan doblemente, ya que lo que me dan a cambio apesta y por eso tengo que volver a pagar para que mi hija asista a un centro decente; por otro lado me siento un privilegiado de poder salvar a mi hija de todo ese desastre institucionalizado.

Pero nadie nunca se salva solo. Los pobres muchachos sometidos a ese destrato de Estado son mayoría en un país que vaya casualidad, es el más envejecido del continente y ya sabemos que el poder es de los viejos. Y no hay como sacar lo peor de un adolescente que destratarlo día tras día. Cuando querés acordar se desquita. Nunca nadie se salva solo.

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