El Auditorio Vaz Ferreira es un tesoro escondido. Inaugurada en 1972 y emplazada en el subsuelo del edificio de la Biblioteca Nacional, la sala supo trabajar a aforo lleno hasta los años de 1990, pero luego de su reapertura en 2011 trabajó a media máquina con proyectos de extensión cultural para escuelas, alguna proyección de cine y actividades académicas. La parte musical, hasta ahora, había quedado relegada.
Este año la Cooperativa de las Artes de Uruguay (Cooparte) elevó a la Biblioteca Nacional y a su director, Carlos Liscano, un proyecto para revitalizar la sala. Desde abril hasta octubre se empezaron a programar eventos “para comenzar a aceitar la maquinaria”, según contó a El Observador Gustavo Colman, director artístico de la sala.
En agosto se hizo un llamado público para delinear una agenda y en esa primera etapa pasaron por el escenario eventos como la Gala de Guitarra Negra, el cantautor Diego Rebella presentando su nuevo disco Alaska, y el Festival Internacional Viva el Tango.
A partir del sábado pasado –que tocó la banda de metal Nameless– las actividades en el Auditorio comenzaron a activarse con el objetivo de continuar el impulso hacia el año que viene.
Contar con una programación “es lo que le permite a la sala tener un flujo”, afirmó Colman. “Al tener una actividad interna y no de exposición pública, no tiene una cartelera artística comercial. Y hay ciertos públicos que aun no saben dónde está la sala”.
De hecho, el proyecto prevé además de llenar de música a la sala, tener una proyección hacia afuera. La Comisión del Patrimonio habilitó a la Biblioteca a colocar una pantalla gigante en su fachada, donde además de dar a conocer la programación permitirá transmitir contenidos generados por la sala y una muy restringida publicidad. Sin embargo, la Intendencia de Montevideo propuso un cambio de lugar (de la fachada sobre 18 de Julio a la pared lindera al callejón de la Universidad) para lograr una mayor exposición. Para su instalación aún aguardan la confirmación de los organismos y de manera provisoria se instalará una lona anunciando las propuestas.
Si bien la sala se mantenía en funcionamiento, debió aggiornarse para este nuevo emprendimiento. La producción se asoció con la empresa de audio Altavoz para proveer de nuevas cajas, monitores y una consola. Y el siguiente paso sería adecuar el sistema de luces.
“Nos encontramos con un espacio con una acústica perfecta, con butacas que algunos ven como vintage, pero tienen que ver con la construcción de la sala”, contó Colman.
Su otra gran necesidad es completar la reforma para que su ingreso sea accesible. La sala está a la espera de que los ascensores que ya tiene comprados sean instalados por el Ministerio de Transporte.
El Auditorio tiene un aforo de 400 butacas, una cantidad interesante para bandas emergentes o proyectos pequeños. Y ese es el perfil que está adquiriendo la programación para noviembre y diciembre. “Los ciclos nos parecen vitales”, afirmó Colman. “Muchas de esas bandas y artistas nuevos son las que de alguna manera pueden crecer con la propuesta de la sala”.
Agenda completa
Patricia Papasso es una productora y manager que programó contenidos para la sala. Este sábado comienza su ciclo Aut Out: autores de acá y de afuera, donde músicos locales, además de tocar sus canciones, harán versiones de artistas extranjeros que los influyeron.
“El afuera y el adentro viene un poco por el auditorio. Es una joya que desde afuera no se ve. Nos venía muy bien este lugar para presentar este ciclo. El artista se nutre de lo de afuera, que luego deja de serlo y se transforma en un adentro”, contó Papasso.
El siguiente ciclo lleva el nombre de Esquizodelia de Colección, donde varias bandas que integran el colectivo –y que no participan de su festival anual Peach & Convention– realizarán cuatro fechas en la sala. “Tiene el nombre porque son bandas que por lo general no tienen acceso a tocar en un lugar como este. Me pareció muy interesante mostrarlas en este lugar con un formato y acústica privilegiada”, afirmó la productora.
Además de estos ciclos, la sala recibirá una gran variedad de músicos (ver recuadro). “Hemos contemplado a todos los estilos. Nos falta consolidar un ciclo de música lírica, de cámara o barroca. Para eso tenemos el maravilloso piano Steinway sobre el escenario”, agregó Colman. Asimismo, se plantean recuperar ciclos históricos del Auditorio como Juventudes musicales.
Con este proyecto, la Biblioteca pretende entrar en el siglo XXI y ofrecer, en palabras de Papasso, un “espacio multidisciplinario”. “Ya no es solo buscar un libro”, agregó Colman. “Sucede como en los museos, que cumplen el cometido principal pero que necesitan generar cosas adyacentes, de lo contrario pasa a ser un lugar de muy poco paso”.