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Vanessa Fleita: la primera bailarina con más años dentro del Ballet del Sodre

Brilla desde hace años en el escenario y su nombre adquiere cada vez mayor relevancia 

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15 de junio de 2019 a las 07:35

Detrás del brillo, los aplausos y los pocos nombres que se conocen popularmente cuando se habla del Ballet Nacional del Sodre (BNS) hay decenas de bailarines que empujan para que toda esa estructura funcione a la perfección. Algunos pocos llevan la posta desde el comienzo de la gestión de Julio Bocca (2010- 2017). 

Minutos antes de oprimir rec, la periodista le habla a la entrevistada sobre lo que hace en el escenario. “Ah, ¿me conocías?”, contesta Vanessa Fleita –oriunda de Paysandú, 31 años– y asegura con una sonrisa tímida que su nombre no es de los más populares dentro del BNS. Pero es una de las tres primeras bailarinas de la compañía, será la única uruguaya con esa categoría cuando María Noel Riccetto cuelgue sus zapatillas y desde hace casi una década comparte su virtuosismo en cada interpretación. 

Con su mirada dulce, su voz aguda y palabras que se concatenan una detrás de otra sin dar respiro Vanessa Fleita atraviesa una pausa de un día corriente de clases en el Sodre. Dice estar luchando para vencer su timidez detrás de escena, aunque arriba del escenario nada pone en duda su seguridad. Cuando encarna sus personajes, que por lo general son maliciosos o sufridos –desde Catalina en Hamlet ruso hasta la viuda en El Quijote del Plata y la bruja en La Sílfide–, Fleita se libera. Aunque para muchos, exponerse ante multitudes sería lo contrario a un refugio, la bailarina cuenta que para ella bailar en el BNS es sinónimo de liberación y que allí disfruta de hacer cualquier cosa en nombre de una construcción, que –dice– no es Vanessa.

Fleita como Catalina en Hamlet ruso

En diálogo con El Observador, el director artístico del ballet del Sodre, Igor Yebra, destacó de Fleita su carisma natural para comunicar y conectar con el público, su técnica, el modo en que logra crear los personajes y la antigüedad que tiene dentro de la compañía. Según él, los roles que mejor se adaptan a la bailarina son aquellos que requieren una exposición de una fuerte personalidad y los que a nivel técnico suponen desafíos muy dinámicos y necesitan explosividad.

En Uruguay el ballet ha crecido exponencialmente en los últimos años en alcance popular, aunque aún sigue siendo una de las expresiones artísticas más ajenas al consumo masivo. Por eso, que el BNS cuente con una figura como Riccetto –que es reconocida incluso por muchas personas que ni siquiera asisten a ver ballet– es importantísimo. 

Pero entre los que disfrutan de este arte con frecuencia, la lista de artistas brillantes es extensa. Y entre primeros bailarines, como Ciro Tamayo, Gustavo Carvalho, Paula Penachio y Alejandro González, Fleita es favorita de varios.

Una vida en puntas

Era diciembre de 2010 y el Ballet Nacional del Sodre estrenaba su primera puesta de El lago de los cisnes bajo la dirección de Julio Bocca. Mientras la tensión entre el telón y el público que copaba la sala Eduardo Fabini crecía, la solista –que minutos después brillaría como Odette y Odile– experimentaba tantos nervios que no recuerda qué hizo sobre el escenario ese día, aunque asegura que fue un disfrute total. “Antes de salir al escenario hice una pausa. Me transporté y fui libre. Creo que ese fue el verdadero comienzo de mi carrera”, expresó Fleita.

Aquellos nervios producto de la inexperiencia se transformaron en un puñado de ansiedades contenidas en un cuerpo que inhala técnica y exhala talento y pasión en cada salida a escena. Pero antes de aquel lago y, para llegar al lugar donde está hoy, Fleita arrancó su recorrido casi que desde la cuna.

La sanducera nació prácticamente en un salón de baile, porque su madre era profesora y dueña de un instituto de danzas españolas y ballet, y ella desde los 3 años comenzó a tomar clases. Recordó que durante sus primeros años en puntas, Eduardo Ramírez –director de la compañía antes de la gestión de Bocca– visitaba frecuentemente la academia y la observaba bailar.

