Carta de una desconocida es una novela que el gran austríaco Stefan Zweig, uno de los autores más relevantes del siglo XX, publicó en 1922 en Viena.
En 1948, el director de cine alemán exiliado en Hollywood, Max Ophüls, la llevó a la pantalla grande.
En algún momento de su vida el actor Fernando Gilmet leyó la novela y decidió que debía llevarla a un escenario de teatro. El argumento de la novela habla de una carta que recibe un escritor de un antiguo amor que ni siquiera recuerda.
Gilmet, que había visto adaptaciones precedentes con varias actrices representando las diferentes mujeres que aparecen en la obra, tomó una decisión original: utilizar una sola actriz.
Para ello recurrió a Soledad Gilmet, su hija, una actriz con una trayectoria destacada por reconocimientos importantes en Uruguay.
Gilmet padre vive en España desde hace 38 años. Su hija también. Fue en Madrid, en mayo de 2013 cuando padre e hija, en el living del apartamento de ella, comenzaron a pergeñar una obra que se estrena en Montevideo mañana, en el teatro La Gringa de la Galería de las Américas de 18 de Julio y Yí.
Soledad Gilmet mamó literlamente teatro desde su nacimiento. Su madre es la actriz Susana Castro, con quien ha compartido escenario. “Soledad se crió en un ambiente donde el teatro era una presencia constante. Desde chiquita iba a ensayos con su madre”, recuerda Fernando Gilmet a El Observador.
Ahora su hija debuta en el formato unipersonal de esta obra que dura 75 minutos, en un acto único.
“Me gustaba el desafío personal de ser dirigida por mi padre. Con él hemos visto mucho teatro juntos, nos conocemos desde siempre”, cuenta Soledad Gilmet.
Además, Carta de una desconocida tiene la particularidad de que también implica el debut como director de Fernando Gilmet, que llegó desde España junto a su hija para estar durante todo agosto con esta obra que se estrenó en Madrid a finales de junio de 2014 y que piensan volver a presentar en ese país luego de actuar en Montevideo.
“Es que mi padre es gran admirador de Zweig”, dice la actriz y explica que para adaptar la novela al teatro Gilmet debió modificar fragmentos “demasiado literarios”.
No fue sencillo adaptar a Zweig en Europa, donde todavía no es de dominio público. Eso recién sucederá en 2022, cuando se cumplan 80 años de su muerte (ver recuadro).
Fernando Gilmet confiesa que la traducción de Zweig que usaron para la obra posee un lenguaje literario “muy hermoso, que le aporta al espectáculo”.
Además, el director teatral Dino Armas les regaló a los Gilmet un libro sobre la vida de Zweig en Brasil y como elemento extra a la obra el director utilizó fragmentos de El mundo del ayer, la autobiografía de Zweig. De esta forma se redondea una visión completa de la historia y de quien la creó detrás de bambalinas, aparte de los guiños particulares de esta versión.
La experiencia de dirigir a su hija fue para Fernando Gilmet fluida, armónica, pero bien podría haber derivado hacia un terreno conflictivo.
“El hecho de trabajar con tu hija podría generar conflictos pero no, todo fue muy intenso y emotivo. Yo sé el espectáculo que quiero ver, muy íntimo y sencillo, y lo logramos, independientemente de que sea mi hija, que además es una gran actriz”, opina Gilmet con todo el orgullo paterno.
Vivir en la memoria
Una actriz comienza a contar una historia sobre otra mujer, la desconocida, cuya vida quedó unida de forma irremediable a la de un escritor que nunca la entendió ni le retribuyó su imperioso amor.
“La mujer le cuenta su vida al escritor, y queda en un territorio donde depende de la memoria el este. El viaje arranca y ahí vienen los desdoblamientos de la actriz”, dice Soledad Gilmet.
Además de trabajar en teatro es moza de un café en Madrid, una labor que tiene mucho de actuación y de contactos con la vida de la gente que atiende. “La ves en su trabajo y está actuando”, dice su padre.
Pero en escena la complejidad se multiplica. Ella debe ser el canal por el que su padre elaboró la versión de la novela de Zweig, debe ser en un solo cuerpo las mujeres que se superponen en la narración de un cuento que a pesar del tiempo perdura.
Un desafío
Soledad cree que el desafío de Carta de una desconocida es “que la gente no se aburra”.
“Soy yo sola en escena, con todo muy limpio y transparente. Hay que atrapar al espectador y que se cuelga con esta historia de un amor impresionante. Soy muy enamorada pero me costó encarnar a esta mujer que termina viviendo en la miseria por él”, explica la actriz sobre su construcción del personaje, que centra su vida en un amor que en el mundo del presente suena arcaico, de otra época: renunciar a todo por amor.
“Zweig es un genio que comprende al universo de la mujer, que comprende las circunstancias que llevaron a esa ‘desconocida’ a actuar como actuó. Hay un respeto hacia la mujer”, dice Soledad Gilmet, quien pretende llevar al espectador en el viaje de esa mujer para que algo lo modifique por dentro.