26 de mayo de 2014 16:38 hs

El siglo XIX en la Banda Oriental y luego en el Uruguay: ese gran pozo de miles de grandes historias olvidadas. Pocos pisan hoy esos campos de la memoria. Por eso es motivo de aplauso que Marcia Collazo siga trillando en ese surco. Y por suerte los resultados son muy buenos.

La editorial Banda Oriental acaba de publicar en su colección Lectores el volumen de cuentos A bala, sable o desgracia. Cuentos de mala muerte, un libro donde Collazo repasa desde el punto de vista literario y ficticio (pero con innegables bases historiográficas) las muertes de varios personajes de la historia patria.

En el libro, que tendrá su tirada comercial la semana que viene, se despliegan en abanico las muertes de José Artigas en su lejano exilio paraguayo, de Juan Antonio Lavalleja cayendo de un ataque fulminante al corazón, de Fructuoso Rivera viajando desde Melo a Montevideo dentro de un barril de caña, de un sobreviviente de la masacre de Salsipuedes, las muertes trágicos en el mismo día de Venancio Flores y Bernardo Berro, así como la de Gregorio Ortiz, quien atentó contra Máximo Santos, o la mujer que le cargaba las armas al cuatrero Martín Aquino, ya entrado el siglo XX.

En el prólogo, Ricardo Pallares destaca a Eduardo Acevedo Díaz, a Javier de Viana, a Justino Zavala Muniz como grandes precedentes de este realismo histórico por el que escribe Collazo, que en los últimos años ha tenido a Tomás de Mattos o Mario Delgado Aparaín como solitarios exponentes del género.

“Es un campo olvidado. El último antecedente son las novelas de Eduardo Acevedo Díaz, que fue el gran baluarte. El resto es folklorismo que no quiero hacer. No pretendo hacer folklorismo. Pretendo hacer una universalización del ser humano en la historia, que siempre es drama”, explicó Collazo a El Observador.

Con este libro continúa un camino iniciado con sus dos obra anteriores La tierra alucinada y Amores cimarrones, por las que recibió el Premio Revelación Bartolomé Hidalgo y los Premios Libro de Oro 2011 y 2012.

Collazo nació en Cerro Largo pero fue criada en Minas. Es profesora del Instituto de Profesores Artigas y de la Facultad de Humanidades de la Udelar, donde es docente de Historia de las ideas en América Latina. Además es abogada. “Una locura”, resume. Este año dejó de lado la abogacía y es “feliz” dedicándose a la docencia y a la escritura.

La autora resalta que la médula de sus cuentos es el contexto histórico, pero que a la vez esos personajes tienen una vida y una circunstancia.

“Hay mucha investigación histórica. Todo lo que digo del personaje es histórico, más allá de las reflexiones que pueda hacer yo”, agrega.

El libro se abre con el cuento Tráiganme mi caballo, y se sitúa en los días posteriores a la muerte de Artigas.

El (muchos años después convertido en) prócer de los uruguayos tuvo una vida extraña y larga en Paraguay. “Era prisionero pero con privilegios. Creo que en buena medida fue un autoexilio. Y muchos creían que iba a volver. Por ejemplo, Bolívar tuvo tres intentos de revolución, pero Artigas no intentó ni siquiera el segundo. Aún en medio del monte paraguayo seguía siendo un personaje gravitante. Lo quisieron atraer Rivera, Rosas, Paz, y luego Flores, después de muerto”, dice Collazo.

Otro cuento se refiere a ese héroe petiso, arrogante y patilludo, conocido mayormente por ser el centro del cuadro de los Treinta y Tres Orientales de Blanes.

“¿Lavalleja? Me interesaron las circunstancias de su muerte, porque se produce en el fuerte de un ataque fulminante y allí tiene su aparición la esclava de la casa. Un personaje totalmente anónimo. El pueblo es una constante, aparece en todos los cuentos”, explica Collazo.

Por momentos la prosa de Collazo desborda, se alarga en oraciones cargadas donde se intercalan diálogos, comparaciones, metáforas y otras figuras retóricas. Pero en vez entorpecerse el ritmo, el efecto acumulativo es positivo, por la propia sobrecarga de elementos que afloran en cada frase.

Otro elemento estilístico a resaltar en la prosa de Collazo es la presencia sensorial, muy visual pero sobre todo olfativa en las descripciones. Cada cuento huele con una profusión de aromas que impacta en su representación mental.

¿Por qué reivindicar la historia nacional o regional a través de la literatura? “Es una forma de ponernos valor a nosotros mismos. Más que llamarle solo orgullo, creo que es el valor de la experiencia humana en la historia. Y además es darle un valor a tu vida y a tu pasado”, dice Collazo.

En el mediano plazo, la escritora tiene tres proyectos casi en simultáneo. El año que viene publicará una mezcla de biografía y ensayo sobre un célebre jurista uruguayo, que la autora prefirió mantener en secreto.

Aparte, editará un libro sobre Piriápolis y qué era de esa bahía durante la Guerra Grande. El tercer proyecto es una novela ambientada entre fines del siglo XIX y principios del XX. “Otra época poco visitada por nuestra literatura”, concluye Collazo.

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