"Construir comunidad es un patrón que se repite en mi carrera": el argentino que fundó un club de negocios en Punta del Este y lidera un fondo que invierte en startups con foco global
Tomás Roggio es managing partner de Latitud, un fondo de inversión que apuesta por emprendedores latinoamericanos que construyen compañías con proyección global, y cofundador de Casa Manantial, un club de negocios que se posiciona con fuerza en el balneario uruguayo
Cuando en 2005 el argentino Tomás Roggio decidió estudiar Ciencia Política, una de sus principales motivaciones era generar un impacto en la realidad de su país. Con el tiempo, su recorrido académico y profesional hizo que terminara encontrando en la tecnología un vehículo más directo para generar cambios, pero esta vez a escala regional.
“Creo mucho en que la tecnología puede impactar positivamente con empleo, inclusión financiera, salud y educación”, sostuvo en conversación con Café y Negocios.
En ese trayecto, Roggio se convirtió en inversor ángel en startups del Reino Unido y Estados Unidos y cofundó su propia plataforma musical online, VOMB. Además, fue parte de DG Entertainment, donde como director de desarrollo de negocios lideró estrategias comerciales, alianzas y marketing para nueve proyectos y giras de entretenimiento en vivo en 15 países de Europa y América Latina, en asociación con gigantes globales como The Walt Disney Company, Live Nation y AEG Live.
Hace cinco años, luego de una trayectoria profesional que lo llevó por Estados Unidos y Londres, eligió radicarse en Punta del Este. Desde allí se desempeña como cofundador y managing partner de Latitud Ventures, un fondo con más de US$ 30 millones bajo gestión que invierte en emprendedores latinoamericanos con ambición global, y desde el cual lideró inversiones pre-seed y seed en startups como Pomelo (LatAm), BHub (Brazil) o Gamma (global, valorada en $2.2 billion).
En paralelo, también cofundó Casa Manantial, un club de negocios que funciona como un hub de conexiones y que viene posicionándose con fuerza en el balneario, apostando a la construcción de comunidad como motor de oportunidades.
En diálogo con Café y Negocios, Roggio repasa su recorrido, reflexiona sobre cómo se fue ajustando la tesis de inversión de Latitud frente a los cambios tecnológicos, adelanta una nueva inversión en una startup uruguaya y pone foco en el valor de construir comunidad en la transformación que atraviesa Punta del Este.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista que concedió a El Observador:
La primera carrera que estudiaste fue Ciencia Política. ¿Qué te llevó desde esa formación a involucrarte de lleno en el mundo de la inversión en startups?
Estudié Ciencia Política con ganas de impactar la realidad de mi país, pero la vida me llevó más al sector privado. Hice una maestría de negocios en Columbia y trabajé en consultoría en Argentina. Ahí me fui acercando al mundo de medios y entretenimiento; emprendí, tuve una startup vinculada a medios y música y viví en primera persona lo que es emprender y armar una comunidad. Creo que construir comunidad es un patrón que se repite en mi carrera. Trabajé en la industria de la música, que es una pasión mía, hicimos proyectos grandes de entretenimiento en Latinoamérica y Europa, asociados con Disney . Eso me llevó a Londres por primera vez, donde luego hice un MBA en la London Business School y me acerqué al mundo de inversión en startups. Empecé como angel investor y al terminar el MBA me di cuenta que quería involucrarme formalmente en venture capital, y enfocarme en Latinoamérica. Creo mucho en que la tecnología puede impactar positivamente en la región, con empleo, inclusión financiera, salud, educación, digitalización de pymes, etc. En la pandemia conocí por Zoom a Brian Requarth, hoy mi socio. Yo estaba en Londres y él en San Francisco. Trabajamos remoto un año y medio sin conocernos en persona y así arrancó la historia de Latitud.
Tomás Roggio
Tomás Roggio
Foto: Joaquín Ormando
¿Qué vacío del ecosistema emprendedor identificaron al crear Latitud y cómo eso definió su trabajo?
