El difícil ajedrez de la próxima siembra para los productores en Uruguay
La guerra en Medio Oriente sacude al mercado, empuja los precios de los aceites y condiciona a la producción de granos, ¿qué harán los productores en Uruguay?
15 de marzo 2026 - 5:00hs
Productores ante un interrogante con difícil respuesta: ¿qué y cuánto sembrar para la zafra de cultivos de invierno?
El año agrícola-ganadero empieza con una siembra de cultivos de invierno con máxima incertidumbre: guerra, sequía, un dólar que no se sabe en qué dirección va en Uruguay ni en el mundo, precios récord del ganado de reposición pero inicio de una baja en el valor del gordo; pocas veces los productores han tenido que tomar decisiones con tantas dudas.
Los próximos 30 días son cruciales para decidir qué sembrar, cuánto fertilizar, que rotación armar para el segundo semestre de este año, entre otras decisiones agrícolas.
Y esas decisiones no serán uniformes, porque una situación es la de los productores del norte que recibieron lluvias y otra los del sur que están penando cada día con sus cultivos agonizando.
Es imposible hoy modelizar los sistemas productivos.
¿Qué costos?
¿Qué precios?
Todo depende de los avatares de la guerra de Irán expandida a todo Medio Oriente y el ahora particularmente importante Estrecho de Ormuz. Si Irán mantiene el bloqueo con minas y drones de bajo costo o si el poderío bélico de EEUU e Israel logra garantizar en el corto plazo una navegación que hoy es casi imposible.
Cada día que pasa obliga a proyectar precios más altos de combustibles y fertilizantes.
En la zona de Medio Oriente se origina la tercera parte del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados, básicamente urea, dependiente del gas natural para su fabricación, un insumo energético que se disparó aún más que el petróleo.
El precio de la urea saltó en US$ 150 por tonelada en las últimas dos semanas para las entregas en abril y mayo.
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Precios de los insumos ya eran altos previo a la guerra
“Los precios ya eran altos previo al conflicto, porque la relación insumo producto venía negativa respecto a un trigo muy barato, y la suba de la urea arrastra ahora al resto de los nutrientes, sobre todo fósforo y potasio”, señaló Santiago Raffo, gerente de insumos de Megaagro, “con el fosfato de amonio en niveles cercanos a US$ 900 por tonelada y la cadena de distribución con poca liquidez”, complementó.
Los costos de siembra para trigo y cebada mostraban ligeros incrementos de 1% a 2% respecto a 2025, según la presupuestación de la Unión Rural de Flores (URF) fechada en febrero.
El trigo US$ 630 por hectárea y la cebada US$ 702 /ha, en ambos casos con US$ 237 correspondientes a urea y fertilizantes: 37% del esquema de costos en el caso del trigo y 30% en el de cebada.
“Hay incertidumbre sobre todo por la urea que impacta en trigo, cebada y colza”, señaló Elena Loaces, de URF, y no solo por el precio sino por la disponibilidad y los stocks que tienen las empresas.
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La proporción del presupuesto de costos correspondiente a fertilizantes podría superar el 40% y presionar los márgenes.
Si la reducida disponibilidad no permite cumplir los objetivos nutricionales de los agricultores se pueden resentir los rendimientos y volúmenes de producción.
El foco en el Estrecho de Ormuz
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cada mes se exportan alrededor de 1,33 millones de toneladas de fertilizantes a través del estrecho de Ormuz y un cierre de 30 días podría ser suficiente para provocar escasez y riesgos en el rendimiento de cultivos que dependen del nitrógeno, como el maíz, el trigo y el arroz.
En Uruguay la presión más inmediata se sitúa sobre las avenas y verdeos, en plena ventana de siembra, con la ventaja de que por el nivel de precios de carne y leche “puede haber una relación insumo-producto más favorable que en la agricultura”, apuntó Raffo.
Todavía hay cierto margen para los cereales y la colza que se plantan a partir de mayo. Los rendimientos bajos que se esperan en los cultivos de soja comprometidos por la escasez de lluvias “van a permitir un arrastre mayor de fósforo, que si bien no ha subido tanto de precio puede ayudar”, dijo el gerente de insumos de Megaagro.
