Opinión > infancia

Una nena de 12, otra de 16, y las grietas que dejamos que se las traguen

Un bebé muerto, una madre procesada, una hija traumatizada y el efecto niña que podría salvarlas

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31 de agosto de 2019 a las 05:01

No dejo de pensar en la niña de 12 años que le dijo a su mamá “andá que yo me quedo con el bebé (y con mis otros dos hermanos)”. No dejo de pensar en la niña de 16 años que alguna vez fue la mamá de esta otra niña del presente. No dejo de pensar en la herencia maldita que alguien le dejó a la mujer, madre de cuatro hijos, que ahora llora al más chiquito. No dejo de pensar que ella también es portadora de esa herencia y que tal vez ya se la pasó a su hija de 12 y seguramente a sus otros dos niños de 6 y 8 años. Casi como si fuera un mal genético que se puede detectar en un estudio pero ante el que nada se puede hacer.

Un bebé de cinco meses murió mientras dormía, en la madrugada del 25 de agosto y por muerte súbita. Este tipo de muerte en buena parte inexplicable, se repite en hogares de todo tipo y color, en Uruguay y el mundo, y probablemente sea el causante del temor más primitivo que nos despierta a los padres pensar que algo le puede pasar a tu hijo, sobre todo porque no hay nada, casi nada, que puedas hacer para prevenirlo y mucho menos para evitarlo.

Su mamá tenía 28 años. Era su cuarto hijo. Y esa noche ella no estaba en su casa. Estaba en un bar, trabajando. Estaba en un bar, trabajando de puta con un cliente. Decidió aceptar el trabajo porque necesitaba la plata para criar a sus cuatro hijos. A  los 28 años esta mujer tenía la tenencia única de sus cuatro hijos, aunque no hay padre que se haya hecho responsable de su paternidad. 

Antes de considerar siquiera si debió o no salir esa noche, sería mejor preguntarse si eligió o no ser prostituta y si decidió o no ser madre de cuatro hijos desde los 16 años. Porque, aunque no la conozco, podría decir con total certeza que no decidió ni eligió. Hay mujeres y hombres y sobre todo niños que solo tienen derecho a decidir en la letra dura de alguna ley o acuerdo internacional. En este país se puede acceder a métodos anticonceptivos gratuitamente, se puede abortar legalmente y se puede dar a un niño en adopción. En este país se puede trabajar de lo que uno quiere. En este país hay un sistema de ayuda social que le acerca dinero a las familias que, como la de esta mujer, no llegan ni de cerca a para la olla. En este país también hay un sistema de cuidados que se creó para apoyar a personas que, como esta mujer, no tienen en quién apoyarse. 

Pero ninguna de estas herramientas –con sus ventajas y limitaciones- sirvió para evitar que una madre dejara a sus cuatro hijos pequeños solos –como tantos otros padres deben hacerlo un día sí y otro también- y que luego fuera casi que linchada, juzgada desde el alto punto de vista de las redes morales y procesada por la Justicia por no cumplir con los deberes de la patria protestad. Porque hay uruguayos que viven en las grietas de una sociedad que permite estos bolsones del ninguneo. Son miles, no tienen que ver solo con la pobreza y con la indigencia y como mucho, representan un porcentaje en una estadística por la que se pelean los candidatos (“¡Recuerden quién bajó la pobreza!)

Pasaron 2000 años, pero los oráculos de la mitología griega –esos que predecían en general horribles crímenes filiales- también funcionan aquí y sobre todo en estas grietas. Pero hubo mortales, como nosotros, que lograron engañar una y otra vez a los dioses y al oráculo. En estas tierras y estos tiempos, Cecilia Paz es uno de estos mortales y el arma que eligió para derrotar a la supuesta infalibilidad del destino es la educación. 

Esta semana fue premiada por la ONG ReachingU. El liceo en el que es profesora de Idioma Español está en Pintadito, una zona que no tiene agua potable. Esa localidad ubicada en las afuera de Artigas tiene liceo desde hace un año y fue la propia comunidad la que luchó por él. Ahora Cecilia y sus alumnos intentan fabricar dispositivos caseros para potabilizar agua. Sus estudiantes tendrán agua apta para consumir pero ya tienen una red de contención que los hace sentir protegidos, apoyados y, sobre todo, valiosos.

Al final se trata de eso. Si alguien te ve, te mira, te registra, sos persona. Si alguien te ignora una vez y otra también, porque quiere ignorarte tal vez pero mucho más frecuentemente porque nunca te vio aunque pasaste por delante de él mil veces, te condena. 