“Mira que Vanessa tiene condiciones, ¿por qué no la mandas a la escuela de danza?, le podría ir bien”, le decía Ramírez a su madre. Y aunque en ese momento la idea de que esa niña dejara toda su vida en Paysandú para ir a Montevideo a estudiar danza parecía lejana, cuando terminó la primaria su familia recibió un sacudón que movió varias fichas. Su hermano padecía cáncer (linfoma de Hodgkin) y tenía que tratarse en la capital. Sus padres vendieron todo lo que tenían y se mudaron los cuatro.

A los 12 años, la vida de Fleita giró 180 grados. Empezó el liceo en Montevideo y en paralelo cursó el primer y segundo año de la Escuela Nacional de Danza (END) del Sodre en un mismo año. Egresó de la institución cultural en 2006 con la medalla premio Elena Smirnova.

Desde su último año como alumna de la END hasta 2010, cuando ingresó como parte del cuerpo estable del BNS, la bailarina realizó suplencias y participaciones puntuales en temporadas o como extra en algunas piezas. “Yo no sabía si seguir estudiando o seguir bailando. Cada vez que decía, ‘me encamino y estudio’ aparecía una audición, iba y quedaba”, recordó la bailarina entre risas y contó que por aquel entonces cursaba profesorado de Biología en el Instituto de Profesores Artigas. 

“En 2010 entró Julio y empecé a tener oportunidades”, dijo Fleita, que entró al BNS como solista y a los dos años ya había ascendido a la categoría de primera bailarina de la compañía. 

De la Vanessa que entró en 2010 siguen intactos el amor hacia la danza, el compromiso y las ganas de absorber todo tipo de aprendizaje. Pero no es la misma. “Lo que tiene la danza es que con cada rol y ballet que hacés y con cada maestro que trabajás ya no sos el mismo. Uno va madurando como persona y eso se nota en el escenario”, reflexionó Fleita.

“Hay ballets que te marcan y hacen que saltes un escalón más alto. De repente, con uno subís un escalón en técnica, con otro en interpretación y con otro te sentís más libre vos”, indicó Fleita.

Ser mamá y bailarina

Difícilmente el ciclo del bailarín dentro de una compañía como el BNS dure mucho más de dos décadas. Es una carrera corta, el artista se retira siendo joven si se lo compara con otros trabajadores uruguayos y, si padece una lesión importante, puede llegar incluso a abandonar antes. 

Los años de esplendor de un bailarín difícilmente se alejen de objetivos que no tengan que ver con la evolución dentro de la danza. En ese sentido, quienes eligen ser madres mientras están en pleno auge de la carrera son minoría. 

“Sin duda hay quien pone la carrera primero y está perfecto, va en cómo cada uno quiera vivir su vida. Cuando me llegó la noticia le di para adelante y la tomé por el lado positivo de que era joven y me iba a recuperar rápido”, dijo Fleita, quien a un año de ser primera bailarina (2013) fue mamá de Dahia. 

El cuerpo es fiel amigo de la costumbre. Para un bailarín que trabaja casi todos los días de su vida con cada una de sus articulaciones, una pausa de semanas o meses puede suponer un problema. Sobre su recuperación tras la cesárea, Fleita admitió que fue un proceso difícil. “Normalmente la bailarina es laxa y flexible, pero no es mi caso al 100%. Yo soy una bailarina de trabajo. En ese sentido me costó bastante volver. Fue doloroso, sobre todo, cuando uno tiene ansiedad pero el cuerpo no está listo. A los huesos les lleva un tiempo recuperarse”, expresó. 

Desde Bocca hasta Yebra

“Uno entra a la compañía joven y tiene que hacerlo con las orejas y ojos bien abiertos para tratar de absorber todo eso que la gente experimentada te puede dar”, opinó Fleita. También cree que, a diferencia de cuando ella ingresó, los nuevos bailarines están llegando con un nivel bastante alto, por lo que la dinámica de trabajo es distinta a la que tenían en la época de Bocca.

Según Fleita, ahora se baila mucho más que antes, cuando había menos producción y más tiempos de ensayo. “Ahora nuestra escuela es el escenario y está bueno que sea así. Te vas haciendo bailando”, subrayó la artista.

