“Es un proceso que está en una etapa inicial. Históricamente hubo necesidad de oficinas en Punta del Este, para administración, propiedades, contadores, arquitectos y todos los usos de servicios. Pero habiendo existido siempre disposición de locales comerciales, de casas que se podían reconvertir, las empresas tendían a alojarse desagregadas en ubicaciones que no eran del todo prácticas. Hay pocos edificios de oficina concebidos originalmente como tales”, contó Claudio Scalise, director de Distrito 52 a Café y Negocios.
Sin embargo, los cambios demográficos y la evolución de un mundo corporativo que comienza a organizarse impulsan nuevas demandas en este departamento. En este escenario, cada vez más compañías pequeñas o medianas tienen su sede en Punta del Este y empresas de mayor volumen, con base en la capital -como estudios de abogados y firmas de servicios profesionales- empiezan a requerir subsedes en el este del país, lo que eleva la vara del mercado y se traduce en mayores exigencias en términos de practicidad, amenidades, accesibilidad y ubicación estratégica.
Una clara señal de esta sofisticación es la reciente inauguración de World Trade Center Punta del Este Free Zone, la primera zona franca de servicios instalada en el departamento de Maldonado.
La construcción comenzó en junio de 2022 y demandó una inversión que superó los US$ 60 millones. El desarrollo consta de un edificio de 27 pisos, con unos 28.000 metros cuadrados de oficinas.
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Según detalló Ignacio Del, general manager de WTC Free Zone a Café y Negocios, el mercado está creciendo y empresas internacionales de tecnología y especialmente de IA están buscando a Punta del Este como destino. A esto se le suma un mayor interés de brasileños por instalarse y empresas uruguayas con parte de sus equipos migrando hacia el este.
Otra inversión importante en este sector es la de Distrito 52, un gran proyecto de desarrollo urbano que ronda los US$120 millones repartidos en vivienda, educación, comercio y también oficinas.
Según detalló Scalise, el desarrollo contará con 8.000 metros cuadrados de oficinas, que se construirán en tres etapas, y apunta a ofrecer una alternativa complementaria a la oferta existente en la zona. La propuesta combina así una amplia gama de amenities, integrados al proyecto urbano, además de espacios de contacto con la naturaleza y el aire libre.
El ejecutivo explicó que un módulo promedio de oficinas en Punta del Este ronda los 45 metros cuadrados y que la propuesta de Distrito 52 apunta tanto a la venta como al alquiler de estos espacios. En ese sentido, estimó que el precio de lanzamiento para un módulo de ese tamaño se ubicará en torno a los US$ 195.000.
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“Vamos a apostar tanto a la renta como a la venta, aunque creemos que vamos a vender más de lo que vamos a alquilar”, señaló, y adelantó que la entrega del proyecto está prevista para 2027. En cuanto a los valores de alquiler, indicó que se ubican alrededor de los US$ 23 por metro cuadrado por mes, lo que representa un monto cercano a los US$ 1.000 mensuales por unidad.
El público objetivo del desarrollo se compone por empresas que no tienen tan clara la necesidad de las exoneraciones fiscales, por ejemplo compañías que no transaccionan con el exterior en términos de servicios, o firmas tecnológicas que ya tienen exoneraciones propias del rubro, así como empresas medianas y de servicios generales, dedicadas a las distintas industrias que hay en el departamento, fundamentalmente de construcción y de turismo.
Desde coworks hasta clubes de negocio: la otra cara del mercado de oficinas
Más allá del desarrollo tradicional del mercado de oficinas, la península comenzó a incorporar una oferta cada vez más diversa de espacios de coworking y otras opciones alternativas atendiendo a nuevas dinámicas de trabajo. En este ecosistema por ejemplo aparecen propuestas como CoWorkers, Sinergia y otros espacios locales de cowork, que ofrecen desde pases por hora hasta membresías mensuales, con valores que parten desde los US$ 8 por hora, según el tipo de acceso, los servicios incluidos y la ubicación.
Este formato se consolida así como una alternativa flexible frente a la oficina tradicional, especialmente en una zona atravesada por la estacionalidad y por modelos de trabajo híbridos y remotos.
A esto se suman propuestas impulsadas por empresas que buscan acompañar el flujo estacional del balneario con espacios de trabajo temporales para sus comunidades. En ese marco se inscribe por ejemplo Casa Itaú, un espacio que durante el verano combina áreas de coworking, servicios complementarios y una lógica de uso flexible.
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La iniciativa, que el año pasado registró ocupación plena durante toda la temporada, amplió este año su infraestructura con nuevos puestos de trabajo y una sala de reuniones de uso reservado, en respuesta a una demanda creciente.
En paralelo, el mercado empieza a incorporar también otros formatos alternativos y de mayor exclusividad, como los clubes de negocios que funcionan bajo un esquema de membresía, entre los que destaca Casa Manantial.