El cambio climático ha bajado en la agenda mundial por varias razones. Pero entre ellas no está el que algo se haya solucionado o que las temperaturas se moderen, por lo que subestimar este riesgo puede ser fatal, y no aprovechar el riego gratis que viene, también puede significar oportunidades perdidas.
El promedio de los océanos ya está caliente como nunca.
El 21 de junio, el servicio Copernicus para el Cambio Climático (de la Unión Europea) registró una temperatura superficial promedio del océano global de 20,86 °C, la cifra más alta jamás medida para esa fecha desde que existen registros satelitales confiables.
Desde ese entonces la temperatura oceánica sigue marcando récords cada día en su promedio global.
Del otro lado del Atlántico, Estados Unidos entró a la semana de su 250° aniversario bajo una cúpula de calor —un sistema de alta presión que actúa como una tapa, atrapando el aire caliente debajo— que el Servicio Meteorológico Nacional calificó de "potencialmente histórica".
Más de 185 millones de personas estuvieron bajo alerta por calor extremo hacia el fin de semana del 4 de julio.
Más allá de estos antecedentes, a los que cabe sumar inundaciones intensas en el sur de China, la clave es lo que suceda en Uruguay será determinado por lo que suceda con la temperatura del Pacífico en las próximas semanas.
¿Cuánto va a subir?
Por ahora se da por descontado que la anomalía va a superar los dos grados, lo que ya es muy grave.
Si se superan los cuatro grados, la inestabilidad sería inédita.
Además de la intensidad del calor importa su persistencia: El Niño de 2015 generó lluvias permanentes en Uruguay en abril de 2016 con daños importantes sobre los cultivos que debían ser cosechados y con inundaciones muy importantes en el este del país.
¿A qué velocidad va a bajar?
¿Qué viene después?
Qué esperar para Uruguay
Los antecedentes vienen advirtiendo que en este segundo semestre pueden darse fenómenos fuertes que pueden continuar en el primer semestre de 2027.
Como es sabido, para Uruguay el calentamiento del Pacífico conocido como Niño significa más lluvias de lo normal para la primavera y eventualmente para el verano y otoño.
La incidencia esperable es mayor a lo largo de la frontera con Brasil en el Norte y el Este y menores en el suroeste.
El impacto que tenga sobre la producción agropecuaria de Uruguay dependerá del momento de llegada de las lluvias: el factor común es que cuánto más demore mejor.
Este ciclo de cultivos de invierno, recién implantado, será una carrera contra el tiempo intentando que la cosecha llegue antes que las lluvias torrenciales.
Para trigo y cebada, así como en menor medida para el resto de los cultivos de invierno, es importante que las lluvias no lleguen en octubre.
En la primavera cada semana sin excesos de lluvia será una semana ganada, y si las precipitaciones más abundantes llegan en diciembre, el daño será sensiblemente menor.
Aunque el mayor riesgo es para los cereales de invierno, también es problemático para el arroz, cuyo resultado depende en gran medida de lograr que la siembra se complete en octubre, a partir de ahí cada demora significa menos cosecha.
Y lluvias persistentes tempranas pueden incluso complicar la siembra de verano.
Lamentablemente las proyecciones que se plantean no pueden indicar un momento exacto de comienzo. Plantean una lógica de pronósticos trimestrales. El trimestre de setiembre a noviembre es el primero de alto riesgo. Hay una diferencia radical si las lluvias intensas llegan al principio o al final de ese trimestre. Pero no llegamos a tener todavía una respuesta mes a mes.
Mientras a los cultivos de invierno el exceso de agua los complica, para el maíz es una bendición. Excepto que las lluvias sean tantas y tan tempranas que dificulten sembrar, una vez implantados los cultivos de maíz le darán la bienvenida al Niño -en tanto los suelos no se aneguen-.
Cabe esperar una siembra récord de maíz para aprovechar lo que podría considerarse un riego gratuito.
Años de Niño suave, como 2024/2025, generaron muy buenas cosechas tanto en maíz como en soja, pero si es tan grande como se proyecta, el riesgo de los excesos, por ejemplo lluvias muy fuertes en poco tiempo, no puede descartarse.
También se mueven los precios
Para el cultivo de arroz, además de amenazar la siembra en fecha, El Niño genera una merma en el rendimiento por pérdida de luminosidad en la primavera y verano, que disminuye la fotosíntesis y por lo tanto la formación de grano del cultivo.
Pero mucho más grave es el daño que puede generarse en los cultivos asiáticos, donde la sequía acecha: hay esperanza en una mejora del precio arrocero sea más importante en la ecuación que la pérdida de rendimiento.
También es un factor de soporte en otros precios como el trigo, cuya área sembrada cae tanto en Uruguay como en Brasil y Australia en virtud de que los productores ya comprenden los riesgos que sembrar en estas condiciones implica.
Rusia, un exportador principal, puso esta semana un impuesto a la exportación de trigo, previendo la suba de precios que está viniendo.
La ola de calor ya movió a los precios en junio y esta semana la alarma llegó a Estados Unidos: una ola de calor importante sobre las áreas agrícolas en este momento puede causar un daño grave a cultivos que en el caso de maíz y soja tienen por ahora condiciones favorables de desarrollo.
Por otro lado, el gran riesgo de sequía que va desde Australia a zonas de China y llega a Indonesia y Malasia también puede subir el precio de los aceites porque se espera una caída de una oferta fundamental, la de aceite de palma.
La vaca le gana al Niño
Mientras la agricultura aguarda por un período de probable fuerte inestabilidad, para la ganadería de carne El Niño es altamente favorable.
