6 de mayo 2024 - 16:45hs

Por Diputado Dr. Rodrigo Goñi

Hay apuro de parte de algunos Senadores por votar un proyecto de ley de Eutanasia pero muy poca consciencia de que quitará protección del Estado a los derechos humanos fundamentales de las personas más vulnerables. Si este proyecto se aprueba, no traerá más libertad como se dice, sino que abrirá las puertas a nuevas formas de injusticia social, y dejará a las próximas generaciones una cultura eugenésica, que naturaliza el descarte de las personas con enfermedad incurable.

Una discriminación inaceptable

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Se alega “el derecho a poner fin a la propia vida”, como fundamento para legalizar la eutanasia. Es un argumento inconsistente, porque si fuera un derecho, habría que garantizarlo para todas las personas y no solo para las personas que tiene una enfermedad terminal, o condición de salud incurable e irreversible (incluye una discapacidad) y afirma sufrir de forma insoportable.

Para justificar esta discriminación inaceptable, sus defensores afirman que situaciones distintas deben atenderse de distinta manera, pero se olvida que esa diferenciación solo aplica para beneficiar a los más necesitados y no para perjudicarlos. Lo que el proyecto hace, es una clasificación de personas “por su situación”, es decir, por un lado “vidas sin dignidad por tener enfermedad o discapacidad” y por lo tanto eliminables, y por otro, “vidas valiosas” a las que se las protege y les previene el suicidio. Arrasando de esa manera, el principio de igual dignidad establecido en la Declaración Universal de los DDHH.

Una grave irresponsabilidad legislativa

Resulta inadmisible tratar de apurar la votación del proyecto sin abordar las graves cuestionamientos realizados por las cátedras de Derecho Penal (Udelar, UCU, UM), las autoridades del MSP, el Colegio Médico y la Academia Nacional de Medicina. Por un lado, se advierte que el Estado no puede ofrecer “un nuevo derecho” para quitarse la vida sin antes haber hecho todo lo necesario para asegurar efectivamente el acceso a los cuidados paliativos que alivien efectivamente su sufrimiento. Por otro, se denuncia que la Comisión de Revisión que evaluaría los casos de eutanasia lo haría post mortem y no antes de la eutanasia. Paradójicamente, de encontrarse alguna irregularidad, el paciente ya habría fallecido.

No se puede soslayar que la libertad de elección de la persona no estaría asegurada con la simple entrevista con dos médicos generales, sino que resulta necesario la evaluación por parte de un psiquiatra y de un psicólogo para detectar episodios depresivos o estados emocionales que lo lleven a pedir la eutanasia. Y también imprescindible, conocer su contexto familiar y social para descartar situaciones de violencia doméstica o presiones, como causa determinante para pedir la muerte. Por eso en España la ley tiene una Comisión de Garantías previa (con psiquiatra, psicólogo y asistente social) para evaluar antes y no después de la muerte, como lo establece irresponsablemente el proyecto nacional.

No hay auténtica libertad sin opciones

El proyecto establece que se le informará al paciente de la existencia de los Cuidados Paliativos, creando una injusta idea de opción libre, que no es tal para quién no es atendido adecuadamente. Como afirmó el Dr. Miguel Pastorino en Comisión de Salud del Senado :

“No hay libertad, si no puedo elegir. Para el que no tiene cuidados paliativos, la libertad para morir es empujar a la muerte. Por eso es razonable pensar que hasta que no se aseguren efectivamente los cuidados paliativos de calidad para todos los uruguayos, avanzar con una ley de eutanasia es dar por válida la muerte de quienes no tienen posibilidades de vivir de otra manera por abandono social. La muerte social precedería a la muerte por eutanasia. Algunos ven la eutanasia como un progreso de libertades individuales, pero muchos entendemos que es un retroceso social a una cultura que valora las vidas por su utilidad, incompatible con un Estado social de Derecho comprometido con la defensa y protección de los Derechos Humanos fundamentales. Especialmente cuando se trata de los que más necesitan apoyo y contención”.

Otros efectos perjudiciales de legalizar la eutanasia

Además de atentar contra la vida, la dignidad y la libertad de los enfermos más vulnerables, la aprobación de este proyecto de eutanasia, causaría un daño irreparable a los médicos. Por un lado, por la pérdida de confianza de los pacientes. Por otro, porque contraviene uno de los fundamentos éticos principales – juramento hipocrático- sobre el que se ha construido la nobleza de la profesión médica.

En otro orden, con la legalización de la eutanasia se quita fuerza y coherencia a las políticas de prevención del suicidio, al quitarle su principal fundamento: la vida siempre vale la pena aunque la propia persona no pueda percibirlo.

Retroceso humano

Cuando disfrazado de compasión y empatía, selectivamente quitamos la protección del derecho a la vida a quienes la sociedad considera que sus vidas dejan de tener valor para sí mismas y para los demás porque ha caído bajo determinados estándares de calidad de vida, nos deshumanizamos

Nos deshumanizamos cuando le decimos a los demás que son libres de elegir la muerte, cuando en realidad no nos preguntamos por qué llegan a esa decisión, y no nos interesa saber las injusticias previas que le llevan a querer acabar con su vida.

Nos deshumanizamos cuando a quien te dice: “no quiero ser una carga para ustedes”, les decimos te voy a ayudar a dejar de serlo y le facilitamos quitarse la vida, en lugar de decirle “No sos una carga, te vamos a cuidar y no vas a estar solo”.

La prioridad debe ser garantizar el acceso a los cuidados paliativos de calidad para aliviar el sufrimiento

Sin un acceso garantizado al alivio al sufriente, la eutanasia es una hipócrita salida para no hacernos cargo del sufrimiento y de la soledad del otro, abandonándolo a “su decisión”, como si su sufrimiento no dependiera de la calidad de su atención. Lejos de un asunto de libertad, esta es una cuestión de justicia social y de reconocimiento del valor de la dignidad de toda vida humana, sin discriminación a los más necesitados.

Hace poco nuestro Presidente Luis Lacalle Pou habló de que tenemos que tener un Estado fuerte para que el individuo pueda gozar de la libertad. Un Estado fuerte no es el que ofrece la muerte como única opción porque no le ha podido ofrecer el alivio a su sufrimiento.

La historia juzgará a los legisladores que se apuren por ofrecer una salida rápida y barata a través de una ley de eutanasia, que provocará la muerte evitable de los enfermos más vulnerables, y que también traerá el fin del Uruguay humano, justo y solidario

Temas:

eutanasia legal

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