19 de agosto de 2019 5:04 hs

La empresaria gastronómica Elena Tejeira empezó a los 16 años a trabajar en una empresa como telefonista por un revés económico familiar. “En ese momento lo vivis como muy duro. Todos tus amigos disfrutando, y yo la disfruté de manera distinta. Tuve que cambiarme al liceo nocturno, con gente que era mayor que yo”, recordó en una entrevista con El Observador.

A los 26 años, cuando ya tenía dos hijas, la despidieron de su trabajo. Recuerda que se trató de una reducción de personal porque la empresa cerraba. Fue otro golpe que la marcó. Empezó a estudiar odontología pero no la atrapó y decidió abandonar la carrera. Por consejo de una sicóloga, decidió tomarse un tiempo y tomar clases de cocina, una actividad que le apasionaba.

Se dio cuenta que tenía una “facilidad” especial para la gastronomía y decidió iniciar de “menos 10”. Comenzó así otra etapa de “mucho esfuerzo”.

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“Quería hacer algo que pudiera trabajar en casa, con las nenas chicas. Quería algo independiente, pero no tenía capacidad de inversión. Empecé en mi casa. Empecé a desarrollarlo con la familia y el entorno. Fueron años caóticos. Mi casa era mi casa, la empresa era mi casa. Los espacios que nos quedaban para la casa eran muy reducidos. Fueron años de cerrá los ojos y no pienses. Había tortas por todos lados. En el living tenía freezers y los escritorios con las computadoras. Pisabas azúcar impalpable. No sé cómo hacía, creo que respiraba hondo y trataba de no mirar”, recordó Tejeira, quien se desempeñó como presidenta de la Organización de Mujeres Empresarias de Uruguay (OMEU).

“Todo el tiempo sentís desborde y una presión tan brutal que te angustias. Había de esos momentos, y hasta el día de hoy los hay. Pero creo que tenés que tener la capacidad de vencer el obstáculo. Nada es imposible. No hay nada que no se pueda superar. Tranquilidad, respirar hondo y buscar la manera”, recomendó.

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