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7 de febrero de 2012 22:23 hs

La aventura de Defensor Sporting en el Grupo 7 de la Copa Santander Libertadores comenzó con un terrible cachetazo. La lucha por habilitar el Franzini, la apuesta a consolidar a los jóvenes del club, el debut del entrenador y la gran ilusión de los hinchas fue golpeada por un rival que tiene una cara diametralmente opuesta.

Vélez Sarsfield está consolidado desde el aspecto social con 33.000 personas que brindan un respaldo institucional. Tiene dinero para contratar, lleva cuatro años con un mismo entrenador y tiene una base de equipo consolidada.

De pronto, la diferencia de 0-3 en el marcador puede resultar excesiva. Pero Vélez fue contundente y demostró conocer claramente este oficio.

El primer tiempo estuvo marcado por los errores y las distracciones defensivas de Defensor. El equipo fusionado llegó una sola vez y fue a los 30 segundos de iniciado el juego cuando Nico Olivera no pudo aprovechar bien un desborde de Federico Pintos.

Después el violeta se limitó a un par de remates que resolvió bien el arquero argentino Marcelo Barovero. El resto fue todo de Vélez. De pronto sin claridad o el peso ofensivo que le permitiera complicar. Pero fue el dueño de la pelota y lentamente comenzó a inclinar la cancha.

Vélez contó con la complicidad de un Defensor que fue lento y reiterativo en los centros a Risso, siempre bien defendido por los centrales argentinos.

El primer aviso de la V fue a los 11’ con un remate cruzado de Óbolo que desvió el arquero violeta. En el tiro de esquina, Domínguez ganó por arriba y el Torito Rodríguez la sacó de la línea.

El curso del juego transcurrió con Vélez dominando la pelota y, sobre todo, anulando el circuito futbolístico violeta.

Hasta que un error de Defensor le costó carísimo. Fleurquin la tiró atrás para Irrazábal que en lugar de pegarle la tomó con la mano y el juez Osses cobró falta técnica. Ejecutaron, pegó en la barrera, la jugada siguió, Alemán no pudo restar y Ramírez con remate bajo decretó la apertura.

El primer cuarto de hora del segundo tiempo mantuvo las mismas características del juego: partido nivelado con Defensor sin claridad y Vélez haciendo negocio.

Recién a los 14’ despertó la viola con un cabezazo de Fleurquin que sacó Barovero. A los pocos minutos, lo volvió a tener Alemán. Por un instante Defensor ilusionó con el empate, pero el físico y la alta temperatura con que se jugó pasó factura. Entonces Vélez tomó la pelota y empezó a manejarla lejos de su área. Controló el partido y fue paciente a la espera de su oportunidad.

A 10’ del final, Óbolo terminó sentenciando esta historia libre de marcas tras una pelota quieta. Para colmo, cinco minutos después Domínguez sacó un zapatazo de tiro libre y la colgó del ángulo decretando la goleada.

¿Fue excesivo? ¿Fue demasiado el castigo para Defensor? Tal vez sí. Pero la superioridad de Vélez quedó claramente reflejada en el manejo que tuvo del trámite del partido y en su oficio para saber esperar el momento para sentenciarlo.

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