Cat Power interpretó temas de su último disco y apenas algunos de sus hits pasados
Para Cat Power, el sol es un astro oscuro. Podría ser ese cuyo resplandor naranja conduce hacia el crepúsculo y da lugar a la noche cerrada. Algo parece suceder con la luminosidad de su más reciente disco, Sun, que parece absorbida como por un agujero negro cuando ella se presenta en vivo.
El lunes, en La Trastienda, Cat Power subió a un escenario iluminado con focos muchas veces a contraluz o incluso dirigidas más al público que a ella. En esa especie de penumbra recorrió casi por entero el último disco, colando en cuentagotas algunos de sus éxitos versionados. En ellos cambió guitarras acústicas por distorsiones y ritmos cansinos. Temas conocidos de su discografía como The Greatest o I Don’t Blame You sonaron diametralmente diferentes al original.
Fue precisamente con The Greatest, canción que da nombre a uno de sus discos más reverenciados, que empezó todo. Si al principio la gran diferencia con la original podría haber desacomodado al público, su final in crescendo le imprimió a la canción la intensidad y emoción propia de la grabación, a pesar de las restricciones de su sonido minimalista en vivo.
Más adelante, Chan Marshall se ganó al público montevideano dando un volantazo hacia temas si se quiere más “movidos” y hasta casi bailables: su hit Cherokee, las roqueras Silent Machine y Human Being y Manhattan, una oda a los amigos que no están más y a la vez un canto a la ciudad de Nueva York que remata con un aullido a la luna. Una emotiva Bully cortó con el impulso roquero y ofreció un costado más íntimo de su show con la cantante acompañada solo con el piano, mientras muchos asistentes pedían que otros se callaran para mantener la atmósfera. Fue un quiebre en la mitad de un show que luego volvió a las distorsiones: la impresionante interpretación de Metal Heart. Luego, Peace and Love y Ruin, cerraron la noche.
Al contrario de su primer concierto en Montevideo, este recital de la estadounidense pasó sin sobresaltos más allá de algunos accesos de tos –desde su show en Chile se anunciaba que el estado gripal de Marshall amenazaba con arruinar su voz– y de que se olvidó la letra de una de sus canciones. Poco más para reclamar. Eso sí, hubo momentos donde sus temas menos conocidos, como la versión de King Rides By de su tercer disco What Would the Community Think y el cover de Oh! Sweet Nuttin, generaron alguna desconexión con el público de la sala.
Su banda renovada –el único integrante que mantiene es el guitarrista y tecladista Gregg Foreman– sonó muy ajustada e incluso los coros de la guitarrista Adeline Fargier sirvieron muchas veces de apoyo a la cantante, siempre afín a salirse de la melodía e improvisar cadencias diferentes a las originales.
Cat Power volvió para redimirse pero lo hizo a su manera, dejando que los silencios hablaran y que la oscuridad ayudara a que su show brillara todavía más.