18 de mayo 2024
Dólar
Compra 37,45 Venta 39,65
10 de marzo 2023 - 14:30hs

Xi Jinping obtuvo un histórico tercer mandato como presidente de China luego de que la Asamblea Popular Nacional (APN), el órgano legislativo del país, formalizará su designación mediante una votación en la que le brindó su respaldo total y ratificó su condición de líder más poderoso en décadas.

El resultado de la votación de los diputados fue inapelable: 2.952 votos a favor, cero en contra y ninguna abstención. La votación fue celebrada con un sonoro aplauso de los parlamentarios reunidos en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing.

Durante la ceremonia, diseñada para consolidar la legitimidad del proceso, Xi se acercó al centro del estrado y posó su mano izquierda sobre la Constitución del país que tres soldados habían colocado en un pupitre, para jurar con el puño derecho en alto su tercer mandato.

Más noticias

"Juro ser leal a la patria y al pueblo, y trabajar duro en la construcción de un gran país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, más civilizado y armonioso", dijo Xi en su juramento, transmitido por todos los canales de televisión del país.

La Asamblea Popular Nacional también eligió al hasta ahora viceprimer ministro Han Zheng, como vicepresidente en lugar de Wang Qishan, y a Zhao Leji como presidente del comité permanente del Parlamento.

Como resultado de la designación, Xi se convertirá en el dirigente con más años en el poder en la historia reciente del gigante asiático. Cercano a los 70 años de edad, cuando termine su tercer mandato podría incluso aspirar a otro lustro como presidente si ningún sucesor creíble emerge en ese tiempo.

Cuando llegó al poder en 2012, algunos predijeron que sería el líder más liberal del Partido Comunista de China (PCCh) por su perfil discreto y su historial familiar. Más de diez años después, la realidad parece bien distinta. Según los analistas, reelegido en octubre al frente del PCCh, Xi se erigió como el dirigente más poderoso desde Mao Zedong.

Aunque su familia integraba la élite del partido, Xi no parecía destinado a la posición alcanzada. Su padre, Xi Zhongxun, fue un héroe revolucionario que alcanzó el cargo de viceprimer ministro, pero cayó en desgracia durante la Revolución Cultural de Mao. De un día para otro, el ahora presidente y su familia perdieron su estatus, al punto que una de sus medio hermanas se suicidó por las persecuciones.

Con 15 años, fue enviado al centro de China, donde pasó años cargando cereales y durmiendo en cuevas. "La intensidad del trabajo me impactó", reconoció en alguna ocasión. También participó en sesiones en las que debía denunciar a su propio padre, según explicó en 1992 al diario The Washington Post. "Incluso si no entiendes, te fuerzan a entender. Esto te hace madurar antes", contó en esa oportunidad.

Antes de entrar al PCCh, su solicitud fue rechazada varias veces por su legado familiar. Fue así que su recorrido político comenzó desde muy abajo, como jefe del partido en un pueblo en 1974, para luego llegar a gobernador regional de Fujian en 1999, líder provincial del partido en Zhejiang en 2002 y más tardes en Shanghái, ya en 2007.

Entretanto, su padre fue rehabilitado en la década de 1970 tras la muerte de Mao, lo que reforzó su posición. En el plano personal, Xi se divorció de su primera mujer para casarse en 1987 con la popular soprano Peng Liyuan, entonces más conocida que él.

Según sus biógrafos, Xi siempre se consideró heredero de la revolución. En 2007 fue nombrado en el comité permanente del Buró Político, el máximo órgano de decisión de China, y cinco años más tarde llegó a la cumbre, reemplazando a Hu Jintao.

Según los analistas, su trayectoria no hacía presagiar lo que vino después: la represión de movimientos civiles y de las libertades académicas, además de los presuntos abusos durante su gobierno de los Derechos Humanos en la región de Xinjiang y una política exterior mucho más agresiva que la de su predecesor.

