Opinión > EDITORIAL

Un pacto necesario

Es necesario un acuerdo en el sistema político para resolver lo que se viene haciendo mal 

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28 de diciembre de 2018 a las 05:03

Uruguay enfrenta en 2019 un año muy desafiante por el ambiente mundial de incertidumbre y diversos problemas domésticos, con el agravante de que, al tratarse de un año electoral, es casi un hecho que la administración de Tabaré Vázquez no realizará ninguna reforma en áreas claves y sensibles en las que se impone un gran acuerdo político. En el frente económico, el país está obligado a tener una actitud de recelo por la desaceleración económica mundial, pero mucho más por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el comportamiento del precio del petróleo –muy sensible a los avatares del mundo–, la concreción del brexit y la evolución de la crisis económica de Argentina y Brasil. 

Si bien es cierto que estamos lejos de los graves problemas que enfrentan otros países de la región, y que puntuales proyectos de inversión permitirán capear mejor el temporal, indicadores macroeconómicos muestran algunos débiles pilares como para evitar alguna rajadura en el edificio. Un modesto crecimiento del PIB (2%), fragilidad fiscal (un déficit de 4% que inquieta a empresarios y a organismos internacionales de crédito) en el marco de una alta deuda pública y más desempleo (8,5%) deberían preocupar hasta a los más optimistas. Una “reforma importante de la seguridad social” –en palabras del ministro de Economía, Danilo Astori–, que enfrenta una grave situación de financiamiento, es otro debe importante del gobierno de Vázquez.

A las debilidades de la economía, se suman los crecientes problemas de seguridad pública y de convivencia que muchas veces ocurren por una fuerte crisis de autoridad del Estado como mostró la pelea callejera en la víspera de la Navidad en el barrio Malvín: una violenta trifulca que se inició por cánticos de hinchas de equipos de fútbol en una ilegal fiesta en la vía pública en la que no hubo un control municipal y ninguna intervención policial como correspondería en estos casos. No ocurrió en una zona marginal o en sectores sociales al margen del sistema –otra grave realidad de estos tiempos– y no se trató de enfrentamientos de bandas de narcotraficantes, sino de un hecho violento en un típico barrio de clase media, lo que deja en evidencia el deterioro cultural y social del país. 

El ambiente de decadencia y de descontrol también se palpa en la población en situación de calle que despliega sillones y colchones abandonados en cualquier espacio público de Montevideo, un fenómeno al que lamentablemente nos estamos acostumbrando. 
Las políticas de seguridad de todos los gobiernos frenteamplistas no han tenido el éxito deseado y menos la del último que no pudo cumplir su promesa de reducir 30% las rapiñas. Las familias viven con miedo de sufrir un atraco violento en la vía pública o un copamiento en el hogar. Hace tiempo ya que las rejas, guardias armados y dispositivos tecnológicos de seguridad forman parte del paisaje urbano. 
Ni la mejora que hubo en la economía en los tiempos de bonanza ni las políticas sociales para atender los problemas derivados de la crisis de 2002 lograron mejorar ni un poco los indicadores delictivos que son cada vez más violentos. 

Creemos que más que nunca es necesario un pacto en el sistema político para enderezar ramas torcidas que frenan el desarrollo, la calidad de vida de los uruguayos y comprometen el futuro del país. 

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