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Zorrito Von Quintiero: "La gastronomía la sufro y la música la disfruto"

El músico y cocinero argentino regresa al Festival Medio y Medio con su nuevo proyecto, los Gustocks

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04 de enero de 2020 a las 05:04

Los británicos usan la expresión busman’s holiday (la vacación del chofer de ómnibus) para aquellas personas que en su descanso se ven involucradas en una actividad parecida a su trabajo formal. Supuestamente viene de que cuando tiene vacaciones, el conductor tiene que viajar en ómnibus, por lo que ni siquiera en sus días libres puede despegarse de su actividad. Las visitas veraniegas de Fabián Quintiero, el Zorrito, a Punta del Este, tienen algo de busman’s holidays. Porque son vacaciones, pero también son otra oportunidad para hacer música con sus amigos.                                 

Quintiero ya las considera una tradición y una costumbre. Aunque viene al balneario desde 1985, cuando llegó para pasar algunos días en una casa de Solanas junto a los compañeros de la banda que integraba por ese entonces (una tal Soda Stereo), desde hace cuatro ya tiene como hábito integrar la programación del festival Medio y Medio, que organiza el restaurante del mismo nombre en Punta Ballena con bandas integradas por músicos tanto argentinos y uruguayos que actúan bajo el régimen de jam session: tienen un repertorio armado, pero además dejan la puerta abierta a que otros músicos de la audiencia, o visitantes, se suban al escenario a tocar algunas canciones, con un componente de improvisación.

Han pasado por ese formato figuras como Rubén Rada, David Lebón, y hasta Charly García, de quien Quintiero es compañero musical desde hace más de treinta años. Cada año la alineación es diferente, y el repertorio también. Este año, la formación lleva por nombre los Gustocks, que es en parte un recuerdo por el programa que conducía en MTV (en el que distintos colegas cocinaban junto a él), por el aniversario 50 del festival de Woodstock y  “porque el rock nos da gusto y la posibilidad de darnos los gustos”, dice su líder, que algo de gusto sabe porque además de al rock, ha dedicado también su vida a la gastronomía. “Yo le debo todo al rock. Hasta mi formación intelectual, porque me crié yendo a ver recitales. Más que leer libros, fue escuchando a García, a Spinetta, rocanrolear con Pappo. El rock argentino fue mi escuela, y si vos prestas atención, ahí está escrito y dicho todo”, agrega.

La gastronomía fue su primer trabajo, ayudando a su padre en un restaurante que este tenía. Fue cocinero, atendió la barra, sirvió postres, fue adicionista. Y de a poco empezó a mezclar pasiones, llevando a sus amigos roqueros a comer. Y en 1987, cuando García le pidió que lo acompañara a Nueva York a comprar instrumentos y a remezclar una canción del disco Parte de la religión, descubrió un nuevo mundo que lo impulsó a empezar su propio emprendimiento culinario y a cruzar aún más ambos rubros, lo que se nota hasta en algunas metáforas que usa al hablar.

Y también en la forma en la que encara esas dos facetas. “A la cocina hay que ponerle entusiasmo. Es práctica y entusiasmo. Es como cuando tocas”, dice. “Si subís al escenario y tocas frío, transmitís frío o antipatía. Y al cocinar también. Yo cocino porque me gusta agradar desde ese lugar a los comensales. Hacerlos pasar un buen momento. Y creo que eso también es el mundo del espectáculo, que la gente pase un buen rato. Para eso hay que saber lo que haces, conocer, y ponerle entusiasmo”.

El Zorrito, exSoda, exRatones Paranoicos, y miembro firme de la troupe de Charly está sentado en una de las mesas de Medio y Medio. Sus múltiples cadenas tintinean cada vez que se acomoda el cuidadosamente alborotado pelo. “Venir acá es una bendición. Primero vine a veranear con Soda, y de ahí vine todos los años sin falta;  con Charly a tocar en los bares de La Barra, con Pappo, Juanse y Calamaro. Hacíamos zapadas en los bares de moda. Después ya vinimos con Charly a tocar oficialmente, y ahora con esto que ya es algo más formal. Estamos muy contentos, esperamos todo el año que llegue este momento”, enumera mientras de fondo suenan los tambores tocados por Hugo Fattoruso y Albana Barrocas, que esa noche abrirán el festival.

Después de la Buqueblues, de Rockeo y Julieta y de los Cracks, vuelve a Medio y Medio con los Gustocks. ¿Qué se puede esperar de este proyecto?

Tenemos unos cuantos temas para hacer, la cuestión es que empiezan a aparecer los amigos de la música. Eso es lo que fue pasando en estos años y va a pasar esta vez. Eso le da el sabor extra. Los que vienen los martes saben que vienen a ver un show de covers, en este caso de canciones de los 70 y los 80, rock argentino, algo uruguayo y la improvisación que surge a partir de los invitados. Y ha pasado de todo en estos años, muchos grandes de verdad. Este año intentaremos que siga pasando, no solo con los grandes, sino también presentando cosas nuevas. Me gusta presentar a gente que no es nueva pero no es tan conocida. Por eso voy a traer por ejemplo a un cantante de tangos, Cucuza Castiello, que versiona como tangos algunos clásicos del rock argentino. Y después aparecerán otros. Yo festejo mi cumpleaños acá, y siempre ahí pasa algo, como el año pasado, que vino Charly. Este año puede volver a pasar, o no. Espero que venga también Julieta Rada. Acá es pura felicidad, no hay nervios, es distinto. Si bien es un espectáculo, se paga una entrada y todo eso, hay otro espíritu de celebración. Este show es más rockero que el del año pasado. Me gusta el equilibrio entre lo anglo y lo argentino, más lo uruguayo, que lo aporta “Dinamita” Pereda. 

