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Vázquez, su tumor y una transparencia que es ejemplo para el mundo

La salud de los presidentes, y de los presidenciables, es un asunto que trasciende la vida privada de esas personas y pasa a ser un asunto de Estado que debe ser informado

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21 de agosto de 2019 a las 12:46

Valiente. Sensible. Acertado. Empático. Así calificaron los expertos en comunicación las declaraciones del presidente Tabaré Vázquez de este martes, en las que anunció que tiene un tumor de apariencia maligna en uno de sus pulmones.

Es así. El presidente cumplió con el manual de comunicación a la perfección. Pero además dio una lección de transparencia y de responsabilidad republicana que vuelve a dejar a Uruguay como ejemplo para el mundo. En algunos países de la región volvieron a mirar para aquí con envidia al ver cómo un presidente uruguayo manejaba con mucha seriedad institucional un asunto extremadamente complejo.

Pero no solo el presidente actuó de la mejor manera que podía hacerlo. Su médico personal, Mario Zelarrayán, obviamente que autorizado por Vázquez, fue mucho más allá y dio todos los detalles que los periodistas le preguntaron. Lo hizo además con una claridad y una transparencia claves para que no quedara ningún tipo de dudas. Atendió a decenas de medios, no se molestó con ninguna pregunta, dijo todo lo que podía decir, incluso cuando en varios aspectos hay cosas que no están claras porque el diagnóstico no está terminado.

Parece raro tener que marcar estas cosas como un valor. Pero si uno mira a la región –e incluso a algunas actitudes de los políticos uruguayos en el pasado– no lo es.

En varios países de América Latina los problemas de salud de los mandatarios se han manejado como secreto de Estado. Al hacerlo así, le están negando a la ciudadanía información sustancial. Pasó en Venezuela con Hugo Chávez, en Cuba con Fidel Castro y hasta en Argentina con Cristina Fernández. No es sano el ocultamiento porque lleva a especulaciones y trascendidos que generan mucho más daño que la verdad, por dolorosa que sea. 

Hay otros países de la región en la que sí se ha actuado con transparencia. En Brasil, tanto Lula Da Silva como Dilma Rousseff informaron con claridad de sus enfermedades en 2009 y 2010. En Colombia, Juan Manuel Santos hizo una presentación muy similar a la de Vázquez este martes cuando en 2012 informó que tenía un tumor en la próstata. 

La salud de los jefes de Estado es algo clave que deja de ser parte de la vida privada de esa persona. Cuando alguien elige ponerse al frente de un país, sabe que relega parte de su intimidad. Porque la salud de esa persona puede generar impactos en la vida de los ciudadanos. 

Hace un par de campañas electorales que en El Observador abordamos el asunto de la salud de los presidenciables. Les pedimos que nos envíen un reporte certificado por sus médicos de cómo se encuentran.

En la campaña pasada ese asunto generó molestia en algunos de los candidatos. El propio Vázquez, que contestó con una escueta carta de su médico, me enteré mucho tiempo después que se molestó profundamente con las preguntas del diario. Entendió que como él era el candidato con más edad, y en función de que había ciertos rumores en el ambiente –a los que el diario nunca se plegó– sobre su estado de salud, se buscaba atacarlo con esa nota. Nada más lejos de nuestras intenciones.

Cada candidato, al igual que lo que sucede en esta campaña, está libre de contestar o no las preguntas de los periodistas sobre cualquier tema. Y es entendible la sensibilidad en un asunto como el de la salud personal. Los periodistas preguntamos porque creemos que el estado de salud de los postulantes, los antecedentes personales y familiares, así como las enfermedades prevalentes, son asuntos que la ciudadanía debería conocer antes de emitir su voto.

Si un candidato contesta o no es una decisión personal. De ninguna manera se busca atacar a nadie.

Vázquez demostró con la actitud de esta semana que tiene clarísimo que, al ser presidente, no es una opción ser opaco en el manejo de esa información. Y esa transparencia deja muy bien parado a un país que en muchos aspectos sigue teniendo una democracia modelo.

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