Nosotros detectamos dos gaps (brechas) en la región. Uno de ellos fue que faltaba capital muy temprano, faltaba ese primer cheque, el primer creyente que invierte en un equipo con una idea o un pitch deck. En LatAm hay pocos ángeles, están dispersos y no es fácil acceder.
Por otra parte identificamos la necesidad de mentoría muy temprana, faltaba un “mini Endeavor” para gente que recién arranca. Entonces lo primero que armamos no fue un fondo, fue una comunidad y un programa de mentoría: Latitud Fellowship. Ayudábamos con lo básico: cómo emprender, cómo levantar venture capital. Mucha gente venía de Mercado Libre, Nubank, dLocal, PedidosYa, etc., cracks en producto o fintech, pero sin experiencia como founders.
Hoy el Fellowship recibe 1.500 aplicaciones al año, nosotros seleccionamos 8 proyectos en etapa temprana (cerca del 1%).
Lo que miramos para esta elección va más allá de la idea, porque es una etapa muy temprana y puede cambiar, es sobre todo el equipo, la obsesión por el problema, nos gusta verlos en persona y conversar.
A partir de esto les damos un cheque de 62.5K, hacemos un programa remoto de mentoría y la última semana nos los llevamos a San Francisco, vivimos todos en una misma casa y visitamos fondos y compañías top como OpenAI.
Con el tiempo, arriba del Fellowship lanzamos el fondo, Latitud Ventures, invirtiendo muy temprano en tecnología en toda LatAm.
¿Cuánto capital llevan invertido?
Hasta ahora llevamos invertidos US$35M en dos fondos y estamos por salir a levantar un tercer fondo de entre $30-50M enfocado en talento latinoamericano construyendo globalmente. Los tickets de inversión rondan entre los $62.5K (Fellowship) hasta los $400K
¿Cuál es la tesis de inversión de Latitud actualmente y cómo fue cambiando con el tiempo?
Estamos viendo que el talento latinoamericano se está mudando a San Francisco en una proporción que antes no veíamos. La ciudad volvió a ser un imán de talento y capital, a raíz del impacto de la Inteligencia Artificial. Entonces nuestro nuevo fondo va a estar más abierto a invertir no solo en LatAm, sino en el talento latinoamericano world-class que está construyendo para el mundo.
Desde tu mirada como inversor regional, ¿cómo ves hoy al ecosistema inversor y emprendedor en Uruguay?
Uruguay es un caso interesantísimo, por ser un mercado doméstico chico, históricamente tuvo una mirada más regional o global desde el día cero, dLocal es un ejemplo claro. Eso es una ventaja. Hasta ahora tenemos cinco equipos uruguayos en nuestro portafolio, incluyendo Strike y Datanomik y para la edición 2026 del Fellowship ya tenemos una startup uruguaya seleccionada. Se trata de Frontline (plataforma fundada por el ex PedidosYa Esteban Paredez y Álvaro Vargas).
Venís de una experiencia internacional fuerte y sin embargo elegiste Punta del Este como base. ¿Qué pesó en esa decisión, tanto a nivel personal como profesional?
Me mudé en pandemia de Londres a Uruguay por la calidad de vida para mi y mi familia. Lo que me hizo quedarme fue ver la evolución en cinco años. Hubo un flujo migratorio fuerte de gente de negocios y tecnología que llegó no solo de Buenos Aires o Montevideo, también de San Francisco, Londres, Nueva York, Miami, y San Pablo.
Esta realidad te llevó a fundar Casa Manantial junto con otros colegas…
Casa Manantial
Joaquín Ormando
Mucha gente que se mudó en estos años trabaja de forma remota y bastante sola. Con un grupo de amigos nos encontramos extrañando el contacto humano. Lo que hicimos fue alquilar un hotel boutique en La Barra fuera de temporada, dos años seguidos. Ahí nació Casa Manantial, una comunidad, un club de miembros vinculado al trabajo. Hace un año nos mudamos a una casa propia, que nos permite quedarnos también todo el verano y se está consolidando como un hub de la comunidad de negocios y de emprendedores que está el año entero en Punta del Este. Vienen emprendedores de Montevideo, de Buenos Aires a presentarse, a pitchear, a hacer networking.
