2 de agosto 2014 - 22:42hs

Algunas de las palabras más endemoniadas dedicadas a la edad de los candidatos presidenciales Tabaré Vázquez (Frente Amplio) y Luis Lacalle Pou (Partido Nacional) parecen sugerir que en la próxima elección los uruguayos deberán decidir esencialmente si el diablo sabe por diablo o si más sabe por viejo.

Porque los comentarios más crueles de las redes sociales hablan de un “viejo gagá” y de un “guacho irresponsable” entre otras lindezas. Más allá de esos ejemplos extremos, lo cierto es que blancos y frenteamplistas están basando buena parte de sus argumentos políticos en torno a la pregunta de si a los 74 años de Vázquez se está demasiado maduro para gobernar o si los 40 años de Lacalle Pou son muy pocos como para que se le otorgue la responsabilidad de tomar las decisiones políticas más importantes.

Lo cierto es que cuando el jueves por la tarde en Cardona, Lacalle Pou hizo lo que hizo y dijo lo que dijo en el ya popular episodio de “la bandera”, exhibió el asunto –queriéndolo o sin querer– de una forma descarnada.

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“Díganle a Tabaré que lo espero en esa bandera”, dijo luego de quedar suspendido en el aire mientras se sostenía de uno de los caños que sirve de soporte al nombre de las calles.
Fue un desafío lanzado a un hombre de 74 años que, es evidente, no está en condiciones de hacer ninguna bandera física. Fue una nueva forma de marcar la diferencia generacional y también de invitarlo a debatir.

Pero más allá de pruebas de fuerza, hay asuntos en los que la diferencia de edades entre Vázquez y Lacalle Pou se hace evidente.

Por ejemplo, las giras que Vázquez ha emprendido por el interior suelen empezar después del mediodía, terminan temprano e incluyen dos o tres localidades, y en alguna oportunidad interrumpió una caminata porque hacía mucho frío y amenazaba la lluvia.

Los movimientos de campaña de Lacalle Pou son, a veces, frenéticos. Se levanta temprano, a las 10 de la mañana ya inicia sus recorridas y sigue hasta pasada las 9 de la noche.

Además de realizar sus discursos de ocasión, el líder blanco se queda el tiempo que sea necesario –al amparo de un club o la intemperie– para saludar y hablar con sus seguidores.

Además, Lacalle Pou tiene su cuenta de la red social Twitter e instaló en su camioneta una pequeña cámara en la que realiza comentarios de actualidad que luego cuelga de Youtube.
Aludiendo a que Vázquez no echa mano a las nuevas tecnologías, y en defensa de Lacalle Pou, el asesor de Jorge Larrañaga, Gustavo Delgado, colgó en su cuenta de Twitter una viñeta en la que se muestra la “brecha generacional” que se produce entre los jóvenes y aquellos adultos que no usan pantalla multitouch o WhatsApp o no se sacan selfies. “Y bueno che, se me ocurre que esto es altamente aplicable al malhumor de algunos”, escribió.

Pese a que en público no muestra destreza con las nuevas tecnologías, Vázquez fue el principal impulsor del elogiado Plan Ceibal y en esta campaña propone entregarle una tableta a cada jubilado. Fuera de esas diferencias, dirigentes del Frente Amplio y del Partido Nacional eligieron usar las redes sociales para elogiar o criticar la “bandera” de Lacalle Pou, según conveniencia y sin evitar aludir a la edad de los candidatos. No es novedad que la juventud y la veteranía tienen ventajas y contras, y que las virtudes que sirven para algunas cosas, son inútiles en otras se tenga la edad que se tenga. Pero no es ese precisamente el debate que se ha dado entre los partidos desde que a Lacalle Pou se le ocurrió hacer la polémica pirueta.

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