En Colombia el lanzamiento está previsto para un plazo de entre dos semanas y un mes. En Argentina y Perú el despliegue está proyectado para el próximo trimestre.
Qué es un agente y qué es un pago agéntico
Un agente es un programa de inteligencia artificial que no se queda esperando órdenes paso a paso: se le dice qué se quiere y él lo resuelve. Un chatbot responde; un agente busca, elige y hace.
Un pago agéntico es cuando ese agente además paga. Para Behrend alcanza con que un agente participe en la operación. Otros en la industria son más estrictos y usan el término solo cuando un agente le paga a otro, sin ninguna persona en el medio. "Nosotros no vemos esa visión", dijo.
El permiso no se pide en el momento de la compra: se da antes, una sola vez, y con límites. El usuario define cuánta plata puede gastar el agente, en qué comercios y para qué. A partir de ahí el agente opera dentro de esa caja y no necesita volver a preguntar.
Cómo funciona, paso a paso
Primero, el usuario entra a una wallet, que es la aplicación donde carga sus tarjetas, igual que en cualquier billetera digital. Ahí adentro, además, crea sus agentes.
En segundo lugar, le arma el mandato, que es la habilitación que le permite a ese agente usar la tarjeta de manera autónoma. "Se le dio un instrumento de pago tokenizado, que es la tarjeta, y se le dijo: agente, vos tenés este instrumento para hacer compras en estos comercios por determinados montos".
Tokenizado significa que el agente nunca recibe el número real de la tarjeta, sino un código que lo reemplaza y que solo sirve bajo esas condiciones. Son tres definiciones del usuario: qué tarjeta, qué comercios y qué tope. "Le decís, por ejemplo: Visa, el monto, McDonald's".
El tercer paso, significa que al vincular el agente con el mandato se valida la identidad del usuario, el paso que blinda el sistema contra fraudes. El vínculo queda atado a esa persona: no alcanza con tener el agente para poder usar la tarjeta.
Lo último es que el usuario le habla. Acá cambia el papel de la interfaz, el modo en que se concreta el pago: ya no es una sola app. "Ese agente puede estar publicado por WhatsApp, por Telegram, por voz en el POS, por donde sea", dijo Behrend.
¿Cómo funciona el pago por voz? La transacción se resuelve de forma casi invisible mediante el reconocimiento biométrico y una simple confirmación oral: "Vas a ir a un comercio, van a pasar en la caja los tres artículos, te va a detectar el propio POS la voz y, porque detectó la voz, ya va a saber quién tiene que pagar. Entonces te va a preguntar: '¿Querés pagar?' 'Sí'. Pagué", detalló el especialista. Con este esquema, el cobro se ejecuta de manera instantánea y sin contacto físico, una modalidad que, según proyectó Behrend, "se va a venir mucho más rápido". El agente también puede operar sin consultar nada. "Ni siquiera me preguntes a mí, haceme la compra de la semana, porque yo te estoy pidiendo que me hagas la compra de la semana", planteó Behrend.
Ese mismo esquema habilita compras que quedan corriendo en segundo plano. Un asistente de inteligencia artificial al que se le pide un vuelo a Madrid por hasta US$ 600 un fin de semana de verano puede rastrear precios durante días y comprar solo cuando aparezca uno que encaje.
Y explica la escena del auto: la persona dice que tiene hambre, el agente le recomienda un lugar, paga por ella y el pedido queda listo para retirar. Behrend estimó que esto "va a pasar en los próximos 2 o 3 años, va a ser más el presente que lo que va a pasar".
Las cuatro capas de seguridad
Como base, Akua cumple con normativas estándar del sector y trabaja sobre Amazon Bedrock Agent Core, un consorcio global en el que hay solamente 20 compañías en el mundo. Es una plataforma de infraestructura totalmente administrada de AWS diseñada para construir, implementar y operar agentes de inteligencia artificial a escala empresarial.
Encima corren cuatro capas. La primera es un guardrail. ¿Qué significa? "Un LLM le habla a otro LLM y le dice: che, esto que estás haciendo, ¿está bien o está mal?". Es decir, un segundo programa que audita al primero. Behrend admitió que ese control "es bastante baipaseable", que se lo puede esquivar.
Por eso la segunda son reglas fijas. "¿Cómo lo podés controlar? Con políticas duras: che, vos no podés hacer esto, esto y esto". Acá no hay evaluación de por medio: la operación queda bloqueada sin más.
La tercera es la segmentación de la identidad. "Vos tenés tus instrumentos de pago, que eso no se pueda modificar y que sea solamente tu pedido, que vino con ese token de seguridad". La cuarta es ciberseguridad común: "proteger y segregar la información".
Queda un riesgo propio de pagar hablando: hoy, con unos pocos segundos de audio de cualquier persona, un programa de inteligencia artificial puede imitar su voz con bastante precisión. Si la voz sirve para pagar, la pregunta es obvia: ¿qué pasa si alguien la copia?
Behrend admitió a El Observador que clonar una voz "puede llegar a pasar". Su respuesta es que la voz sola nunca alcanza. Funciona como la llave de tu casa: aunque alguien logre copiarla, esa llave abre una sola puerta y no sirve en ninguna otra.
Esa puerta única es el mandato. Como el usuario definió de antemano cuánta plata se puede gastar, en qué locales y con qué tarjeta, una voz copiada choca contra ese límite. "No es que me van a poder clonar mi voz e ir a un comercio en otro país donde yo no lo estoy aprobando", explicó.
El segundo filtro es el mecanismo de validación, que confirma que quien está hablando es realmente el titular. Uno de los que Akua está implementando es una clave dinámica: una palabra que el sistema le entrega al usuario y que va cambiando.
Es la misma lógica del código que manda el banco por SMS cuando se compra por internet, pero dicha en voz alta. "Yo, por ejemplo, una vez por día o cuando vos me lo vas pidiendo, te genero una palabra clave, tipo, no sé, mariposa", ejemplificó Behrend.
En el mostrador el flujo sería este: se pasan los artículos por caja, el POS reconoce la voz del cliente y le pregunta si confirma el pago. La persona dice que sí, después dice mariposa y la compra queda hecha. La palabra se puede rotar cuando el usuario quiera.
La otra alternativa es sacar la confirmación del local y llevarla al celular. El POS dispara una notificación push, por WhatsApp o a la aplicación, y la persona aprueba con Face ID, el mismo reconocimiento facial con el que hoy se desbloquea el teléfono.
Cuánto de todo esto se activa lo decide el usuario, según cuánta fricción —cuántos pasos extra— quiera tener al momento de pagar. Puede pedir que con su voz alcance y no le pregunten nada más, aunque eso implique asumir un riesgo mayor.
Akua tiene hoy 70 empleados y se compara, según Behrend, con empresas de entre 300 y 5.000 personas. El 100% de su código está hecho con inteligencia artificial, que además corre en procesos internos como la reconciliación financiera, la gestión de contracargos y las reglas de prevención de fraude.