Con el tiempo McGinnis comenzó su trayectoria en inversión en venture capital (capital de riesgo) y private equity (adquirir participaciones en empresas) en mercados emergentes, y fue uno de los pioneros de la inversión de venture capital en América Latina, invirtiendo en compañías como MercadoLibre, Despegar y Patagon.com. Actualmente continúa ese trabajo como miembro de directorios públicos en Estados Unidos —Nasdaq: IBEX— y Asia, y como fundador de The xQuotient, una firma de coaching ejecutivo. Además, ha escrito bestsellers sobre emprender y creó nuevas palabras como FOBO (Fear of a Better Option, o miedo a que exista una mejor opción), y más reciente FOMAI, ligado a la inteligencia artificial y cómo esta ha generado una fiebre por no quedarse fuera de los próximos avances.
Con esta experiencia y con más de dos décadas observando cómo evolucionó este fenómeno, McGinnis analizó en diálogo con Café y Negocios cómo hoy el FOMO también atraviesa al mundo de los negocios. Desde la presión por adoptar inteligencia artificial hasta la ansiedad por innovar, invertir o no perder terreno frente a la competencia, el “miedo a quedarse afuera” está influyendo cada vez más en las decisiones empresariales, tanto en Uruguay como a nivel global, pero no tiene por qué ser negativo.
En la entrevista su creador habló de las claves para usar esta sensación cómo una motivación para innovar más rápido, mantenerse competitivo y también cómo evitar caer en decisiones apresuradas.
Lo que sigue a continuación es un resumen de la entrevista que concedió a El Observador.
Creaste el término FOMO hace más de dos décadas. ¿Cómo crees que cambió ese fenómeno desde entonces y cómo impacta hoy en nuestro a día a día?
Lo inventé antes del auge de las redes sociales, y creo que ese fue el principal cambio. Mi FOMO vino de compararme con mis vecinos, mis amigos, ahora con LinkedIn, Facebook y con las redes sociales en general podemos comparar nuestras vidas con las de muchos otros. Otro de los grandes cambios fue que la separación entre realidad y percepción se hizo mucho más grande, ahora ves algo y no sabes si es real, una persona por ejemplo puede tener un montón de filtros. Estamos viviendo en un mundo en donde no sabemos exactamente qué es real, qué es ficción y estamos siempre conectados a las redes sociales, viviendo un mundo que está controlado por un algoritmo que afecta nuestra percepción. Ni hablar ahora de la inteligencia artificial, creo en resumen el cambio es el nivel de conexión a la tecnología y a un mundo que no existe.
¿Cómo se aplica este término en el mundo empresarial?
Cuando una empresa tiene FOMO está imaginando un futuro que todavía no existe.
Está pensando “si no tengo esta parte del producto, si no lanzo mi IA solution, si no levanto capital, si no contrato a esta persona, si no hago exactamente lo que hace mi competidor, voy a morir”. Esa es una historia que se cuenta a sí mismo y que puede ser muy productiva o muy contraproductiva. El FOMO no tiene por qué ser algo malo, puede ser una fuente importante de motivación, un emprendedor que tiene FOMO lo puede usar como una base de energía, de motivación, incluso es difícil encontrar un emprendedor que no tenga FOMO.
Pero si vamos al lado malo, hay riesgo de sobreinvertir tiempo y dinero en cosas que no van a generar el retorno esperado.
¿Qué ejemplos públicos se te vienen a la mente cuando pensas en cómo el FOMO mueve hoy al mundo de los negocios?
Un ejemplo que es muy del momento es que todas las compañías en el mundo están hablando de que tienen una estrategia de IA, están gastando un montón de plata en computadoras, en soluciones, pero cuando se ven los números del dinero gastado en IA hasta ahora, solo un 20% genera un retorno positivo, el resto es perfomance para accionistas, para prensa, para empleados, para clientes.
¿Cómo distingue un líder empresarial o un inversor entre una oportunidad real y una decisión impulsada por miedo a quedarse afuera?
Hay varias cosas que se pueden hacer. La número uno es ser escéptico de todo, hacer preguntas. Muchas veces voy a reuniones de consejo de empresas, donde hay mucha gente que no sabe de IA por ejemplo, que no trabaja con tecnología. Sin embargo no quieren dar la percepción de que no saben lo que está pasando y están de acuerdo con todo.
La número dos es experimentar. Por llevarlo a un ejemplo personal, corrí el maratón en Nueva York, pero primero fui a ver el maratón, me emocioné, y aún así no es que fui al día siguiente a hacer el maratón, corrí primero una milla, dos millas, diez millas, hasta que lo hice. Eso tiene que pasar con todas las cosas que motivan el FOMO, experimentar y probar qué es lo que funciona o no, y no poner todo en esto antes de saber qué genera.
En países con muchas empresas familiares y estructuras más tradicionales, como Uruguay, ¿el FOMO puede convertirse en un motor para innovar más rápido?
