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Una generación de niños, niñas y adolescentes que será marcada por el cierre de sus centros educativos

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18 de septiembre de 2020 a las 05:01

Ante la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de la covid-19, las escuelas han cerrado en la mayoría de los países del mundo. Este cierre ha representado una amenaza para el bienestar y el cumplimiento de los derechos de más de 1.500 millones de niños, niñas y adolescentes que representan aproximadamente el 90% de los estudiantes del mundo.

Estos niños y niñas han visto interrumpida su escolarización, con consecuencias tan negativas que aún estamos lejos de tener una comprehensión cabal del impacto en sus vidas. Ante esta realidad, Unicef ha identificado tres tipos de riesgos: el primero se relaciona directamente con los logros educativos ya que las probabilidades que los niños y adolescentes no regresen a clases aumentan cuanto más tiempo se encuentren fuera de los centros educativos, especialmente entre aquellos pertenecientes a contextos socioeconómicos más vulnerables. El segundo tiene que ver con su integridad porque el contexto de encierro incrementa el riesgo que niños, niñas y adolescentes sufran o sean testigos de violencia en el hogar. Esto es así, por un lado, porque el encierro constituye un caldo de cultivo para situaciones de estrés dentro de las familias, y por el otro, porque cuando los centros se encuentran cerrados, los niños pierden la oportunidad de acceder a canales y mecanismos de detección y prevención de la violencia provistos por las escuelas. El tercero se vincula con el hecho que los niños no pueden acceder a otros servicios ofrecidos por los centros educativos tales como la alimentación o apoyo psicosocial.

La evidencia, en todos los países, de que los niños no son los principales propulsores de la epidemia reforzó la necesidad de equilibrar los efectos abrumadoramente dañinos del cierre de escuelas con la necesidad de controlar la propagación de la covid-19 en las comunidades: cada vez fue más claro que las consecuencias de mantener las escuelas cerradas superan los riesgos de salud pública causados ​​por la pandemia. Y esto fue entendido en Uruguay de manera muy temprana, sentando un precedente para el mundo, con la reapertura de las escuelas en las zonas rurales un mes después de decretada la emergencia sanitaria.

Unicef ha promovido a nivel global la reapertura de las escuelas, siempre y cuando se realicen en condiciones sanitarias seguras. Esto implica, entre otros, garantizar condiciones y prácticas adecuadas de higiene, servicios y suministros esenciales para prevenir posibles contagios, protocolos que promuevan comportamientos saludables y procedimientos de actuación ante posibles casos entre miembros de la comunidad educativa. Pero además de promover medidas para mitigar los riesgos de transmisión de la enfermedad, los países deben adoptar enfoques proactivos para reintegrar a los niños más vulnerables, diseñar estrategias que se adapten a los desafíos de un año lectivo tan particular, fortalecer la pedagogía y utilizar modelos híbridos de aprendizaje, tales como la combinación entre la educación a distancia y la presencial.

Durante el cierre de escuelas, Uruguay buscó asegurar las condiciones básicas para mitigar el impacto en los niños y niñas. Por un lado, generó nuevas estrategias para brindar servicios de alimentación escolar a los alumnos más vulnerables. Por otra parte, y gracias a los avances en materia de conectividad y a la existencia del Plan Ceibal, se buscó asegurar la continuidad educativa de manera virtual. A pesar de los esfuerzos de todos los actores, los estudiantes en situación de mayor vulnerabilidad fueron los que menos contacto con el centro educativo tuvieron. Como refleja la encuesta a docentes realizada por ANEP entre el 25 de junio y el 14 de julio, mientras un 91% de los estudiantes de educación primaria del quintil cinco participó de las propuestas educativas, del primer quintil lo hizo un 72%[1].

En un contexto nacional de relativo control de la propagación de la pandemia, Uruguay, como ya lo mencioné, fue el primer caso de la región y uno de los primeros en el mundo, en optar por la paulatina reapertura de los centros educativos. Este proceso, iniciado a fines de abril, combinó criterios sanitarios y de priorización de población. Se comenzó reabriendo las escuelas rurales, por tener menor cantidad de estudiantes y mayores condiciones para implementar correctamente los protocolos sanitarios. Superada esta primera etapa, se dio prioridad a la reapertura de las escuelas donde asistían niños en mayores condiciones de vulnerabilidad y del último año de la educación media superior, para proteger la continuidad de las trayectorias educativas de los estudiantes. En materia educativa, se puso el énfasis en proteger el vínculo con los estudiantes y sus familias, especialmente con los más vulnerables, y brindarles apoyo socioemocional. Este trabajo fue llevado a cabo por maestras y maestros de todo el territorio, que idearon distintas estrategias durante los últimos meses y a quienes hoy quiero rendir homenaje.

Convencidos de que la experiencia de Uruguay puede colaborar en procesos similares en la región y en el mundo, UNICEF decidió sistematizar la primera parte de este proceso para identificar desafíos y extraer aprendizajes que ayuden a otros países a planificar su reapertura.

 https://www.unicef.org/uruguay/informes/seguimiento-del-retorno-las-clases-presenciales-en-centros-educativos-en-uruguay.

Si bien aún quedan diversos retos pendientes en materia educativa para los próximos meses, como por ejemplo definir la evaluación y el pasaje de grado o mantener la voluntariedad de la asistencia, el camino recorrido hasta ahora, así como el enorme esfuerzo realizado por las autoridades nacionales y locales, toda la comunidad educativa y las familias, merecen ser reconocidos. No se nos olvide, sin embargo, que existirá toda una generación de niños, niñas y adolescentes que será marcada por el cierre de sus escuelas y liceos. Los niños y niñas uruguayas estarán seguramente entre los que menos sentirán los efectos, gracias a los esfuerzos de todos.

Luz Ángela Melo Castilla

Representante de Unicef en Uruguay

[1] ANEP. 2020. Situación educativa en el contexto de la emergencia sanitaria. Encuesta Docente – ANEP.

 

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