Los focos electorales comienzan a fijarse en la próxima elección departamental y con ello se reitera la discusión de si “la Montevideo” debe cambiar de orientación política tras varias décadas de frenteamplismo.
Los detractores de la continuidad utilizan como uno de los estandartes para militar el cambio, el sobrevalorado berretín burgués y capitalista de “la limpieza”. Se enfocan en “la basura” que con ahínco se construye en torno a los contenedores desbordantes, desconociendo que gran culpa de que haya esos basurales es del consumismo que el propio capitalismo alienta. Por tanto no es más que una expresión del Karma que deben soportar los habitantes de Montevideo. Para enrostrarles ese cinismo capitalista por la cara, ha sido simbólica la respuesta de la administración departamental retirando las papeleras de las plazas. Que se lleven los papelitos a la casa.
Además, quienes quieren a la ciudad limpia, están olvidando el valor de patrimonio cultural que tiene lo que ya es emblema de la ciudad y que tiene un componente de justicia socialista: todos los barrios de la Montevideo padecen del mismo problema de la mugre. A lo sumo, la mejora que debería realizarse es el intercambio de basuras entre los barrios, como nuevo producto de integración social, apuntando a un “espacio común de basura”. Vamos sin duda a ser referencia mundial en la materia, teniendo en las afueras de cada contendor, arte urbano, que sería envidiado por cualquier museo europeo de arte abstracto.
Queda claro que eso de recoger la basura todos los días, como lo hacen todas las ciudades del mundo -y de Uruguay- además de complicadísimo y que se requerirían al menos tres gestiones más del frenteamplismo, no vale la pena empezarla. Somos seres de costumbre y ya nos acostumbraremos a la mugre. Y quien no lo logre, le bastará con ir a Maldonado o cualquier otra ciudad del interior para ver ciudades limpias.
Otra de los falsos problemas que señalan los detractores de la continuidad está en el estado de las calles de la Montevideo. Pretenden que con los impuestos que pagan se haga un mantenimiento permanente de las calles y vías de la ciudad, perdiendo de vista que eso le quitaría emoción a la vida de los montevideanos. Qué sería de quienes transitan por la capital si no se encontrara con un pozo sin señalización que amenace quedar sin el tren delantero del auto, o que lleve a una maniobra brusca para eludirlo. Circular por Montevideo genera las emociones de la vida, una aventura que los habitantes de otras ciudades sólo encuentran en videojuegos. De hecho cada vez más vemos 4x4 en la ciudad, algunas con banderitas del FA, y que marcan que no se necesita campo para tener esos vehículos, solo se necesitan calles en mal estado.
Pero a los detractores de la continuidad nada les sirve. Porque así como reclaman por lo pozos sin señalizar -y por supuesto sin reparar durante años-, tampoco les sirve cuando están delicadamente señalizados por una cantidad enorme de conos luminosos que con gran esfuerzo -de los montevideanos- el gobierno departamental paga para que esos “fueguitos” iluminen en la noche un pozo durante varios meses o años. El esfuerzo que hace la intendencia frenteamplista por emperifollar nuestras calles no es suficientemente valorado.
Nada les viene bien. Ni esos “fueguitos” ni la falta de alumbrado público en algunos barrios. Especialmente los más humildes. No se valora el esfuerzo que supone para la Intendencia no “robarle las estrellas” a esos barrios. Si la luminaria llegara en tiempo y forma, es cierto que habría mejores condiciones de vida, de seguridad incluso, pero se estaría quitando a esos sectores, la posibilidad de ver las estrellas que nuestro cielo regala. Acaso ¿puede alguien que vive de Avenida Italia al sur ver un cielo estrellado? Las luces de los edificios y el alumbrado público no lo permiten. Ahora los detractores de la continuidad quieren también quitarles el cielo a miles de montevideanos.
Por suerte -por suerte y por millones de dólares al año- la Montevideo puede defender la cultura desde un canal de Televisión como TvCiudad. Pero aquí sí hay que señalar una insuficiencia de la administración frenteamplista. No ha resultado suficiente desatender cometidos propios de una Intendencia solo para tener un canal de televisión. Se necesitaría un diario, una radio y al menos, un streaming. De ese modo se podría reflejar mejor la realidad de la Montevideo. Se podría cubrir el aniversario de los pozos, se podría transmitir en vivo el hundimiento de una calle, un atardecer en la rambla donde se vea en contraste entre el cielo, el agua, la propia Rambla y los cosos negros de la bicisenda, y se podría reunir y contratar con suculentos sueldos a más cantidad de “ingeniosos” “comunicadores” compañeros tomamates para que con su “sagacidad inigualable” se burlen de quienes somos del interior.
Por lo visto, parece claro que un cambio en el gobierno de Montevideo sería un enorme riesgo. Quitaría las emociones vitales diarias. Imagine lector que usted sale de su casa y las baldosas de su vereda no están rotas, que el contendor de la esquina no está desbordado, que cuando usted circule con su auto no tenga el sobresalto del pozo, que vaya a una plaza y tenga papeleras, que vaya a la Rambla a tomar mate y no tenga la sensación que se va a derrumbar. Faltaría emoción.
Hablando en serio, hay que ponerle un poquito de cariño a Montevideo. Con solo un poquito ya sería suficiente. La gestión del Frente Amplio en Montevideo caducó. El cambio se impone. Han llevado a Montevideo a ser una parodia de lo que fue y puede ser. No hay derecho a eso.