Totalmente. Yo vengo del estado de Maine, un estado muy chico, al norte, con un millón de personas. Es muy parecido a Uruguay, muy tranquilo. Hay dos tipos de personas en Maine, las personas que nunca se van, se quedan para siempre ahí y el tipo que se va y viaja, y viene de vuelta con experiencias para compartir, que es algo que no suele suceder. Y muchas veces cuando esa persona llega de vuelta con sus experiencias, la gente no quiere saber nada de esto, porque tiene su sistema.
Siempre el gran desafío de venir de un país chiquito o de un estado chico como el mío es ser audaz, tener el coraje de soñar en grande y de hacer algo un poco diferente del sistema. Y creo que en eso el FOMO puede ayudar, porque el FOMO nos motiva a buscar ejemplos y casos de excelencia que nos lleven a decir yo también lo puedo hacer.
¿Y en el ecosistema emprendedor?
Creo yo que un emprendedor hoy en día tiene que ser paranoico. Hoy con la IA, si lanzas una compañía y te va bien, la chance que 50 más en todo el mundo puedan lanzar lo mismo es muy alta. Tiene que realmente buscar su nicho, sus barreras de entrada y ser super paranoico y rápido, tener un FOMO de vigilancia.
Además, el cambio que la IA está haciendo en los países como Uruguay, que tienen menos capital, es que compañías de dos o tres personas llegan a ser unicornio con poca plata. La ecuación y el balance entre dinero y talento está cambiando. Entonces por un lado es mucho más fácil que antes, porque podes hacer un montón de cosas en poco tiempo, pero eso hace que todo el mundo lo pueda hacer.
¿Qué percepción tenes de Uruguay como país?
Creo que Uruguay tiene un montón de ventajas, es un país que tiene un impacto global mucho más grande que su tamaño en términos de deporte, cultura. Tiene un increíble soft power gracias a José Ignacio, Punta del Este.
En Nueva York Uruguay significa cool, tiene una percepción muy positiva.
Además, tiene una economía y un gobierno estable, y destaca por su energía renovable.
Conozco un montón de talento de Argentina se mudó a Uruguay y eso también es una gran ventaja, que haya gente talentosa que elija a Uruguay. Por Endeavor Uruguay conozco emprendimientos uruguayos como Trafilea y Solfium. Aunque sea chiquito en el mundo emprendedor Uruguay es como en el fútbol, genera un montón de “Forlanes” todo el tiempo.
En tu libro The 10% Entrepreneur planteas la idea de emprender de manera paralela sin abandonar el trabajo principal. ¿Por qué considera que ese modelo cobra cada vez más sentido en el contexto actual?
Ha sido un concepto muy poderoso en mi vida porque yo mismo lo hice. Tenía un trabajo en Wall Street, en una compañía de inversiones. Sin embargo fue muy afectada por la crisis de 2008 y me di cuenta que uno piensa que tiene estabilidad pero eso se puede ir de golpe. Al mismo tiempo, veía que los emprendedores tenían mucha más inestabilidad pero tienen mucha más autonomía. Entonces pensé, ¿cómo se puede combinar lo bueno de las dos cosas? ¿Se puede tener un trabajo estable pero también construir algo para uno mismo?
Mi idea fue comenzar con un 10% de mi tiempo dedicado a emprender, y si va bien va creciendo, como una diversificación económica.
Creo que para el latino es darle un nombre a un estilo de vida que ya tiene, pero más enfocado en el emprendedurismo y en la construcción de algo para uno mismo.
¿Por dónde se empieza?
Creo que lo primero es tratar de encontrar un proyecto que combine lo que te gusta hacer con lo que haces bien. Porque lo que haces bien te va a ayudar a ser exitoso y lo que te gusta hacer va a ser que quieras trabajar en eso cuando podrías estar haciendo otra cosa. También creo que es muy útil buscar un socio, un amigo, una persona de la familia, porque un compromiso con otro hace más probable que le dediques tiempo.
Y lo otro es que no tiene que ser perfecto, ser emprendedor, especialmente al principio es experimentar, probar cosas, el mundo es un laboratorio, así que lo más importante es comenzar. Si queres vender galletas, hacelas, anda a una feria artesanal y tratá de venderlas a ver qué pasa.
¿Hay nuevos términos que tengas en mente para seguir describiendo fenómenos de la sociedad actual?
Ya tengo FOMO y FOBO, y FOMAI que lancé este año. Creo que lo nuevo es el FOMAI, pero invento palabras todos los días, tengo una lista en mi teléfono.
El mundo debería esperar de mí que cada año voy a darle un término nuevo y probablemente va a comenzar con FO.
En un mundo donde todo parece urgente -invertir, emprender, adoptar IA, pero también decisiones de la vida personal-, ¿cómo hacés vos para sobrevivir al FOMO?
Siempre recomiendo meditar, con cinco o 10 minutos cada día alcanza. Mis probabilidades de estresarme y perder el control han bajado un 95% desde que lo hago. Es gratis, no cuesta nada, y realmente el retorno en inversión de este tiempo lo hace esencial. Para mi es la cosa más impactante que se puede hacer en los tiempos de incertidumbre donde vivimos.