17 de julio 2024 - 5:00hs

“Ton”, el padre de un querido amigo, solía decirle que “por un peso te bajan del ómnibus”. Intentaba enseñarle no solo el valor del dinero, sino algo mucho más significativo: el valor del esfuerzo que hay atrás de cada peso del trabajador.

Eso que vale para la vida de cada individuo también vale -lo refuerza incluso- en el caso de quienes custodian y administran los valores públicos, colectivos. Quien gobierna y administra los dineros de todos debe respetarlos y tener presente los esfuerzos que tras ellos hay.

Durante los quince años que gobernó el Frente Amplio vivimos una política económica basada en el expansionismo del gasto, en el populismo tributario, una política alejada de todo atisbo de austeridad. De hecho, a la austeridad muchas veces la caricaturizan como “recorte” cuando en realidad no es otra cosa que actuar con respeto por la plata ajena, que en definitiva es lo que administra un gobernante.

El Estado no crea riqueza, por lo tanto, si asfixia con impuestos, si desmotiva la iniciativa privada, lo que resulta es reparto de pobreza y deuda.

Esta Administración, de la mano de un equipo económico serio y responsable, cambió el paradigma que dominó en tiempos del Frente. Y mostró que se podía ser eficaz, hacer las cosas sin expoliar a los uruguayos. Esta Administración dejó de alimentar la construcción de un Leviatán impositivo que es el modelo que tiene el liderazgo político del Frente Amplio.

Tuvimos un gobierno que bajó impuestos y que lo hizo capeando crisis mundiales, regionales y locales: pandemia, suba de precios por la guerra entre Rusia y Ucrania, la peor sequía en un siglo, el desfasaje cambiario con Argentina y la crisis hídrica.

Hay que reconocer la labor del MEF, con un gran equipo como Azucena Arbeleche, Alejandro Irastorza, Fernando Blanco, Mauricio Di Lorenzo, Marcela Bensión y Magela Manfredi, entre otros, y su complemento con la OPP de Isacc Alfie.

Esta Administración priorizó políticas para que la economía creciera y con ella las posibilidades de crear empleo -y repartir la riqueza que se crea en la economía-. Y se logró. Se quebró la tendencia que venía desde la Administración frenteamplista donde se destruyeron 50.000 puestos de trabajo. En 2023 hay 80.000 ocupados más que en 2019, lo que prueba la superación del nivel 2019, y se proyecta para este año tener 100.000 ocupados más que en 2019, testimoniando que la política económica y laboral de este Gobierno es mejor a la del FA.

Pese a la reducción de impuestos -que benefició a los sectores medios-, esta Administración logró mejorar las finanzas públicas; y algo no menor: en el cuidado de los dineros de todos no se prendieron más “velitas al socialismo” ni se ingresó en el “economicismo mágico” con los negocios como los que hizo el FA con Venezuela, los Gas Sayago o los trenes sin pasajeros -pero sí con fiesta- con Argentina.

Este Gobierno, además, se atrevió a reformas estructurales, como una nueva institucionalidad fiscal, con una regla fiscal de verdad y no como el “techo de endeudamiento” que se subía permanentemente y estaba sujeto a los ajustes internos entre los sectores del Frente Amplio (y el PIT CNT); y una reforma al sistema de seguridad social que otorga certeza y viabilidad al futuro próximo. Este solo punto valdría por sí la reelección de este gobierno frente a la incertidumbre que genera, no solo el plebiscito promovido por la central de trabajadores, sino el miedo que le tiene la dirigencia de la oposición en definir de plano que no van a apoyar el tiro en el pie que significa para el país la posibilidad de que el plebiscito logre ser aprobado.

La “libertad de acción” que fijó el Frente Amplio representa una irresponsabilidad porque todos son conscientes de lo pernicioso que sería para el país, por tanto esa libertad es “libertad de destrucción”.

Pero volviendo a lo que hace un Gobierno responsable y respetuoso de los dineros públicos, hay que destacar el shock en obras públicas e infraestructura. Quienes recorren el país ven que el Uruguay está en obra y en esas rutas que se están construyendo, no solo circulan mercaderías y personas, cuando se construye un puente, una carretera, lo que circula son derechos, derechos a la igualdad se viva donde se viva.

Este Gobierno también logró bajar la inflación y dejarla en el punto más bajo de los últimos 18 años. Ese es un logro que impacta directamente en el poder de compra de los uruguayos, mejorando su situación, ya que una inflación elevada perjudica más a los hogares de menores ingresos que tienen que destinar todo su ingreso al consumo. Además, con al actual nivel de inflación se cumple con los objetivos del Banco Central, algo que antes no ocurría. Hay que destacar este logro histórico en la labor del presidente del BCU, Diego Labat, y del vicepresidente Washington Ribeiro.

Otro de los logros de la política económica es la mejora del salario real. En el 2023 el salario real se ubicó 1,9% por encima de su nivel del 2019. O sea, se encuentra por encima de su nivel prepandemia, lo que significa cumplir el compromiso de que los uruguayos no perdieran salario real.

En definitiva, esta forma de administrar, donde se cuida cada peso, que es de la gente, donde se respeta la dignidad del esfuerzo que hay atrás de cada peso que gana o pierde el que trabaja, nos permite hoy estar en una mejor situación que en 2019: hay más empleo, mayor inversión en infraestructura y aumento de recursos para áreas sensibles como las políticas sociales, la educación, la salud y la seguridad pública.

La próxima elección también se trata de esto. De que quien tenga que administrar los recursos públicos sepa y sea consciente de lo que le cuesta a los uruguayos ganar cada peso -y respete eso-, o que nos bajen del ómnibus.

Temas:

ómnibus Montevideo Luis Calabria

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