El clima agrega su cuota de incertidumbre con previsiones de una primavera con influencia de El Niño que podría beneficiar el desarrollo de los cultivos de verano con temperaturas y humedad por encima de lo normal, pero también incrementar los riesgos sanitarios y las dificultades para la cosecha en los cultivos de invierno.
Colza, carinata y camelina: lo que más promete
Las brassicas, colza, carinata y camelina, son –otra vez– los cultivos que más prometen, oleaginosas de invierno mayormente con destino a la producción de biocombustibles en Europa que superarían las 297 mil hectáreas sembradas de la zafra 2025.
Las primeras referencias en el mercado local colocaron esta semana a la colza sobre US$ 500 a US$ 505 por tonelada. En el mercado europeo la cotización subió 13% desde principios de año a US$ 575 por tonelada. Y cuanto más dure la guerra y suba el petróleo, mejor va a ser el escenario de estos cultivos que en cierta forma son un seguro contra la suba de los insumos que está llegando.
El rebote del girasol
Con su mayor zafra desde 2009 el girasol –primer cultivo de verano en ser cosechado– ya se está beneficiando de los valores de mercado más altos desde que Rusia invadió Ucrania en 2022, acercándose a US$ 1.600 por tonelada de aceite de girasol en Europa si bien en la región cotiza a US$ 1.290 por la presión de la cosecha récord de Argentina que aumentará 170% sus exportaciones.
Sobre 25 mil hectáreas –el doble que el año pasado– el girasol en Uruguay arrojó muy buenos rendimientos a pesar de la sequía y está captando valores de US$ 550 a US$ 600 por tonelada de semilla incluyendo bonificaciones por contenido de aceite que pueden dejar un margen antes de renta de US$ 500 por hectárea.
La encrucijada de la soja
La incertidumbre por los rendimientos de soja que se podrá obtener frena las colocaciones de grano que esta semana alcanzó su valor más alto en casi dos años (mayo de 2024) con cotizaciones de US$ 410 por tonelada en el mercado local, si bien por el aumento de las primas capta solo parcialmente el precio que en Chicago llegó a US$ 455 por tonelada.
El exportador Fernando Villamil, director de Hajnal & Cía, afirmó que “desde el punto de vista del productor es un escenario de precios favorables, por encima de las expectativas, pero es difícil tomar posiciones en el mercado porque hay una incertidumbre del tamaño de la cosecha con una caída importante en los rendimientos”.
En la zafra pasada se cosecharon casi 4 millones de toneladas de soja en 1,38 millones de hectárea sembradas y con un rendimiento récord de 3.121 kg/ha.
Para la actual campaña de soja Villamil planteó como hipótesis un rendimiento promedio cercano a los 1.800 kg/ha que en 1,25 millones de hectáreas dejaría una cosecha de unos 2,25 millones de toneladas, prácticamente la mitad que el año pasado.
En Chicago la suba de la soja sigue la trayectoria de los aceites y los productores que tienen la mayor parte de la cosecha pasada en los silos aprovechan a vender.
Pero China sigue sin comprar soja estadounidense en montos significativos. “No hay un correlato con los negocios físicos. Ante tanta incertidumbre se restringe mucho el comercio a lo indispensable, de corto plazo, se amplían los rangos y con las coberturas para ventas más diferidas quedan muy abiertas las puntas”, indicó Villamil.
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Demanda firme de oleaginosas con oferta récord
En el último mes el precio de la soja aumentó a máximos de dos años en Chicago aunque se ensanchó la prima para los embarques en puertos de Sudamérica que se encuentra en plena cosecha.
En Argentina los valores acompañaron la suba en mayor medida que en Brasil, presionado por la estimación de una producción récord de 180 millones de toneladas y la apreciación del real frente al dólar de 6% en 2026.