Hay un fenómeno –y una película, tal vez de ahí te suene el nombre- que se llama “efecto mariposa” y que tiene que ver con la teoría del caos; si querés entenderlo científicamente Wikipedia lo explica bien pero basta con saber que se basa en el poético aleteo de una mariposa y los posibles acontecimientos que puede generar una acción aparentemente tan menor. 

Un leve aleteo más otro leve aleteo son acciones que, una sobre otra, pueden alterar el supuesto destino marcado por lo que pasó antes y hasta por lo que pasa ahora. Hace unos años, una ONG internacional desarrolló una campaña que fue muy exitosa y se hizo viral en base al concepto The Girl Effect (el efecto niña) En el video de 2010 se explica que lo que se hace hoy, ya, ahora mismo, antes de determinada edad, no solo tiene el potencial de cambiar para bien la vida de una niña vulnerable sino la de los hijos que tenga y así sucesivamente. Es una herencia de efectos mariposas que terminan en un efecto ser humano.

La protagonista de este video animado es una niña de 12 años, porque es a esta edad cuando una niña pobre y sin oportunidades está en el límite posible del cambio o de la herencia maldita del más vicioso de los círculos virtuosos (por lo efectivo): la pobreza. Luego, según las investigaciones, es bastante probable que su vida entre en un espiral descontrolado.

Este video se hizo para incentivar las donaciones que podrían ayudar a millones de niñas a salir de ese espiral, porque a los 12 años ya son mujeres para buena parte de este mundo, a los 14 pueden llegar a estar casadas y a los 15 embarazadas. ¿Es esta realidad tan lejana a la que le toca vivir a algunas niñas uruguayas? No lo es, salvo por la cantidad. Claro que hay menos uruguayas que nigerianas o paquistaníes en el límite del efecto niña, pero esas corren el peligro de seguir el camino del oráculo, indefectiblemente. La mamá de la niña de 12 años que vio morir a su hermanito, la mamá del bebé que murió el domingo 25, la prostituta que ese día se fue a trabajar, tenía 15 años cuando quedó embarazada. 

Pero una niña de 12 años tiene aún esperanzas de que el efecto niña sea uno que la impulse hacia una vida que ella sí pueda elegir. Una vida en la sí pueda decidir que quiere seguir estudiando, que quiere ir al médico, que quiere usar métodos anticonceptivos para no tener un hijo cuando todavía es demasiado niña, que quiere tener una familia cuando pueda cuidarla con un salario digno. Y sus decisiones se convertirán en herencias benditas en vez de cargas malditas que nunca nadie le querría dejar a sus hijos.

El video en 2010 terminaba así: 50 millones de niñas en la pobreza es igual a 50 millones de soluciones. En Uruguay, después de un pico histórico en 2003 y 2004, la pobreza disminuyó drásticamente, al igual que los hogares con ingresos suficientes para satisfacer mínimamente sus necesidades alimenticias. En 2018 fueron 8.000 los uruguayos a quienes sus ingresos no les dieron para comprar una canasta básica. 

En estas cifras porosas y algo impersonales, sin embargo, se siguen escondiendo estas situaciones intolerables con las que sin embargo nuestras mentes transan, luego del shock inicial. Y esto no tiene que ver con un partido político. Esto pasó ahora, podría haber pasado hace 15 años y pasará de vuelta cualquiera sea el gobierno que esté al frente del país.

La hermana mayor de esta familia tiene 12 años y con este nuevo dolor se gradúa de la escuela de los ninguneados. Pero para ella hay esperanza, aún y a pesar del horror y el dolor. A ella esta sociedad la puede contener, le puede dar una educación impecable, le puede devolver el cariño de su madre, ojalá que ahora sí con un trabajo que ella pueda elegir. Le puede dar esperanza de que tendrá un futuro en el que no deberá dejar a sus hijos solos para trabajar como prostituta. 

A su mamá, la niña que la tuvo a los 16 años, ¿quién le dará esperanza, quién le dará consuelo, quién le dará tratamiento psicológico para seguir viviendo con el dolor de un bebito que se le murió mientras ellas no estaba? A la madre que fue hija y niña y que quedó encerrada entre las grietas de la omisión, ¿quién le dará una mínima garantía de que sus tres hijos no tendrán que hacer lo mismo que ella hizo y luego culparse hasta el fin de sus días? Por ahora los niños están con un tío. Quién sabe. El reloj hace tic tac tic tac tic tac. Y no para.

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