17 de octubre de 2022 10:45 hs

El secretario general del Partido Comunista de China (PCCh) y líder del gigante asiático, Xi Jinping, inauguró el XX Congreso partidario, afianzándose como como la figura más influyente de China desde la desaparición de Mao Zedong.

En un discurso televisado que duró una hora y 45 minutos, el líder reivindicó la política de cero covid que ha frenado el crecimiento económico chino, y con la que ya hay muestras de hartazgo social.

También advirtió que no dudará en el uso de la fuerza en caso de que se intente la independencia de Taiwán, a la que reivindicó como parte de China.

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Eludió, en cambio, referirse a la guerra en Ucrania y de hacer cualquier crítica a la actitud del gobierno de Vladimir Putin, a quien considera socio estratégico.

Ovacionado por los 2.296 participantes reunidos en el Gran Salón del Pueblo de Beijing, frente a la Plaza de Tianamen, se prevé que Xi, de 69 años, sea reelegido.

El congreso durará hasta el 23 de octubre y se desarrollará en buena parte a puertas cerradas, según destacó la agencia AFP.

En esas deliberaciones también se elegirán los 200 miembros del Comité Central, los 25 integrantes del Buró Político y el Comité Permanente, la máxima instancia de decisión del país. Recién al fin de estas este proceso cuidadosamente preparado se sabrá si hay algún cambio.

"Los próximos cinco años serán cruciales", comentó Xi, al relanzar su eslogan del "rejuvenecimiento de la nación china", que incluye la reactivación del papel del partido como líder económico y social, y que hace referencia a lo que Xi considera una “época dorada” tras su toma de poder en 1949 por parte de los comunistas.

Xi Jinping, de 69 años, pidió "unidad" y defendió su política de lucha contra el covid-19 y la corrupción.

El congreso llega "en un momento crítico en el que todo el partido y la población de todos los grupos étnicos se embarcan en un nuevo viaje para construir un país socialista desarrollado", dijo Xi.

"La unión hace la fuerza, y la victoria requiere de unidad", apostilló.

También defendió su manejo de dos cuestiones muy delicadas para Beijing: las protestas prodemocracia y posterior represión en Hong Kong, que en su opinión pasó "del caos a la gobernanza", y las tensiones por Taiwán.

Xi denunció la interferencia de "fuerzas externas" en esta isla con un gobierno autónomo y advirtió que China "jamás renunciará al uso de la fuerza" para reunificarla.

"Intentaremos buscar la perspectiva de una reunificación pacífica con la mayor sinceridad y los mayores esfuerzos, pero no nos comprometeremos jamás a abandonar el recurso de la fuerza", aseguró.

Bajo los aplausos de los delegados, Xi enfatizó igualmente que "la influencia internacional de China, su atractivo y su capacidad para moldear el mundo han aumentado significativamente".

El congreso quinquenal se lleva a cabo en medio de fuertes medidas de seguridad y bajo un estricto protocolo de "cero covid".

El mantenimiento o no de esta política era precisamente una de las cuestiones que rodeaba el cónclave ante los estragos cotidianos y los problemas económicos causados.

Sin embargo, Xi defendió con firmeza esta estrategia que, según dijo, puso "en primer lugar a la población y sus vidas".

China ha "protegido la seguridad y la salud al más alto nivel y conseguido destacados resultados positivos al coordinar el control y la prevención de la epidemia con el desarrollo económico y social", señaló.

El cuasi aislamiento que China se impone respecto al resto del mundo y los repetidos confinamientos, ahogaron el crecimiento de su economía, que este año puede ser el más débil en cuatro décadas a excepción de 2020.

También hay signos de  fatiga social, como una inusual protestas en el centro de la capital china donde apareció un carteles donde se llamada a derrocar al "dictador traidor Xi Jinping".

Campaña anticorrupción

En su discurso, Xi alabó también su campaña anticorrupción, considerada por algunos críticos como una herramienta para eliminar a sus rivales internos y consolidar su poder.

"La lucha contra la corrupción consiguió una victoria aplastante y se consolidó de manera exhaustiva, eliminando graves peligro latentes en el seno del partido, del Estado y del ejército", dijo.

Según cifras oficiales, al menos 1,5 millones de personas fueron sancionadas por esta campaña lanzada por Xi al llegar al poder en 2012.

Aunque su discurso estuvo principalmente centrado en la política interior, Xi afirmó que China "está totalmente opuesta a cualquier forma de hegemonía" y "se opone a la mentalidad de Guerra Fría". No hizo ninguna mención a las tensiones con Estados Unidos ni a la guerra en Ucrania.

Y de cara al próximo mandato, el presidente de uno de los países más contaminantes del planeta se comprometió a "promover activamente" la lucha sobre el cambio climático.

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