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3 de septiembre 2022 - 5:04hs

La mujer de 61 años estaba mirando tele en su casa y cebaba mate. Eran las 9 de la noche. Tal vez miraba un informativo en el que se sucedían informes sobre asesinatos, cruces narcos y cruces políticos entre gobierno y oposición -y desde la misma coalición- sobre la inseguridad. Una bala atravesó la puerta de su casa y murió antes de que llegara la asistencia médica. 

Ella es otra de las víctimas “laterales”, como Micaela -29 años, madre de cuatro hijos- y otros, que en las crónicas policiales se aclara que no tienen antecedentes penales. ¿Vale menos la vida de una persona con antecedentes penales o involucrada en algún tipo de crimen? ¿Vale menos la vida de una mujer del barrio Marconi que nunca tuvo problemas legales y que días antes había denunciado en la seccional un incendio de una casa, que podía estar relacionado con la operativa narco? ¿Vale más o menos la vida de cualquier ciudadano asesinado caminando en la Rambla o tomando un trago en un boliche de Pocitos o Carrasco?

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Esta semana fue noticia un informe publicado por el Financial Times, que señala que Paraguay, Uruguay y Chile son "las nuevas incorporaciones" al mercado del narcotráfico internacional. La escalada narco que ahora retumba con fuerza en estos lares, venía creciendo y había sido detectada de todas las maneras posibles por expertos y políticos de al menos tres gobiernos diferentes y dos colores partidarios distintos. 

¿Qué se hizo en este tiempo? Tal vez mucho, tal vez no tanto, pero el retrogusto amargo que nos queda a los que miramos de afuera este fenómeno letal, es que acá el oficialismo y la oposición discuten por cuántos homicidios hubo, pero no se sientan a buscar acuerdos para frenar la demencia.

“En Uruguay, a menudo descrito como la "Suiza de América Latina", aparecieron 14 cadáveres en un periodo de 10 días este año. Tres habían sido quemados y uno desmembrado”, destaca el Financial Times, que explica que en los países que antes eran los más pacíficos de América Latina ahora los narcos renuevan la operativa por el creciente tráfico de cocaína y buscan -y encuentran- nuevas formas de llegar a Europa, principal mercado de esta droga. "Cuando los índices de incautación alcanzan el 20 o el 25 por ciento, los narcotraficantes suelen cambiar de ruta", dijo Jeremy McDermott, director ejecutivo de InSight Crime, al periódico inglés. 

En 2020, la producción total de cocaína alcanzó un nuevo récord de 1,982 toneladas según la ONUDD, más del doble que en 2014. Esto no es una novedad para Uruguay. "Los narcos operan a piacere en Uruguay", fue el título de una entrevista de 2018 a Sergio Guarteche, expolicía y hermano del fallecido comisario Julio Guarteche, quien ocupó diversos cargos de jerarquía en la Policía y alertó reiteradamente que Uruguay estaba en camino a convertirse en un país como El Salvador o Guatemala. “Cierran una boquita, agarran gramos, cuando el narcotráfico trabaja con toneladas. Hoy Uruguay es terreno fértil para el narcotráfico. Los narcos operan a piacere. No desde hace tiempo, ¡desde hace tiempazo!”, dijo Sergio.

Todo estos datos espeluznantes deberían ser razones más que suficiente para que quienes dirigen el destino de Uruguay, ayer, hoy y mañana, se pongan de acuerdo para convertir el problema en una política de Estado duradera, que comience hoy y siga mañana, cualquiera sea el color político que gobierna. Es casi seguro que no veremos resultados positivos ni inmediatos ni siquiera a mediano plazo. Pero es casi seguro también que si la estrategia es tirarse dardos dialécticos, esta situación no hará más que empeorar.

Un informe sobre el narcotráfico publicado este año por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) remarca la necesidad de que Uruguay actúe cuanto antes contra el mercado ilegal de la droga. “Crimen y narcotráfico: un análisis exploratorio del caso Uruguay”, se denomina el reporte realizado por académicos uruguayos del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica del Uruguay, y en él se dan una serie de recomendaciones sobre políticas públicas necesarias para combatirlo. 

En marzo de este año el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, aclaraba que “el 47% de los homicidios se dan por conflictos de grupos criminales, tráfico de drogas y ajustes de cuentas”. En abril de 2018, cuando el entonces ministro del Interior Eduardo Bonomi fue interpelado, dijo que “la explicación central” de los asesinatos es el “conflicto entre criminales”. 

Ambos ministros han dicho cosas similares, incluyendo el hecho de que prever los homicidios es casi imposible, sobre todo cuando se trata de ajustes de cuentas entre bandas. No se pudo prever que una banda iba a mandar a matar a dos chiquilines de 17 y 18 años, como sucedió esta semana. Ni que iban a ser asesinados en Piedras Blancas una madre y un hijo de 44 y 27 años, como pasó este martes mientras caminaban por Aparicio Saravia. Ni que iban a aparecer tres cuerpos en Peñarol, con señales de ejecución. Algunos tenían antecedentes penales y otros no.

El informe del PNUD considera perjudicial que las autoridades mantengan el relato de que los homicidios asociados al narcotráfico son inevitables; esta estrategia "culpabiliza a la víctima y legitima el modus operandi de la actividad". Corremos el peligro de creer que los crímenes vinculados con el narcotráfico son un problema aislado y alejado de lo que nos puede pasar al ciudadano “común y corriente”, a “los de acá”. ¿Qué pasará cuando el asesinado sin antecedentes penales sea tu vecino? Las personas asesinadas sin antecedentes penales y sin relación con bandas narco, también son vecinas de alguien

La discusión partidaria-electoralista sobre la seguridad solo agrega ruido que confunde. Los homicidios aumentaron y tal vez aumenten más. ¿Qué hará este gobierno y el próximo para contener la invasión narco y cómo lograrán coordinar una política que intente detenerlos más allá del gobierno de turno?

"Siempre se le echa la culpa a los demás. O cada vez que sucede un delito que termina en homicidio se le pone un título. Se degrada una vida humana poniéndole que es un ajuste de cuentas". Esto lo podría haber dicho esta semana el senador frenteamplista Charles Carrera, por ejemplo. Pero lo dijo cuatro años atrás el ahora presidente, Luis Lacalle Pou.

Lo que pasa en el Marconi, en el Cerro o “en esos barrios” pasará en otros. El informe del Financial Times recuerda que del tráfico de droga a la extorsión de comercios y el secuestro de personas con dinero, no hay casi distancia para los cárteles. Los asesinatos allá pronto pueden ser asesinatos acá y en todos lados. 

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Narcotráfico Sebastián Marset

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