La elevada oferta se complementa con una producción que puede superar los 220 millones de toneladas entre Brasil y Argentina para 2025, un crecimiento del 10%.
Los precios en Chicago, ya bajos, cayeron US$ 30 en 15 días y hoy están debajo de US$ 380 por tonelada para la posición julio de referencia para la cosecha 2025 lo que se traduce en Uruguay a un precio inferior a US$ 340 por tonelada.
Enemigo de peso: la chicharrita
En un año normal la alternativa clara sería el maíz. Pero hasta hace dos semanas atrás la intención de siembra era estable en soja y menor en maíz. ¿Por qué? El año pasado los cultivos fueron afectados por una enfermedad causada por un virus, Spiroplasma kunkelii, transmitido por el insecto llamado chicharrita que afectó gravemente a los cultivos de segunda en la zafra que está terminando de ser cosechada.
En Argentina la primera proyección de siembra de la Bolsa de Rosario, proyecta unos 2 millones de hectáreas menos de maíz, de 9,7 a 7,7 millones de hectáreas. Sería la primera reducción en nueve años, particularmente en los cultivos de segunda.
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Hasta la semana pasada en Uruguay se esperaba una caída similar, aunque más difícil de cuantificar desde unas 215.000 hectáreas estimadas de la zafra pasada. Probablemente pasará a un rango entre 190.000 y 200.000 hectáreas.
Sin embargo, la caída tan fuerte de los márgenes esperados para la soja y la expectativa de que las heladas del invierno hayan reducido sensiblemente la población de chicharrita ponen en carrera al maíz con mayor impulso. De modo que, a menos de un mes de comenzar la siembra del maíz, lo proyectado puede cambiar.
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“La incertidumbre es total”, sostuvo Andrés Alayón, director de Agroterra, “con la baja de precio de la soja por ahí la gente piensa un poco más en maíz” debido a la expectativa de rendimientos y de evolución de los precios, que dependen de factores regionales.
El área de maíz de primera que se planta en setiembre y octubre representa entre el 35% y el 40% del total del cultivo y es más estable, con menos riesgo climático y sanitario. Allí están los cultivos bajo riego. La superficie de cultivos de segunda que se plantan en diciembre, luego de cosechada la cebada y el trigo, es la que impulsó el crecimiento en Uruguay.
En los últimos ocho años aumentó desde 66 mil hectáreas hasta superar las 200 mil por primera vez en cinco décadas. Pero la sequía en 2023 y los problemas sanitarios comentados en la zafra que recién se ha terminado de cosechar devolvieron las dudas respecto a esta opción.
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En las secuencias de rotaciones que analizó Fucrea en su jornada de planificación de esta semana, solo los sistemas de cebada seguida de soja y de soja sobre colza podrían arrojar un margen positivo para los agricultores.
Los cálculos de Fucrea están hechos en base a soja a US$ 370 por tonelada y maíz de primera a US$ 180 por tonelada.
Con los costos actuales de US$ 665 por hectárea, similares a los de la zafra pasada, el rendimiento de equilibrio si se incluye la renta están muy cerca de 3.000 kilos por hectárea para la soja, cuando su rendimiento normal se ubica en 2.400 kilos y difícilmente se alcanza esa productividad en un año Niña.
Así las cosas, las cifras para el maíz se vuelven más amigables.
A pesar de que los precios en Chicago también son bajos porque EEUU va a una cosecha con rendimiento récord, una baja del área aquí y en Argentina puede llevar a un rendimiento de equilibrio no lejano a los 5.000 kilos por hectárea pensando en un precio cercano a US$ 1.000 por hectárea y un precio que puede ubicarse cerca de US$ 200 por tonelada.
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Cultivos de invierno exigidos
Para que los resultados del doble cultivo sean positivos se va a necesitar un muy buen rendimiento de los cultivos de invierno, que también están presionados por precios de US$ 200 por tonelada tanto para el trigo como para la cebada.
“Hace un mes el productor estaba más atemorizado por la chicharrita y los precios”, señaló Felipe González, director de Procampo. Ahora “ya está bastante claro que el área baja, la soja también baja, aunque el maíz permite apostar a mejores rendimientos”, dijo.
La demanda por semillas se está dirigiendo a materiales que en Argentina han probado tener mayor resistencia a la chicharrita, aunque ninguna variedad específica con tolerancia al spiroplasma fue autorizada en Uruguay por el Instituto Nacional de Semillas (Inase).