Salvo en zonas inundables, como la cuenca del Cebollatí, las lluvias significan más oferta de pasturas por el campo natural. Un verano lluvioso equivale a una producción alta de terneros a un costo bajo. Ya casi puede anticiparse que la zafra de toros será muy favorable y que el entore del verano dará lugar a otra producción abundante de terneros que nacerán en la primavera 2027, que llegarán al mercado en el otoño de 2028 y una situación potencial de buena oferta de ganado para faena en 2030 y 2031.
La vaca y el campo natural hacen un binomio especialmente adaptado a primaveras y veranos lluviosos.
Más complicado puede ser para los tambos, donde el barro es un problema de primer orden. Aun así, si ha de llover, para un tambo es mucho mejor que sea en el verano que en el invierno. Como en el caso de los cultivos, en este caso, cuanto más demore en llegar el exceso de lluvias, tanto mejor.
Lluvias en exceso o déficit hídrico acumulado... todo complica en la ganadería.
Pexels (archivo)
Diferente es la situación de los ovinos, que llevan el origen de zonas áridas en sus genes y padecen el exceso de lluvia tanto por enfermedades en sus patas por hongos como por la incidencia de parásitos.
Los ovinos sufren el exceso de humedad como las vacas lecheras padecen el barro.
Más calor significa más evaporación, pero también más energía. Los temporales de primavera son un problema serio en la parición ovina, otro riesgo emergente.
Para los vacunos la abundancia forrajera trae un problema, especialmente focalizado en la zona norte: el control de la garrapata será difícil, aunque un invierno frío y con heladas puede facilitar el control.
Los problemas sanitarios no solo refieren a los vacunos. También hay un riesgo mayor de que aparezcan problemas sanitarios en los cultivos de verano, ya sea por la incidencia del insecto llamado chicharrita en el maíz como por el mayor riesgo de hongos en la soja, que también deberá sortear el riesgo de lluvias excesivas en el otoño cuando se lleva adelante la cosecha.
En El Niño de 2016 la cosecha fue extremadamente complicadas con lluvias persistentes durante todo el mes de abril.
Impactos por eventos climáticos adversos... en todo el mundo.
Pexels (archivo)
Más allá del agro
Las consecuencias de El Niño trascenderán el agro.
Habrá seguramente muchas personas evacuadas en la cuenca del río Uruguay, río Negro, Cebollatí y Santa Lucía. Tal vez corresponda alertar a la población que vive en zonas inundables que en los próximos seis meses corre riesgos.
El sur de Brasil suele recibir lluvias muy copiosas, como las que afectaron a Porto Alegre en el ciclo anterior, buena parte de las cuales desaguan a través del río Uruguay.
Con agua y más temperatura, la población de mosquitos será abundante y el avance desde el Norte puede generar casos de dengue y similares.
Por otra parte, la señal de El Niño se hace menos nítida en enero, donde pueden darse temperaturas excepcionalmente altas y no necesariamente habrá lluvias.
Mientras hay riesgo de exceso de lluvias en primavera y otoño, en el pleno verano pueden haber problemas por la combinación de varios días sin lluvias y calor intenso, como los sucedidos en estos días en Europa y Estados Unidos. Puede que en enero alguien diga... "¿cómo sequía?".
La señal vuelve a ser más importante sobre el final del verano. Los riesgos vuelven a ser altos en términos de inundaciones en el otoño. El Niño de 2015/16 volvió muy difícil la cosecha por lluvias permanentes en abril de 2016, algo que podría también darse en el otoño 2027. Y sitió a la ciudad de Lascano, que quedó rodeada de miles de hectáreas de agua.
Los impactos del fenómeno suelen llegar también a las ciudades donde lluvias intensas en poco tiempo provocan inundaciones inmediatas al colapsar los sistemas de desagüe.
Hasta ahora lo que se han visto son solo los primeros síntomas lejos de Uruguay, pero en la segunda quincena de julio llegan lluvias que pueden estar mostrando el comienzo de una fase nueva donde mantenerse alertas y tomar decisiones vale la pena.
La advertencia vale por la magnitud que ha cobrado el evento.
Proporciones inéditas
A medida que se acerca la etapa crítica, aumentan advertencias que transmiten preocupación.
El matemático Eliot Jacobson desde su sitio El casino del clima, plantea que en los próximos días o semanas este fenómeno de El Niño debería superar fácilmente las cuatro desviaciones estándar, algo estadísticamente extremo.
Menciona estudios que advierten que esto es parte de una tendencia: cada vez más fuertes tanto Niños como Niñas, inundaciones y sequías y que así será en adelante.
Lo que el planeta experimentará en los próximos 12 meses es solo un adelanto de la película que se avecina, advierte.
Una mirada más oficial, la de los servicios meteorológicos de Estados Unidos, plantearon este 9 de julio que “además de las predicciones de los modelos, un fuerte acoplamiento entre la circulación atmosférica y oceánica en el Pacífico contribuye a una alta probabilidad de que El Niño continúe hasta principios de 2027. Existe un 81% de probabilidad de que se produzca un El Niño muy intenso entre octubre y diciembre, que se situaría entre los eventos de El Niño más grandes registrados desde 1950. El Niño continúa y se intensificará hasta finales de año, con un 97 % de probabilidad de que se prolongue hasta principios de la primavera de 2027”.
¿Puede que no pase nada? Sí, es un evento probabilístico y caótico. Como Messi y Mbappé pueden errar penales. Pero sería muy arriesgado apostar a lo menos probable.
El Niño marcará la agenda de aquí en más y, tras una pausa breve, seguramente volveremos a hablar de Niña y sequía. Y así, sucesivamente.