10 de febrero de 2012 20:32 hs

Entre 2003 y 2004 se produjo un fenómeno extraordinario en materia de arte y comunicación. Un ama de casa argentina decidió ventilar sus esperanzas, frustraciones y comentarios de lo que sucedía en su familia y alrededores a través de entradas periódicas en un blog. Fue un éxito escandaloso, con una proyección viral que sólo se ve con los videos de Youtube. La última entrada del blog era esperada por cien mil personas.

El cerebro detrás de ese boom era el escritor argentino Hernán Casciari, nacido en 1971 y no muy conocido por el gran público. El blog era una novela por capítulos, que en 2005 sería publicada por Plaza y Janés con el título de Más respeto que soy tu madre y llevada a escena por Antonio Gasalla.

En 2010, Casciari presentó su renuncia a los medios a los que trabajaba, El País, de España, y La Nación, de Argentina, y también a las editoriales para las que había publicado. Había resuelto emprender una aventura más peligrosa y con una ambición que trascendía largamente su ego de autor. Se trata de la revista Orsai.

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La revista sacó cuatro números en 2011, con 200 páginas de excelente calidad en periodismo, ficción y de ilustración. La calidad del papel y de la impresión es impecable, pero lo que la distingue de inmediato es la ausencia absoluta de publicidad. Ni directa ni encubierta ni por buenas causas. Ni siquiera autobombo. Nada.

El lema de la publicación es “nadie en el medio” y la distribuyen los propios lectores y los libreros entusiasmados con el proyecto. Cuesta el equivalente de 15 veces lo que sale un diario del sábado y cada número está disponible en Internet, en formato PDF y su descarga es gratuita. La revista vendió unos 10 mil ejemplares por número y las descargas fueron varios cientos de miles.

La filosofía que hay atrás del proyecto, el espíritu de caballero andante de su hacedor y la calidad de los artistas plásticos, periodistas y escritores invitados convirtió a Orsai en un objeto de culto. Los lectores se sacan fotos con sus revistas, como si fueran un atributo que los distingue de los que no creen o no escucharon la buena noticia.

En estos días está llegando a Uruguay el quinto número de la saga, el primero de la segunda temporada. Llega para los suscriptores, que compraron los seis ejemplares que saldrán este año de forma bimensual. Casciari habló con El Observador por teléfono desde su casa en Barcelona, sobre los contenidos de la revista este año.

“El primer año la gente saltaba de alegría cuando recibía la revista por debajo de la puerta, pero no por los contenidos sino porque se estaba consiguiendo algo entre todos y eso causaba mucha adrenalina. Nosotros supimos que no íbamos a poder seguir valiéndonos de esa adrenalina, que teníamos que generar otra. Ahora pretendemos que sea una revista adictiva. Que la gente la espere ya no por el proyecto sino porque les parece que es una revista imprescindible”, explica Casciari.

El gran cambio es el estilo de los folletines del siglo XIX. Se les pidió a tres autores que escribieran cada uno una novela en seis capítulos para la revista. Pedro Mairal, Leonardo Oyola y Carolina Aguirre cumplieron el encargo, salvo que en el caso de Mairal lo hizo en sonetos: “Agradecemos profundamente que haya enloquecido”, dice Casciari.

El ilustrador de esa historia, El gran surubí, es Jorge González, autor de la portada del primer número de Orsai.

Casciari está obsesionado con la distribución de la revista, como antes lo estaba con la manera de mejorar la comunicación por internet: “Ahora estoy en un camino parecido pero con la logística y la distribución. Estoy con muy poco tiempo para escribir, porque estoy obsesionado con eso. En algún momento eso estará solucionado y volveré a escribir. Es una forma de no caer en la rutina. Tiene que ver con comunicar y con que las cosas le lleguen al lector”.

Más que como escritor o editor, lo que lo enorgullece es su capacidad de ser anfitrión: “Si hay alguna cosa que realmente aprendí a hacer, en los últimos diez años, es ser anfitrión de mucha gente, en una página web, en una página virtual. De cómo comunicarme con tantos, de cómo contenerlos, de cómo saber si ahora toca reír o llorar. Y hacerlo con honestidad, sin manipulación, hacerlo realmente. Riendo yo y llorando yo, al mismo tiempo”.

Algo similar pasa con la revista. Casciari es uno de los más fanáticos, de los que más se conmueve con lo que muchos ven como una revolución, que hará caer estructuras obsoletas.

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