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Una gran pizarreada porteña

Segundo paso adelante de la diplomacia argentina y Uruguay en el papel del que oculta

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30 de julio de 2012 a las 00:00

Siempre fue así, lo que pasa es que no nos enterábamos. Estas increíbles piruetas de la Cancillería argentina para complicar las cosas en torno a la licitación para dragar Martín García, ya las habían hecho los diplomáticos argentinos que integran la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP), solo que no nos enterábamos. En agosto de 2011 el presidente José Mujica dijo que en seis meses estábamos dragando para que el canal le dé mayor competitividad a los puertos uruguayos. Ni el gobierno ni la oposición nos advirtieron de cómo en verdad venía la mano.

Un ejemplo: un día, como todos sabían que había una empresa que iba a ofertar menos que Riovia para seguir manteniendo el dragado, los delegados uruguayos y los argentinos en la CARP acordaron realizar un concurso de precios y reducir el dinero que ambos gobiernos pagan. E hicieron el llamado de precios (ver foto del blog). Un día apareció el presidente de la delegación argentina en la CARP, Hernán Orduna (procesado en su país por corrupción) y dijo que no, que el concurso de precios no iba. No dio demasiadas razones.

Está lleno de ejemplos como estos. La nueva movida diplomática es a dos bandas, para decirlo en términos académicos, casi pizarreando. Luego de que medios de comunicación uruguayos informaron que el presidente de la delegación uruguaya en la CARP, Francisco Bustillo, había denunciado un presunto intento de coima de parte de Riovia, el canciller argentino Héctor Timerman telefoneó al uruguayo Luis Almagro y le transmitió su enojo. Pude presenciar personalmente lo dramatizado que estaba Almagro porque lo del dragado se pudiera complicar.

Por eso hizo desmentir a Bustillo y desmintió él, exponiéndose en una actitud absurda porque todos sabían que la denuncia de Bustillo había existido.

Cuando el tema se hizo incontenible en los medios y era ya agitado por sectores de la oposición, Argentina dio un paso al frente y dejó fuera de juego a Uruguay. Fue por pedido de Argentina que se hizo una auditoría de las actas de la CARP en base a las cuáles el Tribunal de Cuentas uruguayo dijo que tenía “dudas”. En su línea de no seguir haciendo olas con el tema argentino, la Cancillería le dio al informe del Tribunal la hipótesis de gravedad mínima, pero Argentina le dio la de máxima y, otra vez, Uruguay fuera de juego.

La estrategia argentina, queriéndolo o no, sigue beneficiando indirectamente a Riovia, como la benefició todos estos años de postergaciones absurdas: la empresa holandesa sigue realizando el mantenimiento del dragado y ahora podrá hacer un juicio si es que la excluyen de la licitación. Al igual que las otras tres firmas precalificadas, Riovia pagó decenas de miles de dólares sólo por el pliego y en los últimos tiempos sus directivos consideraban difícil que la eligieran, producto de la repercusión que tuvo el caso.

¿Es la primera vez que Uruguay aparece como opuesto a la transparencia? No; atiendan a esto otro ejemplo que pasó en silencio en la Cancillería: Timerman también se había molestado por el hecho de que se supiese que fue Argentina quien derribó en la CARP el llamado a concurso de precios para sustituir a Riovia. Entonces le hizo un pedido a Almagro: que dijese que fue Uruguay quien formalizó el cese del concurso de precios. Cuando se le mostró a Almagro el documento de la CARP que llamaba a concurso de precios, el canciller uruguayo cumplió con Timerman y dijo que había sido Uruguay el que lo había frenado.

Una más: en Argentina, impulsado por dos diputados opositores, el caso está en la Justicia; acá no.

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