12 de junio 2023 - 17:22hs

En un intento por bajar a tierra lo que representa podríamos decir que esta nueva “carretera” tendrá más sendas por donde transitarán más vehículos a más altas velocidades y con un tránsito más fluido y seguro, casi sin interrupciones.

La verdad es que aquellos que conecten su avanzado celular a 5G enviarán y recibirán información de forma más rápida, pero, creeme, el verdadero diferencial no termina ahí. Apenas comienza.



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¿Imaginás las terminales del Puerto de Montevideo con todos sus dispositivos conectados al mismo tiempo y entre sí, cargando y descargando contenedores de forma cronometrada, registrando en tiempo real el adecuado funcionamiento de sus grúas y generando un registro automático?

¿O las plantas de celulosa con cada una de las máquinas del proceso operando al compás, con ritmos y tiempos encadenados como una melodía, hasta su despacho?

¿El monitoreo de tu salud de forma constante y sostenida, anticipándose y alertándote sobre desenlaces de riesgo? ¿Una cirugía a distancia donde un robot lleve adelanta la operación junto a un médico que se encuentre del otro lado del mundo?

¿El desarrollo de una ciudad inteligente? No, no estoy relatando “Los Supersónicos” (The Jetsons) de Hanna Barbera.

Es cierto, en las últimas décadas mucho se ha evolucionado a razón de los avances tecnológicos que permitieron el desarrollo de software y dispositivos que ya operan de forma eficiente en generaciones anteriores, como 3G y 4G, pero cuando hablamos de 5G nos referimos a otra cosa.

El director del Laboratorio de Ciencias de la Información, Redes y Comunicación (LINCS) en Francia, Daniel Kofman, lo definió en cinco palabras: “Es un cambio de paradigma”.

“Antes se concebía la red de celular (1G, 2G, 3G, 4G) y luego se veía cómo se usaba, a posteriori, pero ahora se trató de entender qué había que poner en la red a partir de los usos futuros. Eso hace que efectivamente la 5G habilite cosas que van a cambiar estructuralmente diversos mercados”, explicó el especialista, que también lidera el Centro de Tecnologías de la Información y Comunicación para Verticales (ICT4V) en Uruguay.

La 5G llega para atender el exponencial crecimiento de dispositivos conectados a internet, que alcanzará los 50.000 millones a partir de 2025 a nivel global, según previsiones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU). Y son precisamente sus características las que harán posible el salto: logrará conectar hasta 100 dispositivos por m2 de forma simultánea (densidad), que podrán transmitir la información de forma casi inmediata y con un retardo de apenas un milisegundo (latencia). Todo esto representa avances superlativos frente a su predecesora, la 4G.

La presidenta de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones (URSEC), Mercedes Aramendía, destacó que sacarle el mejor provecho requiere múltiples factores: “Necesitás como base conectividad, luego servicios y las personas que quieran usarlos, que necesitan no solo saber cómo sino además tener confianza. A esto hay que sumar equipos que sean asequibles y accesibles”.

El timing uruguayo

El encendido de 5G en Uruguay es cuestión de días. Quien se alista para largar es Antel, que este miércoles recibió la autorización del Tribunal de Cuentas para proceder al primer pago del 25% de los US$ 28 millones que deberá abonar por el uso del espectro que le fue reservado.

La estatal ya cuenta con 100 radio bases desplegadas, con al menos una en cada capital del interior del país, me dijo una fuente el ente bajo condición de anonimato. Tras efectivizarse el pago, URSEC dará luz verde: autorizará y habilitará el uso de la banda. Será entonces cuando Antel empiece a vender su servicio 5G.    

Pero la tecnología está operativa hace años y distintos países llevan trecho recorrido en el asunto, de hecho, en Asia ya se están sentando las bases para el desarrollo de la siguiente generación: 6G. Y aunque diversos medios internacionales especializados destacan a Uruguay como uno de los primeros países en subastar sus frecuencias para habilitar el despliegue de 5G, las opiniones se dividen acerca de si estamos demorados o no.

“Uruguay está atrasado, lo cual llama la atención porque en telecomunicaciones siempre estuvo adelantado. En 5G estamos flojos”, me dijo Kofman y subrayó la importancia desde el punto de vista competitivo y de posicionamiento global. Para el especialista es precisamente esta tecnología la que potenciará las diversas verticales: industria, energía, salud, entretenimiento o automóviles.

Otros sugieren que la 5G fue relegada porque no ayudó el calendario electoral en 2019, el reordenamiento de prioridades con la irrupción de la pandemia en 2020, y el discutido proceso de subasta de dos de los cinco bloques disponibles.