En lo inmediato, Xi enfrenta importantes desafíos, como motorizar el crecimiento económico, encontrar respuestas a los desafíos demográficos y sortear las dificultades que registra desde poca antes de la pandemia el sector inmobiliario, entre otros.

La desaceleración económica será sin duda un tema central. La segunda economía del mundo, acostumbrada durante mucho tiempo a ritmos de crecimiento elevados, vio crecer su Producto Interno Bruto (PIB) solo un 3% en 2022, debido a las restricciones sanitarias por la política anticovid y a la crisis inmobiliaria.

Para 2023, el gobierno tiene como objetivo alcanzar una expansión del PIB de alrededor del 5%, uno de los niveles más bajos en décadas. Sin embargo, según algunos análisis, la decisión de Xi de rodearse exclusivamente de fieles colaboradores para su tercer mandato podría hacer que favorezca la ideología a costa del crecimiento.

Si esperaba hacer del consumo el nuevo motor de la economía, aún no lo consiguió. En cuanto al concepto de "prosperidad común", que supuestamente debía reducir las diferencias de riqueza entre la población, Xi parece más cauto en sus declaraciones de los últimos meses.

En el plano internacional, Xi deberá lidiar especialmente con Washington, relación bilateral que se tensó debido a la competencia tecnológica y comercial, el tema de los Derechos Humanos e, incluso, por el origen del Covid-19. La relación que se deterioró todavía más desde el comienzo de la guerra en Ucrania.

Una visita del secretario de Estado estadounidense Antony Blinken, prevista para febrero, fue aplazada a última hora después que el gobierno del presidente Joe Biden derribara un globo chino que, según Washington, Beijing habría utilizado con fines de espionaje, algo que China niega. Desde entonces, las tensiones siguieron aumentando.

El martes pasado, el ministro de Relaciones Exteriores Qin Gang advirtió del riesgo de "conflicto y confrontación" si Washington no cambia de rumbo, y el propio Xi hizo una inusual crítica directa contra las autoridades estadounidenses, acusándolas de arrastrar a los países occidentales a "una política de contención, de cerco y de represión contra China".

De hecho, las relaciones con los Estados Unidos se encuentran en su momento más bajo en décadas en el marco de una agenda que también incluyen el estatus de Taiwán, territorio que Beijing reclama como propio. En este contexto, Xi denunció esta semana la "política de contención, cerco y represión contra China" aplicada por los "países occidentales encabezados por los Estados Unidos" que "trajo severos desafíos sin precedentes para el desarrollo" del país.

"Vamos a ver una China más segura de sí misma en la escena internacional, que afirmará su discurso de forma más pronunciada", al tiempo que intentará "reducir su dependencia hacia el resto del mundo", evaluó Steve Tsang, del instituto SOAS China en Londres, en declaraciones a la agencia de noticias AFP.

"Es un hombre de fe. Para él, dios es el Partido Comunista. Y el mayor error que comete el resto del mundo es no tomarse en serio su fe", escribió el sinólogo estadounidense Kerry Brown con relación a lo que Xi suele llamar “el sueño chino” y "el gran rejuvenecimiento de la nación china”.

"Yo discuto la visión convencional de que Xi busca el poder por el poder", dijo a AFP Alfred Chan, autor de un libro sobre la vida de Xi. "Diría que anhela el poder como un instrumento para cumplir su visión", agregó Chan.

"La caída de la Unión Soviética y del socialismo en el este de Europa fue una gran conmoción para Xi”, estimó Adrian Geiges, otro sinólogo que estudió la trayectoria del mandatario. Según Geiges, Xi considera que el hundimiento del bloque soviético fue producto de la apertura política.

"Decidió que algo así no debe ocurrir en China. Por eso quiere un liderazgo fuerte del Partido Comunista, con un líder fuerte. Realmente tiene una visión sobre China: convertirla en el país más poderoso del mundo", consideró Geiges.

Temas:

Xi Jinping china Estados Unidos Rusia Ucrania

Seguí leyendo

Te Puede Interesar