30 de diciembre de 2011 19:24 hs

Toda premisa de un balance comprende ciertas particularidades. Primero que nada, que es imposible hacer un repaso exhaustivo de todas las series exhibidas en un año –literalmente son varios centenares– por lo que el gusto de quien realiza el balance ya decanta gran parte de las posibilidades antes incluso de mirarlas. Luego está el criterio de selección. En este caso, se trató de ser lo más amplio posible, por lo cual el balance comprende series nuevas estrenadas este mismo año, temporadas de series en marcha que se exhibieron durante 2011 e incluso una miniserie autoconclusiva. Pero para lo que si puede servir es para comprender que el hogar de las mejores ficciones ya no es el cine, y que el cementerio de las ideas –y de los actores– que era la televisión ya no lo es más.

5- The Borgias (Los Borgia)
Adaptación del gran director irlandés Neil Jordan de la película española de 2006 acerca de una de las más famosas familias criminales de la historia, en una reconstrucción histórica bastante fidedigna que recorre en sus nueve primeros episodios algunos años (pocos) a partir de 1492.

Los Borgia prefigura lo que será el accionar de la mafia varios siglos después: sobornan, chantajean o asesinan en pos de lograr el poder absoluto, esto es, que Rodrigo Borgia (Jeremy Irons) vista la toga blanca y dorada del Papa, sumo pontífice del Vaticano.

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Al mismo tiempo, se registra el tumultuoso devenir de la Europa de esos años. Se le puede cuestionar cierta frialdad a la hora de trasmitir aquello que ocurre o un hincapié casi que atorrante en la vida sexual de sus protagonistas (y hay que ver la cantidad de tiempo que le dedicaban los Borgias a la misma) pero hay muy buena producción detrás de la serie y una vez que la narración calienta motores, no se detiene. Ya ha anunciado su segunda temporada a estrenarse en abril.

4- Mildred Pierce
Miniserie de televisión en cinco capítulos que adapta la novela homónima del gran creador de novela negra James M. Cain. En Glendale, California, 1931, Mildred Pierce (Kate Winslet) se ve convertida de repente en lo que se conoce como una “viuda de verano”, es decir, su marido Bert (Brían F. O’Byrne) la abandona por otra mujer y queda sola y sin recursos, al frente de su casa y sus dos pequeñas hijas.

La serie recorre varios años en la vida de esta familia y como Mildred, una mujer fuerte pero al mismo tiempo extremadamente propensa a servir de punto para cualquiera que busque aprovecharse de ella, deberá salir adelante, empezando a trabajar por primera vez en su vida y llevando el timón de su propio negocio poco después. Haynes (responsable de joyitas fílmicas como Velvet Goldmine o I’m Not There) filma todo con un estilo muy clásico, apoyado en una soberbia banda sonora y en un conjunto de actuaciones del mejor nivel posible.

La magistral Kate Winslet se afirma aquí como una de las mejores actrices de la actualidad. Un único pero puede ser la extensión de la serie: el capítulo cuatro se siente algo estirado (algo así pasa también con el cinco, pero este es por razones temporales, dura 20 minutos más que los otros) e incluso el argumento amaga a pasar de drama a melodrama. Esto hace que, en un exceso de exigencia quizá, la miniserie no sea perfecta.

3- Sons of Anarchy
Es difícil sostener una serie en un nivel de exigencia temporada tras temporada. Más aun si estamos hablando de la cuarta temporada de una serie. Es el caso de esta serie creada por Kurt Sutter (responsable de la legendaria The Shield) donde se nos cuentan las desventuras de la pandilla de motoqueros del título, unos pequeños delincuentes de una ciudad ficticia de California (Charming) que año tras año los hemos visto irse metiendo cada vez más en problemas definitivos. El eje de la historia es el choque entre dos visiones de llevar adelante la pandilla. Por un lado, Clay Morrow –un brillante Ron Perlman– líder del grupo por años y que cada vez más lo ha insertado en la vida criminal, y por otro Jax Teller (Charlie Hunnam) hijastro del anterior, un convencido de que se puede sobrevivir sin dedicarse al crimen.

El enfrentamiento en esta cuarta temporada se volvió prácticamente shakespeareano, con múltiples costos para ambos bandos. Esta recomendación cuenta con un pero importante: es imprescindible haber visto las temporadas anteriores para poder disfrutarla.

2- Justified
La que sí puede verse sin necesidad de antecedentes es la segunda temporada de este tremendo policial creado por Graham Yost adaptando un personaje literario hijo de Elmore Leonard.
El marshall Rayland Givens (un sólido Timothy Olyphant) participa de terribles rencillas, tiroteos y violencia en su Kentucky natal –un lugar tremendamente pobre, tanto económica como intelectualmente– y a sus habituales casos le agregamos como condimento a la familia Bennett. Los Bennett (como eran los Dalton, en Lucky Lucke) son una familia de delincuentes (traficantes y ocasionales asesinos) que se las van a poner difícil al buen Rayland a lo largo de estos 13 capítulos que, detalle no menor, cierran en sí mismos, algo que es muy de agradecer.

Los choques de la genial Mags con Rayland dan cuerpo a toda esta temporada, que incluye una vez más a Walton Goggins como Boyd Crowder, un personaje riquísimo que rinde y mucho. Una historia sureña de miseria y pobreza tan impactante como si el mismísimo William Faulkner la hubiera parido.

1- Game of Thrones
Y por último, la mejor de todas. “Como Los Soprano, pero en la Tierra Media” la definió alguien en internet y no pudo ser más acertado. El mundo que nos propone esta serie (que adapta la saga de novelas “Canción de hielo y fuego” de George R.R. Martin, quien escribe incluso algún guión) es el de los 7 reinos. Es un mundo fantástico, pero donde lo irreal o ya no existe o es apenas mito (se habla de Dragones, pero es de común acuerdo que ya no quedan) y donde implica mas valor la habilidad diplomática, el saber traicionar, cómo y a quién, que la habilidad con la espada.

La historia da comienzo cuando “La Mano del Rey” (una suerte de administrador de todo el reino) muere en circunstancias poco claras y el rey Robert Baratheon (Mark Addy) acude a Winterfell, las tierras del norte, a pedirle a Eddard “Ned” Stark (el siempre imponente Sean Bean) su mejor amigo, que ocupe el rol. Este es el comienzo del fin del incómodo status quo que se viene sosteniendo los últimos 18 años, cuando se combatió al rey Loco y Baratheon se coronó rey. Las familias que han quedado al mando, los Baratheon evidentemente, pero también los Lannyster (la Reina, Lena Headley) llevan una relación que ya no aguanta y esta temporada es el quiebre definitivo de esta débil asociación. Pero que no espere el espectador tremendas batallas (aunque algunas hay). Las cosas en Game of Thrones se solucionan más por el engaño y la palabra, que por el filo de una espada.

No es una serie fácil. Incluso para el grado de complejidad que han alcanzado las series de televisión hoy, Game of Thrones propone un entramado con no menos de 20 personajes de relevancia y donde hasta el más lateral secundario puede cobrar importancia y trascendencia. Es una serie que no subestima al espectador y que, por el contrario, le exige un grado de atención mayor, una concentración que uno normalmente le dedicaría a una novela.
Es en el capítulo nueve de esta serie en el que queda claro que esta serie no es una broma. Que o uno aprende a moverse en Game of Thrones o te asesinan, así de simple. Y lo peor es que todavía no ha llegado el invierno. La segunda temporada de esta serie también da comienzo en abril.

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