En Uruguay, aproximadamente el 10% de quienes invierten en capital de riesgo son mujeres, y según datos de WeInvest -una comunidad de mujeres que invierten en América Latina a través de capital de riesgo, capital privado, oficinas familiares, aceleradoras e inversiones ángel-, esta participación tiende a crecer.
El perfil predominante es el de ejecutivas con trayectorias consolidadas en el mundo corporativo, que comienzan a volcarse hacia el ecosistema emprendedor. En muchos casos, lo hacen como inversores ángeles, con tickets que van desde US$10.000 hasta US$ 200.000.
“Las mujeres somos más adversas al riesgo, entonces muchas veces no empezamos con tickets altos. También se arman grupos, donde varias inversoras se juntan para participar en una misma oportunidad”, explicó Barbara Harteneck, directora ejecutiva de la organización que tiene presencia en 24 países, entre ellos Uruguay.
En este sentido, otro de los rasgos distintivos de las mujeres en este ámbito en Uruguay y la región es la tendencia a invertir en red. En esa línea, algunos fondos han comenzado a adaptar sus estructuras para facilitar el ingreso de más mujeres como inversoras. Entre las estrategias aparecen la reducción de tickets mínimos o la creación de vehículos como SPV (Special Purpose Vehicles), que permiten invertir de forma colectiva.
En cuanto a los destinos de inversión en Uruguay, señalaron desde la organización, predominan emprendimientos vinculados a la moda, la gastronomía y startups tecnológicas con impacto social y ambiental. Además, en estas mujeres inversoras se observa una inclinación a respaldar proyectos fundados por mujeres, generando una sinergia creciente entre emprendedoras e inversoras.
En este escenario, Harteneck destacó el creciente interés de las mujeres por ingresar al mundo de las inversiones ángel como puerta de entrada al sector. Además, celebró que los fondos corporativos (CVC) están siendo mayormente liderados por mujeres, lo que abre nuevas oportunidades para trasladar experiencia del mundo corporativo al ámbito de la inversión.
Pero a pesar de estos avances, advirtió que el ritmo de cambio aún está por debajo de lo esperado. A nivel global, apenas el 9% de los fondos de venture capital cuentan con socias mujeres, a pesar de que los datos muestran que los fondos que tienen socios de ambos géneros tienen una mejor rentabilidad.
El principal obstáculo que enfrentan muchas mujeres para comenzar a invertir, señaló, sigue siendo el desconocimiento, en una industria históricamente marcada por la asimetría de la información y el acceso concentrado en círculos reducidos. Sin embargo, ese escenario comienza a revertirse y la mayor circulación del conocimiento, junto con el desarrollo de nuevos instrumentos y plataformas, está contribuyendo a reducir las barreras de entrada y a democratizar el acceso a las inversiones.
“Nos interesa que haya más representatividad de mujeres en roles de decisión, desde emprendedoras hasta inversoras”, sostuvo la ejecutiva. En esa línea, destacó la importancia de impulsar espacios que fomenten el vínculo entre mujeres, generando redes que, con el tiempo, se traduzcan en oportunidades concretas de inversión. Para ello, subrayó como claves el acceso a formación, networking, mentoría y espacios de visibilidad que permitan acelerar su participación en el ecosistema.