González confía que una menor oferta de maíz en la región corrija los precios al alza, como ya pasó este año.
“El maíz es una opción con expectativa de sacar 7.000 kilos por hectáreas y según estimo va a valer entre US$ 200 y US$ 250 por tonelada, contra un cultivo de soja que puede tener una expectativa de sacar 3.000 kilos como mucho a US$ 360 por tonelada”, proyectó el titular de Procampo.
“Y la soja plantada atrás de ese maíz va a dar más kilos, está demostrado que rinde 300 o 400 kilos más que soja sobre soja”, señaló, destacando la importancia que el maíz tiene en las rotaciones y en la calidad del suelo.
Los productores, dijo, “están realmente ávidos de saber las opciones de maíz que hay, los híbridos y sus atributos dentro de un abanico grande de opciones”.
Otro operador del mercado de semillas considera que la intención de sembrar maíz de segunda es menor en el norte del país, más afectado este año por la chicharrita, y en el sur evolucionará en función de los resultados de la red de monitoreo generada por las empresas junto al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) con relevamientos y trampas.
También el área de segunda dependerá del clima –una Niña débil o una situación neutral, las lluvias en la primavera– así como a la evolución de la plaga en los maíces tempranos.
“Si esto es favorable y hay menos chicharrita por las heladas fuertes, se va a mirar de otra forma el cultivo de maíz porque hoy no es atractivo el número de la soja, por más que la soja tiene menor inversión inicial y riesgo”, consideró.
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Girasol, un cultivo que había casi desaparecido en el país.
Si no es maíz o soja, que sea girasol
Otras alternativas minoritarias en las rotaciones podrían hacerse lugar, como el sorgo y el girasol.
El girasol viene de un piso de siembra de unas 5.000 hectáreas. Para este año el comprador local, la aceitera Cousa, ofrece un precio que con las cotizaciones actuales de las referencias que se toman queda con 20% de premio sobre la soja (alrededor de US$ 430 por tonelada).
El girasol insume costos de siembra 10% o 20% menores a la soja, con rendimientos similares, tiene mayor tolerancia al déficit hídrico y se cosecha (y se cobra) antes, pero tiene una amenaza que complica a muchos productores: las palomas que comen el grano antes de la cosecha.
Ante la caída de los precios agrícolas, otra posibilidad es que la ganadería recupere áreas.
Con una ganadería más pujante que la agricultura, la opción de dar más espacio a las pasturas se vigoriza.
Según Nazar Rodríguez, coordinador agrícola ganadero de Fucrea, en las áreas de buenos promedios de rindes agrícolas los márgenes siempre están por encima de la ganadería y los ajustes “pueden ser sobre las áreas marginales”.
De todos modos, “en estos ciclos de baja de precios y de ganadería fortalecida, la discusión está sobre la mesa”, dijo en Tiempo de Cambio de Radio Rural.
Decisiones al filo de las fechas de siembra
Es un año peculiar porque las decisiones pueden cambiar muy sobre el comienzo de la siembra.
El factor chicharrita, así como un gobierno que se espera vaya bajando las retenciones en Argentina, lleva a un posible aumento del área sojera.
Las primeras estimaciones de producción de soja en Brasil ubican el volumen de cosecha en 170 millones de toneladas, un nuevo récord, que vendría tras el de Estados Unidos.
Por relaciones de precios el maíz se ha vuelto más atractivo, si elude los riesgos sanitarios y climáticos: “Sembrar se va a sembrar, es necesario ir siguiendo las variables del clima y los precios”, considera Alayón, de Agroterra.
La decisión de la siembra de maíz de primera no tiene mucho margen de tiempo: en dos semanas se empieza a plantar. La de maíz de segunda se irá evaluando sobre la marcha. Y es una decisión que tiene una fuerte incidencia sobre los costos de la producción lechera y de carne vacuna y aviar.
Pocas veces a esta altura del año hubo tanta incertidumbre sobre producciones posibles.
El USDA arriesga una producción cercana al millón de toneladas con 170 mil hectáreas en Uruguay.
Pero entre la Niña, la chicharrita y el derrumbe de la soja, esa cifra puede tener variaciones como pocas veces se ha visto. Y en esos vaivenes puede dar un paso adelante el girasol, aportando a una trayectoria de diversificación de la agricultura uruguaya que hasta ahora se ha manifestado principalmente en los cultivos de invierno.