¿Cómo funciona el club y cómo es el perfil de los miembros?
No es un coworking, es un club de miembros que tiene 20 oficinas privadas, tiene su propio gimnasio y servicio de almuerzo. Tratamos de salir de lo digital, de zoom, de whatsapp y habilitar conexiones en persona.
Hay gente que va a trabajar todos los días y otra con un tier más social, para charlas y networking. Todos los viernes tenemos charlas con líderes de opinión y un asado de networking. Además, a esto se suman eventos particulares, como Punta Tech.
Hay muchos proyectos que nacen en la casa, co-fundadores que se conocen en la casa, inversores que conocen emprendedores.
Hoy somos 45 miembros con un promedio de edad de 35 años, pero con un rango que va de los 25 a los 80. Hay mucha gente del mundo emprendedor, tecnológico, startup, pero también hay gente que está en real estate, en economía tradicional, en finanzas, en biotecnología.Y después en el mundo inversores también hay una mezcla de inversores más VCs, con un par de fondos, pero también hay gente de inversión tradicional, de family offices, de inversión en acciones.
¿Qué rol crees que está teniendo la iniciativa en el ecosistema y cómo se diferencia de lo que ya existía?
Casa Manantial
Joaquín Ormando
Pensas en Silicon Valley, y tenes Stanford, donde las personas se cruzan y se conocen, siempre existieron estos lugares físicos donde se aglutina el ecosistema y se dan esos encuentros.
Punta del Este, con todo lo lindo que tiene a nivel natural, es un lugar bastante extendido, que va desde Punta Ballena hasta José Ignacio, si tomamos el gran Punta del Este.
Creo que lo hizo Casa Manantial es volverse ese hub donde se concentra la gente y se dan esos momentos de encuentro. Se volvió un catalizador, un dínamo de proyectos.
En los últimos años Punta del Este cambió mucho ¿la vez como un polo de negocios y emprendimiento hoy? ¿Qué diferencias ves frente a ecosistemas de ciudades como Buenos Aires y Montevideo?
Montevideo, y principalmente Buenos Aires tienen muchos núcleos de talento. Punta del Este tiene menos de eso, no hay tanto volumen de chicos jóvenes saliendo de grandes universidades por ejemplo, eso está en un desarrollo muy temprano todavía. Pero si hay muchos tomadores de decisión que lideran empresas o fondos. Es menos volumen de talento pero más tomadores de decisión e inversores que apoyan ese talento.
Casa Manantial
Joaquín Ormando
Por eso ese talento migra o viene a Punta del Este a conocer ese ecosistema inversor.
Y la otra diferencia es que es muy global. Montevideo y Buenos Aires tienen muchas personas locales, en Punta del Este, tenes al esteño, al montevideano, al argentino, pero también brasileros, americanos, europeos, o gente que es argentina o uruguaya que articula con Silicon Valley o Londres o Nueva York.
En el ecosistema emprendedor se creó un polo global, que complementa muy bien con Montevideo y Buenos Aires, porque es desde ahí donde salen los talentos, los nuevos jóvenes emprendedores, los desarrolladores.Y Punta del Este funciona como un nexo con los mercados de capital internacionales o líderes más avanzados.
¿Qué falta para que se siga desarrollando ese polo de negocios?
Creo que si Uruguay sigue incentivando a los nómades digitales puede seguir creciendo, hoy hay muchos jóvenes de Montevideo que se están mudando para acá también.
Está todo el tema de la conexión internacional que tiene que seguir funcionando para acercarnos más todavía a Europa, Estados Unidos, con vuelos directos y más frecuentes desde Carrasco y Punta del Este.