La crítica tiene toda la intención de una chicana, pero también muchos visos de una verdad. Se trata del persistente propósito del oficialismo por definir a la izquierda opositora con la sigla “FA-PIT”, en el entendido de que el Frente Amplio y el PIT-CNT son lo mismo, una familia que habita en distintas casas pero que tiene idénticos intereses.
Desde la izquierda se esfuerzan por desmentir esa afirmación, pero los porfiados hechos parecen confirmar una y otra vez esa ligazón que, al menos en los últimos años, no necesariamente ha favorecido los intereses del Frente Amplio. El más reciente episodio de esta estrecha pero complicada relación se corporizó este lunes en la plaza Cagancha donde cientos de militantes de la central sindical y de la fuerza política se unieron bajo la desmedida consigna “en defensa de la democracia y contra la corrupción” para protestar contra el gobierno por lo sucedido con el caso Marset.
En las primeras 24 horas luego de conocidas las denuncias de la exvicecanciller Carolina Ache sobre los chats con el exsubsecretario del Interior, Guillermo Maciel, el Frente Amplio asumió una postura moderada en la que, sin desestimar lo grave del asunto, aseguraba su apoyo a la institucionalidad y se comprometía a seguir con calma el desarrollo de los hechos que provocaron la renuncia de dos ministros, un subsecretario y un asesor presidencial. Pero, con el correr de los días, desde la izquierda se intensificaron las críticas al gobierno, mayormente impulsadas por las bases y los sectores más radicalizados del FA, que son, a la vez, los que tienen una particular influencia en los sindicatos.
Así, el Partido Socialista propuso el lunes 5 en la Mesa Política de la coalición que se organizara “una movilización contra la corrupción no más allá de una semana”. Y aunque el presidente del FA, Fernando Pereira, y la mayoría de los sectores consideraron que no estaban dadas las condiciones para esa avanzada masiva, a esa misma hora el presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala, anunciaba una gran “movilización ciudadana contra la corrupción”.
Los porfiados hechos parecen confirmar una y otra vez esa ligazón que, al menos en los últimos años, no necesariamente ha favorecido los intereses del Frente Amplio.
Y, una vez más, el Frente Amplio quedó embretado por sus supuestos aliados sindicales. Es así que, para no malquistarse con el PIT-CNT, el Secretariado Ejecutivo del FA se reunió nuevamente y resolvió adherir a la protesta. De esta manera quedó vinculado a esa movilización callejera a la que la mayoría no quería arriesgarse y que, finalmente, juntó unos pocos cientos de personas en la plaza Cagancha.
No es la primera vez que el PIT-CNT empuja al Frente Amplio a recorrer un camino imprevisto o que no quería transitar. Fue la central sindical la que en 2021 impulsó la propuesta de referéndum contra la Ley de Urgencia del gobierno, iniciativa que recogió las firmas necesarias pero que luego fracasó en las urnas.
El FA terminó apoyando el intento pero lo hizo al precio de tener que echar mano a argumentos de dudosa veracidad durante una campaña en la que alertó sobre privatizaciones y otras consecuencias que no estaban previstas por la ley.
Más tarde, el PIT-CNT incomodó otra vez a la izquierda política con su intento de plebiscitar la reforma de la seguridad social aprobada por el gobierno de Luis Lacalle Pou. Esta iniciativa ni siquiera tuvo al principio el respaldo de buena parte de los sindicatos pero los sectores radicales se impusieron y la central ya está juntando firmas para plebiscitar la derogación junto a las próximas elecciones nacionales.
Buena parte de los dirigentes del Frente Amplio se agarraron la cabeza ante esta decisión que implica, entre otras cosas, bregar por la eliminación del régimen de las AFAP que la izquierda mantuvo durante sus 15 años de gestión.
La coalición opositora resolvió, como mal menor, dejar en libertad de acción a sus sectores para intentar licuar las diferencias que, en este asunto, separan al MPP y a los astoristas –quienes advierten que meter este tema en medio de la campaña electoral es peligroso– de los partidos Comunista y Socialista, más afines a la postura del PIT-CNT.
Incluso en el oficialismo se animan ante la posibilidad de que el plebiscito exhiba las diferencias en la izquierda. “Ah, va a ser un debate maravilloso, estoy con ganas de firmarle para ver si llegan”, ironizó, y no tanto, el senador nacionalista Jorge Gandini.
Volviendo al presente, las repercusiones del caso Marset resultan una evidente oportunidad para que la izquierda empiece a hacer su agosto en plena primavera señalando el zafarrancho en el que incurrió el gobierno.
Claro que todo depende del tono elegido para criticar lo hecho. Porque una violencia verbal desmedida puede jugarle en contra, sobre todo si en la emergencia se hace acompañar por el PIT-CNT, ese aliado problemático que, con sus erráticas estrategias, amenaza con infligir a la izquierda daños colaterales en plena pelea electoral.