Hace algunas semanas se anunció que el programa Nunca es tarde (NET) en el que trabajaba deja de ser emitido por Fox Sports. ¿Tiene algún nuevo proyecto televisivo en carpeta?

No tengo planes por ahora porque además, ya había avisado que no iba a estar en NET. Porque me voy de gira con Soda, entonces no podía. En marzo y abril voy a estar fuera de Argentina con Charly Alberti, Zeta Bosio y Richard Coleman, tocando en todo América Latina y Estados Unidos, así que no podía arrancar. Después me llegó la noticia de que NET no seguía, al menos en Fox. Si retoma en otro canal, hablaré con Germán Paoloski para ver si puedo volver después de mitad de año. 

¿Y con Charly García que planes hay? ¿Alguna gira?

Con Charly vamos al Cosquín Rock el 7 de febrero. Es lo único porque con Charly no se sabe más que el próximo show. No hay gira. Y después seguramente toque el 8 con los Ratones Paranoicos en el Cosquín también, como algo puntual y especial. Después ya me meto con Soda, que arrancamos el 29 de febrero en Colombia. 

Con ejemplos como el de Charly, ¿en el rock no existe la jubilación?

La verdad es que la palabra jubilación es horrible (risas). Salvo que tengas una jubliación de privilegio. Pero yo creo que no está en nuestro diccionario. Y tenemos el ejemplo de los grandes artistas que llegaron a la quinta, sexta o séptima edad - o sea, más de 70 - y han seguido tocando, y que se siguen divirtiendo. No creo que haya jubilación. O te morís o seguís. Pero está en nuestra esencia. A todos nos pasa. Y los Rolling Stones nos metieron el ejemplo, como ejemplo más conocido, lo mismo que los grandes blueseros. Quizás fuera de los grandes escenarios, pero siguen ahí. Cuando pienso en eso, a los 53 años, me digo: si no es con la música, voy a cocinar hasta que me muera. La palabra geriátrico está prohibida. En nuestro espíritu está seguir celebrando lo que somos, lo que fuimos y lo que podemos ser. 

¿Hay renovación en el rock?

Le veo poca renovación, con respecto a los 70, los 80 o los 90. Hay muchos géneros nuevos y formas de vibrar nuevas. Si bien uno no se sube a algunos carros musicales porque siente una diferencia de calidad, yo cito a Prince: Sign of the times. Cada tiempo tiene su signo y hoy hay cosas que movilizan a la juventud, y las nuevas organizaciones tienen otros mandamientos, otra manera de cultura, pero creo que rock siempre hay. Está más escondido, pero está. Yo lo vi a Jack White y es una realidad en la música actual, está tocando y es rock and roll. A mí me tranquiliza que siempre hay. Si no es por los jóvenes es por los más in-maduros. 

¿Qué escucha habitualmente?

Escucho mucho rock argentino. Aún tocando con García y siendo parte de su banda lo escucho y reescucho. Siempre le descubro algún detalle nuevo. Es hermoso eso. Porque además me doy el gusto de llevarlo a la sala y decirle que lo encontré. Soy muy fanático de los discos, mucho más que de los shows en vivo. De él y de otros. Porque cuando uno graba y lo deja ahí, es el testimonio. El tesoro es la canción que se grabó en el estudio. Y muchas suenan mejor que en vivo. Miss you de los Rolling Stones en vivo nunca llega a lo del estudio. Yo agradezco que todavía me pase eso. Estoy escuchando mucho a Serú, a Spinetta, a Lito Nebbia, a Pappo, Manal, me muevo en esos parámetros. Es como comer sano. 

Después de más de 30 años acompañando a artistas y bandas legendarias del rock argentino, ¿nunca le vino la necesidad de hacer un disco propio?

No tengo esa necesidad, mi ego no la tiene. Tengo la posibilidad de tener acceso a gente muy respetada, y podría planteármelo. Pero para hacer un disco así tendría que dedicarme solamente a eso, dejar absolutamente todo y meterme en el rollo de hacer un disco de canciones que en este momento no lo tengo planeado. Siempre están surgiendo cosas que me atraen, como esto de ir de gira con Zeta y Charly, que me atrajo desde la historia compartida y estar con mis amigos. Si bien obviamente falta Gustavo, que todos lo tenemos muy claro, me atrajo volver a tocar esas canciones que también son parte de mi currículum. Siempre estoy un poco prestando el servicio a otros y no ocupándome de mí, o de lo que me pasa a mí. Hacer un disco no es algo que se liquida bien en cinco minutos, hay que enroscarse y hay que desearlo profundamente. Yo colaboro con mucha gente, eso a mí me gusta, me enorgullece. Me gustaría mucho hacer un disco con mi hija, que también se dedica a la música. Eso me moviliza más. Me da más ilusión. Me gustan los desprejuiciados que vendrán, como dice Charly. A veces pienso que la música ya está hecha (risas), pero estos desprejuiciados que han llegado para mejorar la especie pueden ser un motivo. Hacer un disco por hacer no. Necesitaría una trascendencia emocional para hacerlo. 

¿Qué encuentra en común entre la música y la gastronomía?

El placer. Después son mundos diferentes. Uno es terrenal, complicado, problemático, difícil, con mucho trabajo en el día a día. La gastronomía tiene pánico escénico, vienen 100 personas o 50 al mismo tiempo y la comida tiene que salir bien; la pequeña empresa es dificultosa, al menos en Argentina donde las reglas cambian constantemente, no es una ciencia exacta. En cambio la música tiene vuelo, va por arriba, aunque haya organización previa y ensayo, mánagers, logística. A la hora de tocar se vuela. Con la cocina también, pero es distinto. La gastronomía la sufro y la música la disfruto. 

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