“Lo único que quiero es servir. Como Jesús, que vino a servir y no a ser servido”, dijo Pedro Bordaberry al anunciar su retorno a la actividad política. O, yendo a asuntos más mundanos, explicó que se sentía como Luis Suárez, que no estaba para jugar los 90 minutos de un partido pero sí para dar una mano cuando la pelota no quiere entrar.
Entre metáforas religiosas y futboleras, Bordaberry volvió al ruedo luego de varios amagues, y se llevó tras de sí a buena parte de la dirigencia colorada que sumará para su lista al Senado con la que acompañará la candidatura presidencial de Andrés Ojeda. Pero el excandidato presidencial provoca sentimientos encontrados –alegría, molestia, dudas- en un partido en donde se preguntan para qué volvió Pedro, y muchos no se tragan que solo lo impulse el desprendimiento cristiano y sospechan que no se caracterizará por poner la otra mejilla.
La lectura más sencilla de este movimiento político es la que proporciona una buena nueva para los colorados. Bordaberry fortalece al partido porque, entre otras cosas, su conservadurismo le abre las puertas de entrada a votantes de la derecha de Cabildo Abierto y de la centroderecha del Herrerismo nacionalista. Renueva las esperanzas de despojar a los blancos de un eventual balotaje con el Frente Amplio y ofrece una experiencia parlamentaria que ha sido valorada por propios y ajenos.
Pero hay una cara más esmerilada de este retorno. Por lo pronto, su impacto en la interna del Partido Colorado no recoge celebraciones unánimes. Bordaberry se llevó para su lista 10 los apoyos de Tabaré Viera (Batllistas) y de Gabriel Gurméndez, dos de los postulantes perdedores en la interna, y de buena parte de la dirigencia de Ciudadanos, el sector que lideraba Robert Silva, el compañero de fórmula de Ojeda.
Ojeda y Silva juntarán votos para acceder al Senado, pero es posible que la lista que representa a la fórmula presidencial obtenga menos votos que la de Bordaberry, rompiendo una lógica que ya provoca preocupación en el partido.
Aunque ese no sea su objetivo, la presencia de Bordaberry puede cambiar el relacionamiento entre Ojeda y el Partido Nacional que, hasta ahora, ha sido puro romance. Aunque ese no sea su objetivo, la presencia de Bordaberry puede cambiar el relacionamiento entre Ojeda y el Partido Nacional que, hasta ahora, ha sido puro romance.
Según se informó en la Galleta de Campaña de El Observador, Ojeda está molesto porque las perspectivas de que Bordaberry atraiga votos de afuera de esa colectividad todavía son parte de una expectativa y por ahora se ha dedicado a pescar “en la pecera colorada”.
En el entorno de Ojeda esperan que en octubre, al igual que sucedió en la interna, “lo nuevo” que dice representar se imponga sobre “lo viejo” de la estructura partidaria.
Dirigentes colorados dijeron a El Observador que con sus recientes apariciones públicas Bordaberry se está encaramando por sobre la figura de Silva y se muestra como el real complemento de la candidatura de Ojeda. “Si se le pregunta a cualquiera que ve las noticias cuál es la fórmula presidencial colorada dirá que es Ojeda-Bordaberry. Silva no aparece”, dijo un veterano dirigente del partido.
Por otra parte, o por la misma, existen dudas en el partido acerca de si Bordaberry de verdad está en retirada como Luis Suárez y solo viene a dar una mano para los segundos tiempos o si, en realidad, quiere ser Darwin Núñez para quedarse con la titularidad con vistas a la elecciones de 2029.
Aunque ese no sea su objetivo, su presencia puede cambiar el relacionamiento entre Ojeda y el Partido Nacional que, hasta ahora, ha sido puro romance. Ojeda dice tener al presidente Luis Lacalle Pou como su referente político, en tanto que Bordaberry ha sido un tábano permanente sobre el lomo del mandatario.
“Decirle al rey, como en el cuento de Andersen, que lleva los mejores vestidos cuando en realidad va desnudo, no es ayudarle sino perjudicarlo”, escribió a fines de abril de 2023 en su columna de El País en referencia a Lacalle Pou y a los apoyos que recibió desde el oficialismo a decisiones que consideró equivocadas. Por esos días Bordaberry consideraba que el Partido Colorado no debía votar la reforma jubilatoria, luego de que el presidente aceptara los cambios propuestos por Cabildo Abierto, y se oponía a la subasta de bandas 5G.
Desde esa misma trinchera, en agosto de 2021 volvió a dirigirse al mandatario. “No te podemos cambiar tres ministros en un año y medio. Sé que no es culpa tuya, pero hay que parar eso. (…)Hay que poner un poco de orden en el cuadro”, aconsejó en la misma columna en la que cuestionaba el aumento del presupuesto para la Comisión de Salto Grande y la compra de dos cuadros para el Palacio Legislativo por parte de la vicepresidenta Beatriz Argimón.
Para rematar, en la conferencia en la cual anunció su regreso, Bordaberry dijo que no ve “progresos significativos en los temas que son importantes para el país”.
Con esos antecedentes, lo más seguro es que la estrategia colorada que Ojeda pensaba ejercer desde la oposición si gana el Frente Amplio o desde el gobierno si triunfa la coalición oficialista, ya no dependa sólo de él.
Lo que ocurre con Bordaberry es que, como ya fue dicho, no es posible desentrañar hasta dónde piensa llegar en su nueva aventura. Tras ser candidato presidencial en 2009 y en 2014, anunció en 2017 que se retiraba de la política pero en 2019, sin haber participado de la interna, consultó a Ernesto Talvi y a Julio Sanguinetti, acerca de si podía lanzar su propia lista al Senado. Tanto el entonces candidato presidencial como el dos veces presidente le dijeron que no lo consideraban conveniente y Bordaberry abdicó de sus pretensiones.
Ahora, Bordaberry retorna con otros bríos: no consultó a Ojeda para lanzar su propia lista y solo le avisó “para que no se enterara por la prensa”. Además, los elogios que le ha prodigado al candidato colorado son, por lo menos, ambiguos. “Es una gran candidato, un candidato para estos tiempos. Es lo que hoy se ve en la política y es lo que la gente entiende. Mensajes claros, cortos. Y espero poder aportarle a ese buen candidato, quizás lo que le falta que es lo que humildemente tengo yo, diez años en el Senado, cinco en el ministerio”, dijo Bordaberry en declaraciones a radio Carve.
Cuando fue consultado acerca de los dichos de Ojeda sobre la importancia del cuidado de la imagen de los políticos –incluso en su peinado y en su vestir-, Bordaberry aludió al libro La modernidad líquida de Zigmunt Bauman para tomar distancia de su correligionario: “Espero ser un buen complemento de eso. A mí me falta todo eso. (Bauman) dice que el político hoy no compite contra otro político. Hoy el político compite para llamar la atención del votante, compite con Netflix, con el partido de fútbol, con la pantallita. Entonces lo primero que tenés que hacer es dominar el arte del entretenimiento, y por eso los que llegan son esos políticos que lo dominan: Trump, Mujica, Milei. Pero solamente con dominar el arte del info entretenimiento no alcanza. Después tenés que gobernar. Y es ahí donde yo puedo hacer un aporte”.
En definitiva, Bordaberry dice haber vuelto para servir como Jesús, pero ni sus propios apóstoles saben hasta dónde planea extender su evangelio.