Cargando...
La vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, junto al presidente Alberto Fernández

Mundo > PERONISMO

Ya es guerra abierta la desavenencia entre ajustadores y gastadores en el gobierno argentino

La exmandataria Cristina Fernández de Kirchner le puso un freno al afán fiscalista del ministro Martín Guzmán, que está en plena negociación con el FMI

Tiempo de lectura: -'

10 de mayo de 2021 a las 05:01

La pelea entre ajustadores y gastadores –un clásico de la economía argentina– está explotando en estos días con una fuerza inusitada, pero hay un detalle que la hace diferente a experiencias anteriores: no se trata de una pelea entre el gobierno y la oposición, sino en la interna de la propia coalición peronista.

Ocurre que el ministro de Economía, Martín Guzmán, tiene que renegociar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pagarle un vencimiento de US$ 2.400 millones al Club de París y tratar de posponer vencimientos por unos US$ 7.000 millones, sin contar con la necesidad de rollear su abultada deuda en pesos en el mercado interno.

Al ministro se le hace cada vez más cuesta arriba cumplir sus obligaciones sin caer en default y el mercado doméstico le pide tasas de interés cada vez más altas, en una demostración de que no confía en que la actual estabilidad financiera pueda sostenerse todo el año. En definitiva, sabe que tiene que mostrar las señales que se le exigen a todo ministro de economía en crisis: voluntad de equilibrar las cuentas fiscales.

Guzmán, que en los próximos días volverá a verse cara a cara con Kristalina Georgieva y los técnicos del FMI, quiere ser convincente sobre su vocación fiscalista. Después de haber destinado el año pasado 3,5 puntos del PIB a los programas de asistencia a afectados por la pandemia (prácticamente financiados por emisión monetaria pura del Banco Central), este año se propuso bajar el déficit fiscal primario al 4,5% del PIB.

Para lograr este objetivo, el ministro prácticamente debía dejar en cero la ayuda social a los afectados por covid-19, asegurarse que hubiera ajustes de las tarifas de los servicios públicos que venían “planchadas” y fomentar la economía para incrementar la recaudación fiscal. Guzmán llegó incluso a insinuar que ese déficit de 4,5% –que en el mercado sigue siendo percibido como excesivo– podría tener una disminución adicional si la economía acelera su recuperación. De hecho, el ministro corrigió al alza su previsión inicial de crecimiento, que era 5,5%, y la llevó al 7% del PIB.

Con un dólar cumpliendo su tradicional función de “ancla” de los precios, el principal desafío de Guzmán consistía en que no se le disparase la inflación. Y en medio de esa pulseada logró algo que hubiera sido imposible para un gobierno no-peronista: las jubilaciones y los salarios públicos se transformaron en una variable de ajuste fiscal, al aumentar sistemáticamente por debajo de la inflación.

El kirchnerismo le pone un freno al ajuste

El ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán, junto al presidente Alberto Fernández

Al kirchnerismo duro no le agradaba el estilo ni las medidas de fondo del ministro, pero debían reconocer que había tenido éxito en dominar al dólar, un requisito político fundamental en un año en el que hay elecciones legislativas.

Además, celebraban el golpe de suerte que significó el boom de los precios internacionales agrícolas, que hizo que el complejo sojero estuviera en condiciones de aumentar su aporte en más de 30% y garantizar un saldo de balanza comercial con un superávit de US$ 15.000 millones.

Pero de pronto el panorama cambió. La irrupción de la segunda ola de covid hizo que volvieran las medidas restrictivas para la economía y que el recorte de los planes de asistencia ya no fuera sostenible políticamente.

Y, por otra parte, si bien es cierto que hay rubros de la economía que están en fuerte recuperación, como la construcción, los datos muestran que los sectores de menores ingresos no logran mejorar su situación ni mejorar los niveles de consumo.

Es por eso que los estrategas kirchneristas empezaron a quejarse de que había demasiadas medidas pensadas para aliviar la presión impositiva sobre la clase media y que faltaban medidas redistributivas que hicieran permear la mejora económica en los sectores más postergados del conurbano bonaerense, ahí donde está la base electoral kirchnerista.

De esa forma, lo que al principio empezó como críticas disimuladas y en voz baja, terminó transformándose en un enfrentamiento abierto: en el kirchnerismo ya no quieren saber más nada con los gestos fiscalistas de Guzmán. Y la encargada de transmitirlo fue la mismísima Cristina Fernández de Kirchner, que una vez más dejó en una posición incómoda al presidente Alberto Fernández.

Primero, cuando Guzmán quiso echar a un subsecretario de energía que se oponía a ajustar las tarifas eléctricas, la exmandataria apoyó al funcionario cuestionado y argumentó que no había condiciones sociales para pensar en un ajuste tarifario.

Luego, en una nueva demostración de su astucia política, hizo un encendido elogio del discurso del presidente estadounidense Joe Biden –quien abogó por el estímulo estatal a la reactivación económica y además defendió el cobro de impuestos extraordinarios a los ricos en una situación de excepción–.

La inspiración K: el discurso de Biden

Cristina planteó que sus críticos quieren caracterizarla como cercana a postulados económicos como los que llevaron a la crisis venezolana o a posturas de tinte autoritario como las del gobierno ruso, cuando en realidad ella no hace más que plegarse a la filosofía de la emergencia que se aplica en Estados Unidos.

Bajo esa premisa, el kirchnerismo planteó que cualquier mejora que se produjera en el ingreso de la caja fiscal no debía ser utilizado para achicar el déficit, sino canalizado a programas de estímulo de la actividad y para financiar programas de asistencia social.

Por otra parte, está ganando impulso una nueva reforma tributaria en la que se espera que sectores con “rentas extraordinarias” hagan un incremento en su aporte mediante una suba en la alícuota del impuesto a los Bienes Personales –que ya había tenido un incremento hace dos años–.

Pero por si faltaba una prueba sobre la intención del kirchnerismo por desautorizar a Guzmán, ocurrió en los últimos días con el debate sobre el aporte del FMI a los países en problemas. El organismo aprobará una capitalización, que implicará un refuerzo en las reservas internacionales de sus países miembros. A Argentina le tocará una suma superior a los US$ 4.000 millones, supuestamente para reforzar la posición del Banco Central y, de esa forma, bajar la inflación y el nivel del riesgo país.

En otras palabras, Guzmán quiere usar ese dinero para saldar deudas. Pero los parlamentarios kirchneristas, con la bendición de Cristina, ya avisaron que ese dinero extra va a tener como destino prioritario la reactivación de la economía y la financiación de planes de asistencia social.

La incomodidad de Guzmán –y la del propio presidente Fernández– es cada vez más evidente, dado que en el mercado financiero se empieza a hablar de pérdida de autoridad y de credibilidad, y los reportes de los bancos de inversión especulan abiertamente con su salida del gobierno.

No es precisamente el mejor momento para sentarse a negociar con los duros técnicos del FMI que, como siempre, piden gestos de disciplina fiscal como condición para alivianar el cronograma de pagos. Sin embargo, esa es la naturaleza dual de la coalición del gobierno peronista. Un mix de medidas de ajuste con otras de intervencionismo directo para estimular la economía: una fórmula muy argentina que, sin embargo, ahora parece tener un insospechado sello de aprobación internacional: el heterodoxo plan del presidente Joe Biden, desde ahora el nuevo ídolo de Cristina Fernández.

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 245 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 245 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...