19 de septiembre de 2014 20:33 hs

En la serie de famosos cuadros de René Magritte, La traición de las imágenes, más conocidos por su inscripción “Esto no es una pipa”, el pintor surrealista apelaba a la diferenciación entre el objeto real y su representación. La semana pasada Cinemateca comenzó a proyectar Esto no es una película, del cineasta iraní Jafar Panahi, y aunque el título de la cinta haga referencia al cuadro, la afirmación parte de un lugar distinto pero no menos irónico.

Porque allí donde Magritte remarcaba la obviedad, Panahi se vale de la literalidad de la prohibición de los censores de su país, que le vetaron la posibilidad de hacer películas por 20 años, para generar un filme que lo retrata durante un día en el encierro casero al que ha sido confinado.

Además de las dos décadas sin poder filmar, Panahi fue condenado a seis años de prisión e imposibilitado de viajar al exterior o dar entrevistas.

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Es una buena noticia que esta cinta, de 2010, la cual ya se había estrenado en 2012 en el 30º Festival de Cine de Cinemateca, vuelva a proyectarse en Montevideo. Porque el filme de Panahi no solo es un ejemplo único en su tipo, sino un potente alegato a favor de la libertad de expresión, a la vez que una ventana hacia una realidad distante, pero actual.

La película, que fue sacada de Irán en un pendrive escondido dentro de una torta y luego llegó a Cannes y a diversos festivales, generó la reacción internacional a favor de la liberación del director, considerado uno de los pilares del cine iraní de las últimas décadas. No obstante, si bien el apoyo extranjero parece haber incidido en que su situación no empeorara, la misma tampoco mejoró.

Panahi, quien también ha desafiado la prohibición de dar entrevistas, recientemente conversó con The Daily Beast e informó que continúa en esa especie de “purgatorio legal” denominado “Ejecución de Veredicto”, lo que implica que puede ser enviado a prisión cuando el gobierno lo disponga (ya estuvo tres meses en la cárcel en 2009, tras los que fue liberado después de su huelga de hambre y de la reacción internacional).

Pese a la prohibición, Panahi realizó incluso otra película en 2013, junto a Kambozia Partovi. La cinta Closed curtain, no estrenada en Uruguay, narra la vida de dos personas requeridas por la Policía que se esconden en una casa del Mar Caspio, la cual en realidad es la casa de veraneo del director. La cinta se llevó el Oso de Plata al mejor guion en el Festival de Berlín.

Triunfo ante la censura

Esto no es una película encuentra a Panahi en su casa un 31 de diciembre, luego de meses sin salir de su hogar y tratando de entender su nueva situación. La cinta se desarrolla entre lo que él registra y las imágenes que filma su amigo, el documentalista Mojtaba Mirtahmasb, que figura como codirector de la cinta.

Panahi desayuna y mantiene una encriptada conversación telefónica, habla con su abogada, atiende a una vecina que le pide que le cuide el perro, escucha un mensaje en el contestador de su esposa que fue a visitar a familiares y cuida a la iguana gigante de su hija, Igi, que se pasea por el refinado apartamento y se convierte, de alguna manera, en una metáfora del encierro que sufre el director.

Pero Panahi no puede con su genio y necesita hacer cine. En su intento de hacerlo dentro de las limitaciones que le impusieron, el creador reflexiona sobre sus propias películas (El globo blanco, El círculo y Sangre y oro) y sobre el cine en general. Pese a la opresión, la ridiculez de la situación da lugar a escenas graciosas, como cuando Mirtahmasb le hace ver que decir “¡Corten!” es delito o la escena en la que Panahi alega que la censura no dice nada de que no se pueda actuar o leer guiones frente a una cámara.

En un momento, el cineasta se dispone a explicar un guion y traza sobre la alfombra la disposición de la escena. El intento lo lleva rápidamente a la derrota: “¿Si podemos contar la película, para qué hacerla?”, se pregunta.

No obstante, lejos de ser derrotado, Panahi triunfa ante la censura con este filme, como también lo hizo la cinta de Asghar Farhadi, La separación, ganadora del Oscar a mejor película extranjera en 2012. Estas películas, junto con otras de Abbas Kiarostami, Mohsen Makhmalbaf y su hija Samira (los tres en el exilio), han servido para convertir al cine iraní en uno de los mejores del mundo. Es notorio que Panahi consiga incluso con una “no-película” sumarse al logro de un país que resiste con un cine cargado de realismo, ficción poética y, sobre todo, mucha valentía.

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