A las expectativas de demanda doméstica para biocombustibles en Estados Unidos, que está por publicar un nuevo mandato que aumentaría la mezcla con los combustibles convencionales, se suma el incremento del petróleo que renueva la competitividad de los aceites vegetales.
El precio del aceite de soja de Estados Unidos subió 35% en las primeras 10 semanas de 2026 hasta máximos de tres años y el aceite de palma de Indonesia, habitualmente el más barato del mercado, sobrepasó las referencias del aceite de soja de Sudamérica –Argentina y Brasil– tensionados por el volumen de cosecha y el incremento de la producción.
La suba de precio parece consolidarse por la demanda ya que la oferta sigue siendo voluminosa.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estima una producción récord de aceite de soja de 71,4 millones de toneladas en 2026, 1,3 MT más que el año pasado (+1,9%) con una caída proyectada de las exportaciones de 14 a 12,8 millones (-8,5%) y un aumento del consumo doméstico por el impulso de los biocombustibles.
La colza con una producción que crecerá 11% este año a un récord de 95,5 millones de toneladas desde los 86 MT de 2025, es el cultivo aceitero que más crece en el mundo y compensa la baja en la disponibilidad de girasol en los últimos años por la guerra en el Mar Negro.
La oleaginosa invernal tuvo un fuerte impulso en Australia y también en Uruguay que en la última zafra produjo unas 500.000 toneladas.
Mientras que la producción de soja se incrementó 18% en cinco años la colza agregó 20 millones de toneladas y creció 25%.
Con una nueva suba a 35,76 millones de toneladas, un nivel récord de producción, las exportaciones de aceite de colza aumentarían 9% respecto a 2025 a 7,92 MT según el USDA.
La producción de girasol este año encuentra estímulos de precio y condiciones productivas para empezar a recuperarse de la baja de los últimos años. Para el aceite de girasol la producción fue ajustada al alza en marzo a 20,75 millones de toneladas y a 13,2 MT las exportaciones con stocks que seguirán siendo reducidos.
El trigo abre una oportunidad a la cebada
El trigo acompañó el salto en los precios de los granos. Después de dos años en niveles deprimidos llegó a alcanzar los US$ 240 por tonelada en la posición diciembre 2026 de la Bolsa de Chicago, una suba de 17% desde enero.
La cebada, con referencias de precios habitualmente atadas al trigo diciembre, despierta mayor interés que hace un mes con precios que subieron hasta US$ 218 esta semana y espera las condiciones comerciales de las malterías para la siembra aunque con la sombra del cierre por tres meses más de la planta de Ambev de Paysandú.
“En cereales hay que ver si los precios de los commodities se ajustan a la relación precio-insumos en el momento de la siembra”, sostiene Villamil.
Por ahora el precio del grano si bien ha mejorado no acompasa el fuerte encarecimiento de los fertilizantes, los combustibles y los costos logísticos.
A corto plazo es difícil prever dónde se van a estabilizar. En cualquier caso es un sacudón a los principales granos que no veían fundamentos agrícolas y de mercado para que se movieran los precios, con una oferta que sigue siendo importante y existencias altas. “Eso cambió”, afirmó el director de Hajnal & Cía.
El trigo tiene varios obstáculos a superar.
Aunque el precio en Chicago va en ascenso, una cosecha muy abundante en la zafra pasada en Uruguay y Argentina mantiene estable el precio local en US$ 180 por tonelada, muy lejos de las referencias de cebada que regida por las referencias de Chicago se va a US$ 220 y más lejos de las oleaginosas que se van arriba de US$ 500.
Por otra parte, mientras estos cultivos se pueden colocar mucho antes de la cosecha, esa flexibilidad comercial no está disponible para el trigo atado a la venta física.
Un mar de dudas
Está sobre la mesa de los productores un difícil ajedrez de jugar porque la agronomía manda no reiterar un cultivo atrás de otro, lo que limita el crecimiento de las oleaginosas, en la cebada el cierre de Ambev puede generar incertidumbre para el área al norte del río Negro, mientras que en el cultivo que tradicionalmente tiene más área, el trigo, los números del presente generan un mar de dudas.