Economía y Empresas > EMPLEO

Una consecuencia inesperada del movimiento #MeToo

¿Con su avance están disminuyendo las oportunidades de orientación laboral valiosa y proyección para las mujeres?  

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06 de febrero de 2019 a las 05:00

Por Katrin Bennhold

Los hombres que asistieron este enero al Foro Económico Mundial en Davos se dijeron preocupados por varias cuestiones, como la desaceleración económica en todo el mundo, las amenazas en materia de ciberseguridad, el creciente populismo y las guerras. Pero también les preocupa asesorar a las mujeres en la era de #MeToo, o #YoTambién, el movimiento para denunciar casos de acoso y abuso sexual.

“Ahora lo pienso dos veces antes de estar a solas con una colega joven”, comentó un ejecutivo estadounidense de finanzas que pidió permanecer en el anonimato porque el asunto era “demasiado delicado”. “Yo también”, respondió otro hombre que participaba en la conversación.

El movimiento #MeToo, que irrumpió en el escenario mundial a finales de 2017 con denuncias contra personalidades importantes de Hollywood, de los medios, la política, los deportes y más, conserva su fuerza más de quince meses después. Ha impulsado a muchas mujeres a hablar sobre el acoso que han sufrido en el ámbito laboral y ha obligado a varias empresas a tomarse más en serio el asunto. 

Pero una consecuencia inesperada del movimiento –de acuerdo con ejecutivos y analistas– es que las empresas, con el supuesto objetivo de disminuir el riesgo de acoso sexual o conducta inapropiada, están reduciendo el contacto entre las empleadas y los altos ejecutivos. Eso limita la proyección de las mujeres y las priva de orientación laboral valiosa.

Incomodidad

“Básicamente, #MeToo se ha convertido en un asunto de gestión de riesgo para los hombres”, dijo Laura Liswood, secretaria general del Council of Women World Leaders (Consejo de mujeres líderes mundiales).

En febrero de 2018, encuestas realizadas por Lean In y SurveyMonkey encontraron que a la mitad de los gerentes varones les incomodaba tener una o más actividades laborales con mujeres, como socializar o trabajar uno a uno. Entre elllos, uno de cada seis dijo que le incomodaba ofrecer orientación a una colega. Los sondeos se hicieron a cerca de 9.000 trabajadores en EEUU.

Pat Milligan, quien asesora en Mercer sobre género y diversidad, comentó que muchos de sus clientes han expresado preocupación respecto a hacer o decir “algo incorrecto” desde que el #MeToo se esparció por todo el mundo. “Varios hombres me han dicho que evitan ir a cenar con una mujer a quien estén asesorando o que les preocupa enviar a algún sitio a una empleada si va a estar sola con un hombre”, explicó Milligan. 

“Si permitimos que esto pase, va a hacer que retrocedamos décadas”, afirmó Milligan. “Las mujeres deben ser respaldadas por los líderes, y la mayoría de los líderes siguen siendo hombres”.
Comentó que el enfoque ahora debe estar en educar. Cuando los ejecutivos le cuentan que están considerando evitar a las mujeres, les dice sin tapujos que eso es ilegal. “Nada más sustituye la palabra ‘mujer’ por cualquier otro grupo poblacional”, dijo. “Sí, hay que hablar sobre cuál es el comportamiento adecuado, pero no puedes sencillamente dejar de interactuar con las mujeres”.

La regla Pence

Esta renuencia de los gerentes, si bien se ha intensificado en la época del #MeToo, desde hace mucho ha sido un problema. Los resultados de una investigación realizada por la economista Sylvia Ann Hewlett arrojaron que dos tercios de los ejecutivos dudaban si debían tener interacciones personales con mujeres en posiciones laborales inferiores, por temor a que pudiera malinterpretarse. El vicepresidente de EEUU, Mike Pence,  jamás cena a solas con una mujer que no sea su esposa, una máxima que se conoce como “la regla Pence”.

Además de las dudas entre varones sobre si orientar a colegas mujeres, algunos indicadores de igualdad de género han empeorado, aunque es difícil establecer un vínculo con el #MeToo.

En 2018, el Foro Económico Mundial concluyó que se necesitarían 202 años para que se lograra la igualdad de género empresarial, mucho más que los 170 años que se habían calculado en 2016.

Una vez que las empresas tienen identificados a los empleados que incomodan a las mujeres, deben considerar si actúan de esa manera porque son “ignorantes, raros o criminales” dijo Milligan. “Si crees que actúan por ignorancia, puedes educarlos”, declaró. “Pero si su conducta es inquietante de un modo perturbador, hay que hacer algo”, dijo.

No todas las personas están convencidas de que los hombres han cambiado mucho su actitud a raíz del movimiento #MeToo. Stephanie Ruhle, una banquera que ahora es conductora de televisión, mencionó en un pánel en Davos titulado “El futuro de la masculinidad” que los hombres de Wall Street no se esforzaban mucho por promover a las mujeres desde antes. “¿No será más bien una excusa?”, preguntó. 

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