El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
9 de marzo 2026 - 5:00hs

No son lo mismo aunque la papeleta que metieron en la urna sea idéntica. No es igual aquel votante de Yamandú Orsi que lo eligió para llegar a fin de mes sin pedirle permiso a la tarjeta de crédito y que están hartos de las balas que andan zumbando por su barrio, que aquellos que se indignan por los misiles que caen en Medio Oriente o están atentos a las noticias que llegan de Venezuela. No tienen las mismas expectativas quienes nunca pisaron un comité de base que aquellos dados a la militancia y que reclaman a sus gobernantes que sean indesmentiblemente solidarios con el gobierno de Cuba. A veces coinciden, pero sus prioridades muchas veces no convergen.

Es decir, el presidente Yamandú Orsi está obligado a contentar a un electorado esquivo, ese que según las últimas encuestas desaprueba su gobierno o que no le da el entusiasmo para respaldarlo. Y en ese desafío no le alcanzará con atender a los frenteamplistas de pura cepa.

¿Quiénes son esos votantes a los que Orsi debe dar respuesta? Lo que se sabe es que son muchos.

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Por su parte, la encuestadora Opción informó que la aprobación del gobierno bajó de 28% a 23%, los juicios intermedios pasaron de 39% a 37% y la desaprobación creció de 30% a 38%.

En la última encuesta de El Observador y académicos de la Universidad de la República surgió que un 55,2% no tiene "ninguna confianza" en que el gobierno "va en la dirección correcta" y un 14,8% tiene "poca confianza".

Pero tal vez el dato más preocupante para Orsi es que muchos de los tiros no vienen previsiblemente de la oposición (un 61% de quienes votaron a la Coalición Republicana desaprueba su gestión) ni de sus propias filas (un 61% de los frenteamplistas aprueba). Las quejas más difíciles de atender surgen de aquellos que lo votaron pero no pertenecen a la fuerza de izquierda. En ese electorado, el respaldo explícito llega a un 40%, mientras que el resto tiene una opinión neutra o mala.

“Hay que desterrar el mito de que la principal fuente de disconformidad viene del lado del riñón del Frente”, dijo a Búsqueda el director de Opinión Pública de Opción, Rafael Porzecanski.

El hecho de que alrededor de la mitad de quienes votaron a Orsi no pueda expresar un respaldo claro, es preocupante. Pero es más alarmante que el rechazo se intensifique entre los que están por fuera del Frente.

Porque los frenteamplistas, más allá de su desencanto, difícilmente le den la espalda a su fuerza política cuando, otra vez, llegue el momento elegir entre la izquierda gobernante y la opositora Coalición Republicana.

Pero el reto más dificultoso está en ese electorado de Orsi que no milita, que no sabe quién es el secretario general del Partido Comunista, que nunca ha puesto un pie en un comité de base, y que ayer estuvo pero mañana puede no estar.

Esa gente que lo votó porque lo sintió cercano o porque el gobierno de Luis Lacalle Pou lo decepcionó. Que quiere que el alquiler no le devore el salario y que no le interesa si la plata para paliar las desigualdades sale del impuesto al 1% al patrimonio de los millonarios, como pide la militancia frenteamplista.

La disyuntiva del gobierno es política antes que ideológica. La clave no parece estar en radicalizar el discurso para entusiasmar a un segmento ideologizado. Por supuesto que la dirigencia del Frente Amplio necesita conformar de algún modo a los más fieles entre los suyos. Pero es preciso advertir que lo que se gana por un lado se puede perder por otro.

A ese sector militante fue dirigido el planteo de este miércoles de la bancada de senadores del Frente Amplio para tratar como “grave y urgente” el bloqueo de combustible de Estados Unidos a Cuba, pero la iniciativa le sirvió a los opositores, uno de esos cachones imposibles de dejar pasar y, previsiblemente, le recordaron al oficialismo que lo grave y urgente está dentro de las fronteras del país.

Es decir, los gestos para agradar a los ya convencidos, a esos que, al decir de Adolfo Garcé, tienen la bandera de Otorgués tatuada en el corazón, suelen ser vanos para quienes no buscan pureza ideológica.

La militancia, por cierto, es el motor. Pero el objetivo del Frente Amplio para mantenerse en el poder, parece estar bastante lejos de los comité de base.

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