La responsabilidad por el daño que puedan causar los productos transgénicos centra este jueves la penúltima jornada de sesiones de la primera Conferencia Mundial de Bioseguridad que, auspiciada por la ONU, se celebra en Kuala Lumpur.
El bloque de los más pobres, que forman uno de los ejes centrales de esta conferencia, quiere un compromiso de responsabilidad por parte de los estados productores de productos transgénicos a la hora de aceptar sus exportaciones.
Es por esto que organizaciones ecologistas y otras asociaciones asistentes a esta conferencia asumieron la bandera de recordar los principales riesgos que entraña jugar a dioses con los alimentos.
El suelo en el que se planta la nueva semilla y las condiciones climatológicas también influyen en el resultado, agregó Gall.
Organizaciones ecologistas como Third World Network o el Grupo ETC han denunciado en Kuala Lumpur en esta conferencia que el uso de la biotecnología ha causado catástrofes medioambientales, como ha ocurrido con el maíz en México y el algodón en la India.
Según un informe publicado por Third World Network, con sede en Malasia, las compañías químicas Mosanto, Delta and Pineland, Pioneer y Syngenta emplean los suelos vírgenes de países como Colombia, Filipinas, Sudáfrica y Zimbabue para probar los efectos de sus últimos descubrimientos biotecnológicos.
Según Greenpeace, ésta es una práctica común en el Tercer Mundo, debido a la inexistencia de mecanismos y leyes que regulen sobre ingeniería genética.
Estados Unidos tiene el 63% de cultivos biotecnológicos del planeta, mientras que países como Brasil, China, Filipinas, Honduras o Sudáfrica no alcanzan en conjunto más del 10%.
Fuentes del Ministerio español de Medio Ambiente precisaron que estos cultivos se llevan a cabo según los procesos de control y calidad estipulados por la UE, y cumplen con todas las disposiciones en la materia.
(EFE)