La bailarina cuenta que no prefiere a un director por encima de otro y que ambos tienen perfiles tan distintos que complementados serían la perfección. De los años de Bocca, Fleita rescata el profesionalismo, el nivel de exigencia y la certeza de que nunca es suficiente. Asegura que gracias al ritmo de trabajo que marcó el argentino la compañía llegó al nivel en el que está.

“En aquellos momentos los bailarines teníamos que seguir el ritmo de crecimiento porque eso era lo que marcaba que se permaneciera. Ahora es una cuestión de nivelar. No digo que no se siga apostando a más, pero se ha llegado a un punto donde hay que mantenerse, y eso supone un esfuerzo importante”, agregó.

Elenco
El BNS cuenta con 50 bailarines en el cuerpo de baile, siete solistas y seis primeros bailarines entre los que están Gustavo Carvalho y Paula Penachio, de Brasil; Ciro Tamayo, de España, y María Noel Riccetto, Alejandro González y Vanessa Fleita, de Uruguay.
 
El reconocimiento

Fleita es cara del afiche de Noche francesa, el espectáculo del BNS que irá del 22 al 29 de junio. “Siempre me costó un poco verme pero he estado trabajando bastante en aceptarme”, dijo. De todas formas señaló que le gusta que la gente comience a asociar los rostros de los bailarines de la compañía.

Al hablar del BNS puertas afuera, los nombres que resuenan son Bocca y Riccetto, pero el maestro ya no está y en unos meses la bailarina tampoco. Entonces, el público tendrá que ir haciéndose de nuevos personajes que copen la escena. Y la misión de todo primer bailarín y los solistas es, según Yebra, “aspirar a ser referentes, sobre todo, en una compañía como esta que tiene la particularidad de estar en un país pequeño”.

Pero el director dejó claro que se trata de que cada bailarín marque su propio recorrido. No existen herederos ni reemplazos.

“Creo que esos referentes se van dando naturalmente y es la gente la que los elige. Obviamente cuando viene un personaje como María (Riccetto), que tuvo una carrera brillante y que aporta todo eso que ella es y que representa a Uruguay, es importante que la gente la conozca”, marcó Fleita.

“Somos un montón, es normal que la gente no pueda aprender el nombre de todos los bailarines y creo que ahora les va a tocar conocer a otros. Cuando Julio me dio la categoría de primera bailarina me dio una carta que decía: ‘Ahora cada una tiene que obtener su público’. Y de eso se trata. Es relindo cuando una persona dice ‘me gustaría ir el día que baila fulanito’”, reconoció la bailarina.

Creación

Fleita –que en principio hará de Serenade en La suite en blanc y de molinera en El sombrero de tres picos (ambas piezas conforman Noche francesa)– contó que le encanta el proceso de creación de sus interpretaciones. Afirmó que le gusta nutrirse de varias fuentes, por lo que mira películas, varias versiones del mismo ballet y lee libros que incluyan la historia de su personaje, hasta que luego de buscarlo internamente encuentra su propia interpretación.

Fleita como viuda en El Quijote del Plata

La misma bailarina que mientras la fotografían hace poses y exclama, “ay, me puse cursi”, cuenta sin tapujos lo enamorada que está de la danza: “Vivo el presente como un regalo. Fluyo dentro de amar lo que hago y de poder ser feliz haciéndolo”.

Más allá de que estudia en la facultad de Química y para salir del molde cada tanto practica artes marciales, Vanessa Fleita no concibe un futuro que no incluya la danza. Uno de sus principales objetivos es evolucionar a partir de su vocación de bailarina. “Ya sea dar clases o hacer coreos, me gusta tocar el piano también. Pero algo artístico tengo que hacer porque no sé vivir de otra forma”, concluyó.

Noche francesa

Noche francesa

Del 22 al 29 de junio se desarrollará Noche francesa, un título que reúne Suite en Blanc y El sombrero de tres picos (con diseño de vestuario y escenografía de Pablo Picasso). Las entradas están en venta en Tickantel y van desde los $ 60 hasta los $ 950.
 

 

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