Los operadores Telefónica-Movistar y Claro denunciaron los prolongados tiempos, los altos precios, la falta de intercambio y el hecho de que Antel supiera de forma anticipada qué espectro le sería asignado, obteniendo ventaja a la hora de instalar su infraestructura y lanzar el servicio. Por su parte, la empresa Dedicado -autorizada a vender internet fijo-, reclamó no haber sido habilitada a participar de la puja y operar en 5G.

Aramendía es categórica en cuanto a los tiempos y la transparencia del proceso y destaca que el precio fijado por el Poder Ejecutivo para los bloques respondió a un relevamiento internacional objetivo.

“Uruguay no está atrasado. Hay países que están más avanzados, como Chile y Brasil, que hizo la subasta hace poco y ha empezado a desarrollar; Uruguay va en ese camino”, dijo y destacó que desde 2020 las tres operadoras están realizando pruebas técnicas para verificar el funcionamiento en las bandas disponibles (26 y 3,5) para soportar esta tecnología.

¿Pero cuánto tiempo tomará que 5G tenga una amplia cobertura? ¿En qué lapso deberán desplegar su infraestructura las tres operadoras ya autorizadas?

Según el decreto de la subasta, Telefónica-Movistar, Claro y Antel deben desplegar 70 radio bases cada una en el primer año; en 24 meses deberán tener al menos dos estaciones en un mínimo de diez departamentos, exceptuando Montevideo; y en 36 meses deberán contar con dos estaciones en cada uno de los 19 departamentos.

“Nunca se había establecido obligación de cobertura y despliegue mínima”, destacó Aramendía y explicó que el objetivo es promover que la tecnología se extienda, especialmente a nivel nacional.

Amén de los servicios que ofrecerán las operadoras, el acceso a 5G no quedará limitado a estas. Como ocurre hoy, si una empresa, por ejemplo, quiere acceder a parte del espectro para su uso exclusivo, puede solicitarlo, según prevé la reglamentación vigente. En otras partes del mundo esto se conoce como “red privada virtual”.

Es demandado especialmente por compañías que buscan automatizar sus procesos productivos y requieren el acceso a un red segura y eficiente. “Puede pedir el servicio al operador o puede adquirir la frecuencia al Estado y desarrollar lo suyo propio. En Europa está teniendo mucho éxito porque resuelve una cantidad de problemas”, ejemplificó Kofman.

Un Gran Hermano poco ecológico

Vigilancia e impacto ambiental son los talones de Aquiles de esta joya de la corona. Una interconexión masiva de dispositivos y personas supone mayor comodidad, menores esfuerzos, ahorro de tiempo y mejoras productivas, pero también una mayor exposición, el riesgo de más control y vigilancia, así como un incremento del consumo de energía y su consecuente impacto en el medio ambiente.

Para Kofman, el asunto es extremadamente importante pero no hay que caer en la confusión de ligarlo a la 5G: “La tecnología solo es tecnología, el tema es como se use, eso es lo que hay que regular. La tecnología habilita tanto el Gran Hermano como un montón de cosas positivas, tenemos que decidir cómo implementarlo”.

En este capítulo de vigilancia se inscribe la guerra del 5G entre China y Estados Unidos, con una marea de fondo que es netamente geopolítica entre dos potencias mundiales preocupadas por el espionaje y la propulsión que la tecnología representa en lo productivo y económico para el desarrollo de ambos países y sus zonas de influencia. En este sentido, Uruguay aplica la “neutralidad tecnológica” y la red no demanda tener un único proveedor, por lo cual no hay que fijar exclusividad y pueden coexistir los sistemas.

En otro orden, el aumento del consumo de energía es innegable. Será la otra cara de la moneda. Kofman, que reconoce un incremento de la huella tecnológica en el medio ambiente, propone un análisis global donde se pondere el impacto en todos los sentidos: lo que resta y lo que suma. “Si por un lado va a consumirse más energía, por otro lado, va a ahorrar energía porque vuelve más eficiente los procesos. Hay que mirar las cosas de manera más global y societal”, dijo.

Impuntuales o no, estamos hoy en el umbral de la puesta en marcha de una nueva generación tecnológica que poco a poco -y a ritmo de inversión- irá impulsando desarrollos y materializando cambios en la realidad que conocemos. Los especialistas dicen que será cuestión de un par de años para que se despliegue en todo su potencial, modificando la dinámica de las personas y de las empresas, aportando posiblemente mayor bienestar y productividad, respectivamente. Será otra perfumada rosa que no estará exenta de espinas. 

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